La Mendoza que no conocemos: el proyecto que rescata las historias de los pueblos rurales
Una página web es el producto de un trabajo de 20 años sobre Mendoza y sus zonas rurales a través de las voces de sus protagonistas.
La Mendoza que no conocemos.
Una antropóloga lleva dos décadas recorriendo los pueblos y la zona rural de la provincia y creó “Mendoza Diversa”, una plataforma que reúne historias de vida, fotografías, patrimonio, paisajes y lugares que los propios vecinos consideran valiosos. Lavalle, Las Catitas y Desaguadero son parte de esta primera etapa.
Hay una Mendoza que aparece poco en los libros, casi nada en los grandes circuitos turísticos y que, según la antropóloga e investigadora del Conicet Leticia Katzer, tampoco suele ser suficientemente conocida por quienes toman decisiones sobre la provincia. Es la Mendoza rural: la de los caminos de ripio y las huellas, las casonas antiguas, los almacenes de ramos generales, las canchas de bochas, las historias transmitidas de generación en generación y los vecinos que todavía guardan en sus casas fotografías y documentos de otras épocas.
Desde hace unos 20 años, Katzer recorre esos territorios. Ahora buena parte de ese trabajo colectivo quedó reunido en Mendoza Diversa, un proyecto de investigación y vinculación que busca producir material de divulgación sobre los pueblos rurales de la provincia a partir de la mirada de quienes viven allí.
La propuesta no consiste solamente en relevar lugares. La idea es preguntarles a los propios habitantes qué consideran significativo de su comunidad y, a partir de allí, registrar recursos ambientales, históricos, culturales y productivos.
“Tenemos una Mendoza que es preciosa, donde hay mucha diversidad en la diversidad y ruralidades dentro de la ruralidad”, explicó Katzer durante una entrevista con MDZ Radio, en el programa After Office.Para la antropóloga, recorrer esos territorios requiere mucho más que llegar con una cámara o una libreta. Hay que caminar, escuchar y construir vínculos.
“Para uno a veces acceder a esos mundos diversos pone mucho en juego la sensibilidad. ¿Cómo sentimos los lugares? ¿Cómo los percibimos? ¿Cómo los registramos?”, señaló.
Y también hay una dificultad concreta: muchos de esos sitios están lejos de los centros urbanos, con caminos de arena, ripio o huella y, en algunos casos, sin servicios básicos. Pero detrás de esas dificultades aparece un patrimonio que, advierte Katzer, corre el riesgo de perderse si no se lo identifica y pone en valor.
Una historia que no nos contaron
El trabajo comenzó en Lavalle, particularmente en la zona conocida como el campo o el secano, a partir de una investigación vinculada con comunidades originarias. Katzer comenzó ese recorrido a fines de 2004 y durante casi 17 años concentró allí buena parte de su trabajo.
Con el tiempo surgió una nueva pregunta: ¿qué pasaría si la historia de un departamento pudiera ser contada por sus propios habitantes?
Así nació inicialmente un proyecto que buscaba registrar de manera participativa los distritos de Lavalle y recuperar las historias locales a partir de las voces de quienes viven allí.“La historia de Mendoza que no está en los libros es mucha”, sostuvo Katzer.
La investigadora cuestiona así una mirada histórica que suele concentrarse en grandes procesos y personajes conocidos, mientras deja en segundo plano a quienes construyeron cotidianamente los pueblos.
Porque, para ella, un pueblo también se construye con el trabajo de una persona que abre un almacén, con quien sale a vender en un carro, con una familia que conserva una fotografía o con alguien que durante décadas sostuvo un emprendimiento.
“Cada pueblo en Mendoza lo hace la gente con su trabajo”, resumió. Por eso, para reconstruir esas historias, la investigación se apoya especialmente en la oralidad y la memoria.
Un vecino lleva a otro. Alguien recuerda quién es la persona más antigua del lugar. Esa persona aporta una historia y señala a alguien más. Y así se arma una cadena de testimonios que permite reconstruir una historia que no necesariamente está documentada en archivos oficiales.
Pero muchas veces la documentación aparece igual, solo que está guardada en una casa.“Cada familia tiene su propio museo”, afirmó Katzer. Puede ser una valija, una fotografía, un objeto o un documento que durante décadas fue conservado como parte de la memoria familiar.
La casona de Gustavo André y otros patrimonios desconocidos
Uno de los puntos que más preocupa a Katzer es que existen lugares y personajes con enorme valor histórico que permanecen prácticamente invisibles.
Pone como ejemplo a Gustavo André, fundador del distrito lavallino que lleva su nombre y una figura vinculada también a la agronomía argentina.Su historia, sostiene la investigadora, es prácticamente desconocida para buena parte de los mendocinos.Pero no es el único caso.
En Gustavo André encontró también una antigua casona que funciona como una suerte de cápsula del tiempo. La investigadora llegó hasta allí casi por curiosidad: vio una construcción antigua, con sus aberturas características, y decidió golpear la puerta.
Adentro encontró conservado el antiguo funcionamiento de un almacén de ramos generales, con objetos que permiten reconstruir cómo era la vida cotidiana décadas atrás.
