Las historias mínimas del Carrusel de la Vendimia
A la 9 comenzó el Carrusel de la Vendimia en los portones del Parque San Martín. Esta noche no hay Acto Central.
Coronas, carros y niños le dieron color al Carrusel de la Vendimia.
Manu MenaEl Carrusel de la Vendimia comenzó a las 9 en una mañana nublada y fue el único evento del calendario oficial de la jornada porque el Acto Central se reprogramó por mal tiempo y pasó para el domingo a la noche.
El color del Carrusel en una mañana nublada
A diferencia de la Vía Blanca, el Carrusel cuenta con la participación de agrupaciones gauchas, centros tradicionalistas, colectividades, caporales, murgas, reinas invitadas e instituciones. Además, las 18 representantes departamentales desfilaron ante el público en carros alegóricos especialmente diseñados y ornamentados para destacar la identidad de cada rincón de la provincia.
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El Carrusel partó desde los Portones del Parque General San Martín, se dirigió hacia el Este por Emilio Civit hasta la plaza Independencia; allí dobló hacia el norte por Chile hasta Las Heras; para continuar por San Martín hacia el sur y, al llegar a Colón, se produjo la desconcentración.
Las historias del Carrusel
El Carrusel de la Vendimia volvió a demostrar que no es solo un desfile, sino también una gran reunión popular que comienza mucho antes de que pasen los carros. Desde temprano, cientos de mendocinos y turistas ocuparon veredas y espacios estratégicos del recorrido con reposeras, mesas plegables, conservadoras y canastos improvisados.
Familias enteras se acomodaron para pasar la mañana entre mates, sándwiches y charlas, mientras los más chicos se subían a los hombros de los adultos para ver mejor. Muchos también llegaron con el clásico “canasto” hecho con un balde o bidón atado a un palo, listo para intentar atrapar alguna fruta o recuerdo que arrojen las reinas durante el desfile. La escena se repetía a lo largo de todo el recorrido: gente mayor, jóvenes y niños compartiendo el ritual vendimial, algunos desde la vereda o la calle y otros desde los balcones de la avenida Emilio Civit o las mesas de los restaurantes de calle Sarmiento.
Entre quienes llegaron temprano estaba Selva, una mujer mayor que, fiel a la tradición, volvió a instalarse en su lugar de siempre: Emilio Civit entre Granaderos y Martínez de Rozas. Llegó junto a su hijo y su nieta con reposeras y un canasto armado con un bidón y un palo. Desde allí esperaban con paciencia el paso del carrusel y la posibilidad de atrapar alguna fruta o regalo lanzado desde los carros.
A pocos metros también se encontraba la pareja de Camilo y Teresa, que regresó al Carrusel después de tres años. Con reposeras, unos sanguchitos y el mate listo, se acomodaron sobre la vereda para disfrutar del desfile. Pero para Teresa la jornada tenía una sorpresa especial: cuando llegaron, Camilo le reveló que su hijo participaría del carrusel tocando la guitarra con una agrupación gaucha. Al recordarlo, la emoción todavía le humedecía los ojos.
Entre las agrupaciones tradicionales también surgían historias particulares. Una de las más llamativas fue la de Priscila e Isabela, que desfilaban a caballo con la agrupación del Algarrobo Histórico de Lavalle. A la par caminaba Alexander, padre de Isabela y pareja de Priscila, que acompañaba el recorrido empujando el cochecito y cargando una mochila con lo necesario para ellas. Una escena simple que resumía una pequeña historia familiar en medio de la celebración.
Otro detalle que sorprendió fue la gran cantidad de niños muy pequeños que participaron montados en caballos y ponys dentro de las agrupaciones gauchas. Entre ellos estuvo Alba, de apenas dos años, que desfiló montando junto a la agrupación San Miguel Arcángel, despertando sonrisas y aplausos entre el público.
Entre los espectadores también se destacaba Betty, una mujer que prefiere no revelar su edad, pero que asegura haber estado presente en cada Vendimia. Con corona incluida, se presentaba orgullosa como “reina” de la fiesta popular y contaba que nunca se perdió un carrusel. Este sábado llegó acompañada por Walter, Pía y hasta su perrito, decidida a repetir un ritual que, para ella, es parte inseparable de la historia mendocina.
























