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La calesita del Parque: un espacio que resiste como punto de encuentro de los mendocinos

El rincón de la calesita en el Parque General San Martín continúa convocando a cientos de mendocinos y turistas resistiendo el paso del tiempo y el descuido.

En el parque, el sector de la calesita sigue vivo y lleno, aunque algunos juegos muestran señales de desgaste.

En el parque, el sector de la calesita sigue vivo y lleno, aunque algunos juegos muestran señales de desgaste.

Marcos Garcia / MDZ

Feriado patrio con mate en mano, bicis, juegos, risas, dibujos y algodón de azúcar. Así se vivió el 9 de julio en el sector de la calesita del Parque General San Martín, uno de los espacios más usados y queridos por mendocinos y turistas. Mientras los padres se acomodaban con sus reposeras y termos, los chicos saltaban, corrían o pintaban bajo un cielo despejado que acompañó una jornada ideal.

En el marco de las vacaciones de invierno, el lugar tenía color por donde se mirara. Vendedores de copos y pororó, familias con bizcochuelos y pastafrolas, chicos pedaleando por el circuito o pateando pelotas en pequeños picados improvisados. La calesita giraba una y otra vez. Más allá, los saltarines. En el centro de todo, junto a los juegos un espacio de pintura con atriles, témperas y pinceles para que cada niño se llevara un recuerdo hecho por sus propias manos.

Un espacio que convoca, a pesar del deterioro

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Los más chicos se adueñan del parque entre vuelos de frisbee en la tarde de feriado.

Los más chicos se adueñan del parque entre vuelos de frisbee en la tarde de feriado.

Entre quienes disfrutaban del día estaban Viviana y Héctor, una pareja de sanjuaninos que decidieron pasar el feriado en Mendoza. “Hermoso todo”, decían, mientras destacaban lo la belleza de la ciudad. También Rocío, mendocina, se acercó con sus hijos luego de desistir de subir al Cerro de la Gloria por la cantidad de autos. “Venimos seguido, siempre está lindo”, dijo mientras los chicos corrían felices.

Sin embargo, no todo brilla como en las fotos: algunos juegos están descascarados, hay partes oxidadas y estructuras que piden recambio urgente. Hay columpios que no están en sus estructuras y algunos juegos que necesitan mantenimiento. Aun así, todos los juegos eran aprovechados por cada niño presente.

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A pesar d la gran cantidad de público, algunos juegos muestran señales de desgaste y muchos otros de descuido y abandono.

A pesar d la gran cantidad de público, algunos juegos muestran señales de desgaste y muchos otros de descuido y abandono.

Uno de los momentos más simbólicos de la tarde fue ver a los chicos sentados con pinceles frente a sus dibujos. El puesto de Américo y Valentina, dos jóvenes que hace dos años trabajan los domingos y feriados con atriles y témperas, fue de los más concurridos. “Depende del mes, pero se mueve mucho. Los chicos pintan y se llevan su cuadro”, contaron, mientras seguían preparando nuevas hojas para los próximos pequeños artistas.

Opciones populares y con historia

Disfrutar del día no es gratis, pero sigue siendo un lugar elegido. La calesita cuesta $2000 por vuelta; el saltarín, $5000; el copo o el vaso de pororó, $3000. También hay pelotas, frisbees y hasta café al paso. Un paseo que, si bien suma costos, sigue siendo una opción para miles de familias que no pueden acceder a planes pagos durante las vacaciones de invierno.

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Una postal que ejemplifica: una calesita que necesita mantenimiento y una

Una postal que ejemplifica: una calesita que necesita mantenimiento y una "lavada de cara", pero que continúa sacándole sonrisas a cada niño que se sube a este ícono provincial.

El parque es uno de los espacios con juegos disponibles y gratuitos en la ciudad. Aunque el uso sigue siendo masivo, el deterioro se nota en algunos casos donde el contraste entre la vitalidad popular y el abandono físico no pasa desapercibido. La calesita, por su parte, continúa girando entre la memoria y la nostalgia, más allá de algún deterioro visible, como en sus mejores años.

En definitiva, este feriado es una muestra de que la gente cuida este espacio con su presencia, pero eso no alcanza. Este rincón, con su mezcla de naturaleza y entretenimiento, es más que una foto bonita: es un lugar que se habita, se resignifica y se resiste al olvido. Lo cual merece un cuidado acorde a su historia y a su significado actual.