La "Reina de los cementerios" llega para hablar de la vida creativa

Catalina Velásquez Parra es una arquitecta colombiana que, paradojas del oficio, encontró su nicho profesional en la recuperación patrimonial de los cementerios. Su experiencia en el histórico camposanto de Medellín, que gracias a su labor terminó convertido en un "museo de sitio", la catapultó como referente mundial del tema. El 24 de abril estará en Mendoza como parte del IV Encuentro de Industrias Creativas-Comecoco 2019, donde hablará de la creatividad como elemento clave para todo emprendedor.

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Rubén Valle

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"Mi historia de vida es una historia de muerte", dice Catalina Velásquez Parra (45) en algún momento de la charla con MDZ y con esa frase la famosa "Reina de los cementerios" sintetiza tanto su derrotero personal como su trayectoria profesional.

Lejos de dramatizar, la reconocida arquitecta colombiana repasa su trayectoria y explica con referencias propias de una sociedad violenta (la de una Medellín copada por la violencia de la guerrilla y el narcotráfico), cómo era casi imposible sustraerse de la muerte y su impacto en la vida cotidiana.

A partir del trabajo de rescate patrimonial que realizó en el Cementerio de San Pedro, construido en 1842 en su Medellín natal, comenzó un periplo profesional que hoy la tiene como referente a escala mundial. Precisamente por esos laureles acumulados es que fue convocada para ser uno de los platos fuertes del IV Encuentro de Industrias Creativas-Comecoco2019, que tendrá lugar en el centro cultural Julio Le Parc del 24 al 27 de abril.

Antes de su llegada a Mendoza, la profesional cuenta aquí cómo a partir de una dolorosa pérdida personal inició su particular vínculo con la muerte y cómo gracias al trabajo realizado en el histórico camposanto de Medellín desarrolló un modelo válido para encarar otro tipo de experiencias patrimoniales. 

CATALINA, EN EL CEMENTERIO INGLÉS. / FOTO: TIBERIO MURCIA GODOY

-Te presentan como la "Reina de los cementerios", una calificación que por cierto intimida o al menos genera curiosidad. ¿Cuándo se inicia tu vínculo con la temática de la muerte y sus distintas expresiones al punto de ganarte ese mote?

-Lo importante de esa presentación, que además me gusta mucho porque bien merecida está, se da por lo  hecho a través de mi vida profesional que es encargarme de recuperar cementerios patrimoniales. Y claramente el proyecto liderado en el cementerio de San Pedro, en Medellín, se convirtió en modelo de recuperación de cementerios patrimoniales, no sólo en América e Iberoamérica sino también en otros continentes. Es una experiencia que se ha convertido en un referente de recuperación de espacios de valor patrimonial. Lo de la "Reina de los cementerios" se lo debo a Luis Repetto Málaga, quien en su momento era el presidente del Consejo Internacional de Museos para América Latina y el Caribe. Y cuando esta experiencia empieza a reproducirse por el mundo, es en Perú donde me empiezan a presentar así. Yo soy arquitecta y mi trabajo con los cementerios empieza por mi pasión por el patrimonio cultural. Pero después de estar mucho tiempo con la recuperación del cementerio de San Pedro entendí que mi relación con los cementerios se debía a la necesidad de elaborar mi propio duelo y entender la muerte.

Soy víctima de la violencia y el conflicto armado en Colombia. A mi hermano lo mata la guerrilla cuando tenía 23 años. Lo fusilaron. Claramente este acontecimiento cambia mi existencia. Mi historia de vida es una historia de muerte".

-Rescatar esos cementerios históricos caídos en el olvido, ¿fue una iniciativa propia o te convocaron para esa tarea?

-No es casualidad que yo llegue a los cementerios y proponga una ruta de intervención para recuperarlos. En un primer momento, por el hecho de vivir en "la ciudad más violenta del mundo", que fue el título que tuvo en su momento Medellín, estaban muy lejos de proponer procesos de restauración rigurosa y de conservación del hecho físico. En 1996, cuando empieza este proceso, mi objetivo fue hacer de este cementerio un espacio de resistencia, de protesta, de diálogo, para que la ciudad y los habitantes entendieran por qué nos estábamos matando.

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-¿Cuál es tu relación personal con la muerte? ¿Te desvela o la considerás un mero paso hacia otra etapa?

-Mi relación con la muerte es mi relación de existencia. De sobrevivencia y de supervivencia, porque todavía vivo en una amenaza latente y mi existencia aún está condicionada por el trabajo que desarrollo al ser coordinadora en la entidad de víctimas para la cual trabajo. No hablo sólo de mis muertos, sino los muertos de este país, y los procesos de reparación simbólica de todos lo que como yo padecemos esta violencia. Representamos el 20% de los habitantes del territorio nacional.

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-Decís: "Los muertos son un archivo permanente para saber qué fuimos, qué somos y, con seguridad, qué seguiremos siendo”. ¿Por eso planteás que un cementerio puede ser un "museo de sitio", como el de San Pedro ?

