La inteligencia artificial siempre está disponible: qué estamos dejando de ofrecerles a nuestros hijos
La inteligencia artificial ofrece escucha y respuestas inmediatas, pero también obliga a repensar la presencia de los adultos en la vida de los jóvenes.
Vivimos, además, atravesados por la necesidad de resolver rápidamente aquello que nos genera malestar.
Freepik.Son las dos de la mañana y una joven no puede dormir después de discutir con su mejor amiga. Sus padres están al lado, pero no piensa en despertarlos. Tal vez teme incomodarlos, tal vez no se siente suficientemente segura para recurrir a ellos o quizás simplemente no se construyeron los lazos necesarios para que sepa que puede contar con ellos. Proveer y escuchar son dos cosas diferentes: la disponibilidad requiere tiempo, presencia y la sensación de que, cuando algo nos pasa, podemos acudir al otro.
La IA ofrece algo que los vínculos humanos no pueden
La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes. La utilizan para estudiar, resolver dudas, crear imágenes, entretenerse y también para conversar. Su atractivo radica, entre otras cosas, en una disponibilidad permanente: no tiene sueño, no se cansa, responde inmediatamente y parece estar siempre dispuesta a escuchar. Para alguien angustiado o confundido, esa posibilidad puede resultar especialmente seductora. Por eso, más que preguntarnos solamente cómo impedir que nuestros hijos hablen con una máquina, quizás deberíamos preguntarnos qué encuentran allí que no están encontrando en nosotros.
Los vínculos humanos tienen límites. El otro puede estar cansado, ocupado, distraído o incluso no tener una respuesta. Pero justamente en esos vínculos se construye algo fundamental: la confianza en que existe alguien al que podemos acudir cuando el malestar nos desborda. Un adolescente necesita independencia e intimidad, pero también necesita saber que existen adultos capaces de recibir aquello que todavía no puede ordenar por sí mismo. Hablar no es solamente transmitir información: muchas veces es una manera de descubrir qué nos pasa mientras lo contamos.
Aprender que el otro también tiene límites
Vivimos, además, atravesados por la necesidad de resolver rápidamente aquello que nos genera malestar. Cuando nuestros hijos cuentan un problema, muchas veces intentamos ofrecer una solución antes de terminar de escucharlos. Sin embargo, ayudar no siempre significa decir qué hacer. A veces implica permanecer junto al problema, preguntar, tolerar el silencio y aceptar que no tenemos una respuesta inmediata. En ese encuentro también se aprende a reconocer y poner en palabras lo que sentimos.
La IA puede ordenar, explicar, sugerir y producir respuestas que parecen profundamente comprensivas. Pero no puede ofrecer la experiencia de un otro que está allí con su cuerpo, su historia, sus límites y sus diferencias. Para que un niño pueda tolerar la ausencia momentánea de alguien, primero necesita haber experimentado su presencia. La seguridad se construye a partir de esas experiencias repetidas de disponibilidad. Por eso, la pregunta no es solamente si la inteligencia artificial reemplazará los vínculos humanos, sino qué lugar estamos dejando vacío para que pueda ocuparlo. Criar no es únicamente proveer comida, educación, casa y salud: también es construir vínculos suficientemente cuidados para que nuestros hijos sepan que, cuando algo les pasa, hay alguien a quien pueden acudir. Porque una máquina puede contestarnos, pero un vínculo nos transforma.
* Lic. Erica Miretti. Psicóloga , docente Neuropsicoeducadora.



