La tragedia de Nepal puede repetirse en la Cordillera: qué dicen los especialistas
Especialistas analizan el riesgo de un vaciamiento repentino del lago Torre en la Patagonia y explican por qué el escenario es diferente al de Nepal.
Tras la tragedia en Napal, un especialista explicó que podía suceder en El Chaltén.
La devastadora avalancha que golpeó el norte de Nepal provocó inundaciones de una magnitud inédita y dejó, hasta el momento, al menos 1.114 muertos y más de 3.900 desaparecidos. La tragedia se originó tras el colapso del frente de un glaciar ubicado a unos 5.000 metros de altura y encendió las alertas en Argentina por los riesgos asociados con el retroceso del hielo en la Patagonia.
Las imágenes volvieron a poner el foco sobre El Chaltén, donde desde hace años los especialistas estudian la posibilidad de que se produzca un GLOF, es decir, el vaciamiento súbito de un lago ubicado delante de un glaciar.
Aunque ambos escenarios están vinculados con ambientes glaciares y podrían generar inundaciones repentinas, el doctor Diego Winocur, profesor e investigador del Departamento de Ciencias Geológicas de la UBA, enfatizó que se trata de procesos diferentes y pidió no trasladar automáticamente la magnitud de la tragedia de Nepal a la localidad santacruceña.
Qué podría ocurrir en El Chaltén
El Chaltén se encuentra en los Andes Patagónicos Australes, a orillas del río Fitz Roy. Este curso de agua nace en el lago proglacial Torre, ubicado aproximadamente siete kilómetros al oeste de la localidad y contenido por una morena: una acumulación natural de sedimentos depositados cuando el Glaciar Torre alcanzaba esa posición.
“El Glaciar Torre tiene por delante un lago que está contenido por morenas, que son los depósitos de cuando antiguamente el glaciar llegaba hasta esa posición. Esa morena hace de dique de contención natural del lago”, explicó Winocur. Desde uno de sus extremos nace el río Fitz Roy, que atraviesa El Chaltén y pasa por debajo del puente utilizado para ingresar a la localidad desde El Calafate.
Desde 2015, los investigadores observan que el retroceso del glaciar provocó una desestabilización progresiva de la ladera del Cerro Solo. Al retirarse y perder espesor, el hielo que funcionaba como soporte dejó de contenerla y esta comenzó a desplazarse. Ese movimiento, inicialmente de centímetros o decímetros por año, se habría acelerado durante los últimos años.
“El glaciar se va retirando, se va derritiendo y adelgazando lentamente, pero esto se acrecentó recientemente. En los últimos cinco o seis años retrocedió muy rápido y dejó de contener las laderas del valle”, detalló el especialista. En ese sentido, explicó que, al disminuir el volumen del hielo, las montañas ubicadas a ambos lados comenzaron a “relajarse” y a perder parte del soporte que tenían.
La atención está puesta particularmente sobre una gran porción de la ladera del Cerro Solo que continúa desplazándose. “Se está moviendo lentamente. Inicialmente podían ser centímetros o decímetros por año, pero lo que estamos viendo es que ese movimiento aumentó a partir del retroceso del glaciar”, advirtió Winocur.
El riesgo aparece ante la posibilidad de que esa masa deje de descender de manera paulatina y se desprenda abruptamente sobre el lago Torre. “Lo que creemos que puede suceder es que se desenganche, se deslice de golpe y que todo ese volumen de roca, bosque, material morénico, piedras y lodo caiga hacia el lago”, señaló.
El impacto elevaría rápidamente el nivel del agua y generaría una ola capaz de superar la morena que contiene el lago. “Podría sobrepasar ese dique natural, erosionarlo o romper una parte del nacimiento del río Fitz Roy. Eso generaría que el lago se desagotara parcialmente y, por lo tanto, aumentaran el caudal, la velocidad y la cantidad de agua del río”, explicó.
La crecida avanzaría aguas abajo en dirección a El Chaltén y podría alcanzar principalmente los sectores ubicados junto al cauce. “Por la altura, la velocidad y todo el material involucrado, podría llegar a la localidad e inundar algunas de las partes que están mayormente cercanas al río”, indicó. También podrían verse comprometidas las infraestructuras próximas y el puente que conecta al pueblo.
Los 40 minutos que podrían resultar decisivos
Un modelo hidrodinámico realizado por la geóloga y becaria doctoral del Conicet Daniela Schmidt estimó que, una vez iniciado el vaciamiento, la crecida tardaría aproximadamente 40 minutos en llegar hasta El Chaltén. Ese margen podría resultar determinante para reducir los daños y poner a resguardo tanto a los habitantes como a los miles de turistas que recorren la zona.
“Si tenemos un sensor en el lago y otro en el río para determinar si bajó el nivel del agua y aumentó repentinamente el caudal, tenemos 40 minutos para alertar a la población”, explicó Winocur. De esta manera, cada persona podría saber cómo actuar y hacia dónde dirigirse antes de que la inundación alcanzara el área urbana.
Por ese motivo, los investigadores proponen instalar cámaras y sensores para monitorear en tiempo real el movimiento de la ladera, establecer umbrales de riesgo y desarrollar un sistema de alerta temprana acompañado por protocolos de evacuación y contingencia. “Eso permitiría mitigar el impacto, disminuir los destrozos, salvar vidas y bienes, y organizar a la localidad frente a lo que puede ocurrir”, afirmó.
El geólogo señaló que el equipo mantiene contacto con las autoridades municipales, Parques Nacionales, Defensa Civil, Bomberos, la Policía y distintas organizaciones de la localidad. “No buscamos generar miedo, sino conocimiento sobre la amenaza existente para poder actuar en consecuencia”, sostuvo. Para avanzar, advirtió, será necesaria una inversión que permita instalar el equipamiento y sostener un seguimiento permanente de la zona.
Por qué el escenario de Nepal es diferente
En Nepal, el desastre comenzó con el colapso del frente de un glaciar situado a unos 5.000 metros sobre el nivel del mar. La enorme masa de hielo cayó cerca de 1.500 metros hasta el fondo de un valle, donde el impacto generó una vibración superficial que inicialmente llegó a ser interpretada como un sismo. El hielo fragmentado y el agua resultante se mezclaron con rocas, árboles y sedimentos hasta formar un flujo devastador.
La pronunciada pendiente y la estrechez del valle favorecieron que la masa alcanzara velocidades superiores a los 100 metros por segundo y generara olas de entre ocho y doce metros en algunos sectores. “Arrasó con los pueblos que estaban aguas abajo y llegó a lugares muy elevados respecto del fondo del valle, donde generalmente se construye”, describió Winocur.
En El Chaltén, en cambio, no existe un frente glaciar que pueda precipitarse desde semejante altura. El Glaciar Torre desemboca en un lago, mientras que los valles son más amplios y presentan una pendiente mucho menor. “No es el mismo proceso: sería más lento y, ante una inundación, el agua tendría mayor espacio para expandirse”, diferenció el investigador.
“Queremos bajar el grado de tensión, alerta y miedo porque las condiciones son diferentes”, concluyó Winocur. Al mismo tiempo, insistió en que la prevención, el monitoreo y la preparación comunitaria son las herramientas fundamentales para convivir de manera segura con un paisaje glacial que continúa cambiando.