-El cadáver es un documento, por tanto los cementerios -y los muertos que hay enterrados en ellos- nos permiten hacer los relatos de cuáles eran las condiciones sociales, políticas, económicas, culturales, de un territorio. Esa mirada de entender a los muertos como archivos me lleva a hacer una valoración importante de los cementerios y el por qué de sus procesos, no sólo de conservación y restauración. Sobre todo, en casos como el del cementerio de San Pedro, que son fundamentales para una sociedad. Sin embargo, no es esta lectura la que me lleva a asociar que si los muertos son el archivo pues entonces hay que convertir el cementerio en museo. Es algo más profundo. Yo necesitaba poder abordar prácticas culturales distintas a las del dolor y la tragedia en Medellín. Necesitaba utilizar los lenguajes tradicionales y no tradicionales del arte. Los que surgieran en ese cementerio. Por eso lo que siempre considero importante en un proceso de recuperación de un espacio es cuál es el enfoque para definir táctica y estrategia. Reconocer el cementerio de San Pedro como museo de sitio era la estrategia. Y el enfoque era cambiar el lenguaje, la necesidad de comunicarle a la ciudad que éramos capaces de dialogar en medio del dolor y la tragedia.

Es imposible hablar de la muerte si no se habla de la vida. Necesitaba hablar de la vida desde el espacio de la muerte. No sólo busco una protección para la obra arquitectónica".

Es una arquitectura contextual, no una arquitectura monumental, pero también el declararlo museo era generarle un marco normativo que me permitiera darle sostenibilidad a la estrategia. Esto fue acompañado de una declaratoria, no como patrimonio de la ciudad de Medellín sino como patrimonio de la Nación, porque también con esto estaban definiendo las líneas de recursos económicos con políticas claras. Y eso se traduce en fuentes de recursos de todo tipo, económicos, técnicos, administrativos, cognitivos.

-En Colombia has trabajado en la recuperación de cementerios como parte de su patrimonio cultural. ¿Lo has hecho también en otros países? ¿En qué consiste tu participación en esos casos?

-El trabajo de recuperación de cementerios en Colombia empieza en la ciudad de Medellín. Se convierte en un modelo porque el Ministerio de Cultura lo reconoce como un gran proceso de recuperación de espacios de valor patrimonial. Este proyecto gana el premio Colombo Francés en patrimonio cultural y me voy a la Unesco a presentarlo. También dentro del proyecto, creo la Red Andina de valoración y gestión de cementerios patrimoniales. El cual luego se convierte en una red iberoamericana. Esto implica que logramos impactar durante 17 años de manera ininterrumpida en la recuperación de estos espacios. Hay un encuentro anual de esta red donde hacemos transferencia de conocimientos, de la que participan investigadores de varios países. Esto ha permitido tener incidencia en otros cementerios, teniendo en claro que no existen fórmulas preestablecidas. Ese es el peor error cuando un proyecto como este se pretende implantar en un otro territorio. No hay modelos que se puedan transportar de un lugar a otro. La muerte varía de un territorio a otro porque es un asunto cultural. Entonces lo que funcionó en Medellín no podrá funcionar, por ejemplo, para Mendoza. Podrán adaptarse algunas cosas, pero no todo.

La muerte y la mirada acerca de la muerte, y las prácticas culturales sobre la muerte, hay que trabajarlas desde el espacio territorial en el que se va a incidir en ella. La propuesta que hice en Colombia es una idea que ha impactado en diferentes cementerios de América y Europa".

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-Has trabajado en áreas de gobierno y desarrollo, turismo, marketing territorial, cooperación, financiamiento y acción exterior y gestión cultural. ¿En qué proyecto laboral lograste sintetizar un perfil tan amplio?

-Como funcionaria pública logré unir estas distintas especialidades. Actualmente soy la coordinadora de Enfoque Diferencial de Prosperidad Social. Además, en esta entidad, que es la que se encarga de la superación de la pobreza en el país, coordino el tema de víctimas. Tenemos un marco normativo bastante amplio para la reparación integral de las víctimas. Entonces son combinaciones que se hacen de todos estos saberes, pero fundamentalmente lo que hago desde hace muchos años es política pública, desde donde desarrollo todo ese conocimiento de las distintas áreas.

-¿Cuál es la clave para recuperar un espacio patrimonial? ¿Qué buscás prioritariamente?

-Lo que busco es devolverle los espacios a quienes le pertenecen. Por lo tanto de lo que me encargo es de hacer políticas para la gente. Porque es en lo que creo. El patrimonio no tiene ningún sentido si no existe apropiación del mismo, y eso lo hace la gente. Los espacios se mueren cuando nadie los habita, cuando nadie los disfruta o padece. No habrá desarrollo creativo para el patrimonio si no le devolvemos ese patrimonio a la gente. Esta debe entender que no invertimos en la reparación de la pared, la fachada, la pintura, sino en las consecuencias que genera recuperar esos espacios para que sea vivido, apropiado. Las inversiones son para recuperar esas historias, los espacios para construir ciudadanía, para que se desarrolle creativamente ese espacio.