El problema, plantea Katzer, es que esos sitios no necesariamente forman parte de los circuitos turísticos ni cuentan con herramientas para su conservación.
“Hay un montón de otros recursos que forman parte de la diversidad que, si no los identificamos, no los visibilizamos y no colaboramos, se van a ir perdiendo”, advirtió.
Para la antropóloga, incluso el concepto de patrimonio cultural necesita ser ampliado. No debería limitarse a las grandes construcciones o edificios que ya cuentan con algún tipo de reconocimiento formal.
La pregunta es qué ocurre con todo aquello que no tiene una declaratoria, pero que para una comunidad representa parte de su identidad.
Más allá del estereotipo de “el campo”
Otro de los objetivos de Mendoza Diversa es romper con una mirada simplificada sobre la ruralidad.Katzer plantea que existe un estereotipo que contrapone “campo” y “ciudad”, como si dentro de cada categoría existiera una única forma de vivir.
Pero la ruralidad mendocina, sostiene, es mucho más compleja.“Estereotipar la diversidad es no reconocerla y no valorarla”, explicó.Y además hay otra cuestión: las comunidades cambian.
La vida de un pueblo no es idéntica a la de hace 20, 50 o 70 años. Por eso, además de registrar lo que existe actualmente, el proyecto busca recuperar las huellas de lo que estuvo allí y que podría desaparecer si no se documenta.
La investigación incluye espacios naturales, emprendimientos económicos, producción artesanal, bienes culturales, paisajes e historias de vida.
Una forma distinta de medir la riqueza
Durante la entrevista, Katzer también describió otra dimensión de esos territorios que suele quedar fuera de las estadísticas: las formas de sociabilidad.
Habló de las canchas de bochas, construidas muchas veces con elementos mínimos, pero convertidas en espacios centrales de encuentro comunitario.También habló de salir al monte, escuchar los sonidos, percibir los aromas y mirar un cielo que en las ciudades queda oculto por la contaminación lumínica.
“No se necesita dinero, se necesitan los pies”, dijo sobre esas experiencias. La investigadora aclara que eso no significa desconocer las carencias ni las desigualdades de las comunidades rurales. Por el contrario, considera que existen muchas necesidades y dificultades que deberían formar parte de la agenda pública.
Pero sostiene que reducir la mirada sobre esos territorios únicamente a sus déficits también termina siendo una forma de desconocerlos.
Una agenda pendiente para la política
Katzer reconoce que uno de los mayores desafíos ha sido lograr que todo ese conocimiento dialogue con las políticas públicas.
Según explicó, durante años intentó establecer puentes y considera que debería existir una política específica de preservación del patrimonio cultural entendido desde esa diversidad territorial. “Para mí debería haber un presupuesto específico para lo que es preservación de patrimonio cultural”, planteó.
El planteo no se limita a conservar edificios. Incluye paisajes, historias, objetos, prácticas, memorias y espacios que tienen significado para las comunidades.
La apuesta de Mendoza Diversa también tiene una dimensión turística. La intención es contribuir a reposicionar pueblos rurales y generar una agenda de desarrollo que contemple las características propias de cada territorio.
De la tesis doctoral a un proyecto abierto a todos
El proyecto nació vinculado al trabajo académico de Katzer como investigadora del Conicet y a su tesis doctoral en Antropología. Pero desde el comienzo buscó evitar que el conocimiento quedara encerrado en ámbitos universitarios.
“Para mí la ciencia tiene que estar al servicio del pueblo”, afirmó.Por eso, los resultados se presentan en formatos accesibles, con fotografías, historias y publicaciones de libre acceso.
La iniciativa se desarrolla dentro del Grupo Interdisciplinario de Investigaciones y Prácticas de Etnografía Colaborativa (GIIPEC), en el Centro Internacional de Ciencias de la Tierra (ICES) de la Universidad Nacional de Cuyo, y ha contado con apoyos institucionales y privados.
En la actualidad, Katzer también es docente e investigadora de la Universidad del Aconcagua, donde su trabajo se vincula con la carrera de Turismo.
La plataforma Mendoza Diversa reúne parte de este recorrido y permite acceder a las investigaciones, fotografías, historias de vida y publicaciones elaboradas colectivamente.
La primera etapa abarcó distintos puntos de Lavalle y luego el proyecto se extendió a Las Catitas, en Santa Rosa, y Desaguadero, en La Paz.El objetivo ahora es seguir creciendo hacia otros departamentos. Katzer menciona especialmente el deseo de llevar el trabajo hacia el Sur mendocino, aunque reconoce que la continuidad depende de conseguir recursos y apoyos.
Después de dos décadas de caminar la provincia, su conclusión es sencilla: todavía queda mucho por descubrir. Y quizás una de las claves sea dejar de mirar a Mendoza únicamente desde sus grandes ciudades y sus lugares más conocidos.
Porque, como plantea Mendoza Diversa, también hay una provincia escondida en sus pueblos, en sus caminos, en sus casas y, sobre todo, en la memoria de quienes todavía tienen mucho para contar.