El patrimonio consiste en cómo somos capaces de construir nuevas narrativas con escenarios que cuentan múltiples historias. Hoy no hay nada más contemporáneo que una mirada moderna hacia el pasado".

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-Desde hace unos años, por lo menos en nuestro país, fueron multiplicándose los cementerios parque como un concepto más natural, menos tétrico y ominoso, que los predios convencionales. ¿Se pierde algo más que lo arquitectónico o también se gana?

-Es que el concepto de la muerte también va mutando. Antes el cementerio era un espacio para estar eternamente y ahora la práctica es distinta. Cada vez más las decisiones de las personas en el mundo entero llevan a esa transformación de los cuerpos que habitamos. Por eso, las ofertas hoy están en que tus cenizas sean diamantes o semillas para construir bosques. Esto también es una industria cultural que va a la vanguardia de la demanda de los seres humanos. Si bien todavía hay espacios para lo tradicional, el mercado también incita a ese llamado sobre lo inexplorado y sobre esas otras posibilidades en qué quieres convertir el cuerpo que habitaste, desde lo más cotidiano a lo más exótico. Son las maneras de cómo permanecer y cómo quieres que te recuerden. Por eso aparecen esas múltiples propuestas de espacios y ritos.

-Como funcionaria pública, ¿cuál es tu prioridad a la hora de planificar?

-Cuando planifico me muevo en un tema prioritario. El tiempo de la planificación no es la inmediatez. Y si no eres capaz de proyectar políticas públicas con acciones inmediatas que generen grandes victorias, porque lo público así lo requiere, esa política pública no trasciende los tiempos administrativos. Para eso se requiere estrategia. No podemos pensar en los tiempos administrativos porque hay que hacer políticas para la gente. En cuatro o seis años de gestión no se logra transformar realmente la vida de nadie con una política pública. Lo primero es cómo instalas procesos, no proyectos. Por ende, cómo diseñas y planeas, no para la inmediatez sino para el futuro deseado. Ahí es donde solemos equivocarnos en el ejercicio de la política pública.

-¿Cuál será tu rol en el "Comecoco 2019"? ¿En qué hará foco tu exposición?

-Mi rol será hablar de creatividad. Y desmitificar esos condicionamientos que tienen los emprendedores culturales a la hora de emprender. Es demostrar, con un caso de estudio, que la adversidad es una oportunidad, pero que también hay que tener rigor en la investigación. Los recursos que la cultura le otorga a la investigación son muy bajos, por eso no somos estratégicos ni efectivos. Somos del sector de la creatividad, pero puestos a resolver nuestros emprendimientos la creatividad no aparece y lo que creamos es más de lo mismo. No identificar las ventajas competitivas ni los factores diferenciados nos lleva a no ser competitivos. Y no somos competitivos porque no somos rigurosos en los procesos investigativos.

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-En cada lugar que visitás, ¿es parte de tu agenda ir a conocer el cementerio más antiguo o más representativo del lugar?

-Indiscutiblemente, si no conozco el cementerio, que es el lugar de la muerte, y la plaza de mercado -o su equivalente- no soy capaz de leer una ciudad. Las ciudades las leo a través de sus cementerios, donde está la muerte. Y de los mercados, donde está la vida. Cuando llegue a Mendoza visitaré su cementerio tradicional para entender un poco esa ciudad. Además de alimentar mi espíritu, es mi práctica cotidiana como investigadora de la muerte y sus espacios. Estos espacios me generan todas las pasiones. Soy capaz de encontrar belleza donde la gente no la ve. Eduqué mis ojos para mirar más allá de lo que la cotidianidad del mundo ve. Literalmente ver lo del más allá.

-¿Sos de esas personas que ya tiene pensado su propio epitafio, un arte que por cierto se ha ido perdiendo?

-No renuncio a un título que me gusta mucho: "Aquí yace la Reina de los cementerios. Rica, famosa y extravagante". Creo que eso me describe bastante bien. Y quienes me conocieron en esta existencia, cuando estén frente a mi tumba lo único que tendrán que hacer es asentir porque así quise pasar esta vida. Teniendo la claridad de que intento morirme cuantas veces lo necesito. No creo en una muerte única y final; creo en la desaparición de este cuerpo, pero no de mi ser. Entonces hay espacio para muchas muertes.

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#Vida & obra

  • Catalina Velásquez Parra nació en Medellín, Colombia, el 21 de julio de 1973. Arquitecta, líder en el diseño e implementación de soluciones, herramientas y políticas para el desarrollo territorial, en ámbitos locales y regionales. Actual coordinadora de Enfoque Diferencial de Prosperidad Social. Investigadora en diferentes áreas del conocimiento y docente de cátedras universitarias en América Latina y Europa. Consultora en planificación de procesos para la transformación y gestión del patrimonio cultural, con amplios conocimientos en gestión cultural, con experiencia en la formulación estratégica de proyectos para la cooperación local, regional e internacional en campos como el turismo y la cultura. Fue directora de la Red Turística de Pueblos Patrimonio de Colombia.

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