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Julio de 1816: cuando San Martín y Mendoza eran la última esperanza para la independencia

En ese julio de 1816, todas las insurrecciones americanistas que buscaron oponerse al yugo monárquico fueron derrotadas.

El 9 de julio se celebra el Día de la Independencia 

El 9 de julio se celebra el Día de la Independencia 

¡Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia! No le parece a usted una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos. ¿Qué nos falta más que decirlo? (…) Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas”. Párrafo de una carta escrita en el campamento mendocino de El Plumerillo (16 de abril de 1816), en la cual San Martín, imploraba muy molesto a Tomás Godoy Cruz, exigiéndole celeridad. ¡Vamos!; Es apremiante. Por favor, necesitamos esa Declaración de la Independencia; se desprendía del texto.

En ese julio de 1816, todas las insurrecciones americanistas que buscaron oponerse al yugo monárquico fueron derrotadas. Cartagena, Bogotá, Nueva Granada, Santiago, habían sido reconquistadas por los realistas, consolidándose en tanto, la elite aristocrática españolista de Lima, mientras entre las grandes capitales americanas, solo Buenos Aires era la única ciudad que resista al absolutismo.

Así pues, restablecido en el gobierno español Fernando VII; derrotado Napoleón; formalizada la restauradora "Santa Alianza" de tronos europeos; afianzados los portugueses en Brasil; sofocados todos los proyectos independentistas americanos surgidos de las luchas libertarias, como el movimiento de Hidalgo y Morelos en México y el de José Artigas en la Banda Oriental; más el rotundo fracaso de las campañas libertadoras al Alto Perú, se pintaba un oscuro panorama para la independencia americana. Era fácil entonces percibir, que para las Provincias Unidas del Río de la Plata el contexto externo era abiertamente desfavorable.

San Martín Y El 9 De Julio En El Campo Histórico El Plumerillo

LA INTERNA: “ASTILLAS DEL MISMO PALO”

Pero en el plano interno la situación no estaba nada mejor. A las malintencionadas dudas que generaba San Martín en algunos sectores del "establishment" porteño, se sumaba la ausencia de los diputados orientales influidos por Artiga que ponían en serio riesgo la Declaración de la Independencia. En ese contexto, el rol de las provincias litoraleñas era importante ante la directa amenaza que implicaban las intenciones españolas buscando una alianza con los portugueses que dominaban Brasil. Desde ahí, las costas cariocas, a Buenos Aires había solo un paso, por eso la importancia del frente oriental.

A su vez, el clima político reinante en el Congreso tucumano también mostrará una rica gama de opiniones. Conviven concepciones monárquicas, republicanas, partidarios de un protectorado inglés, y hasta el sueño de un emperador inca como modo de "americanizar" el nuevo Estado y lograr el apoyo de la población nativa (posición de Manuel Belgrano).

Había tres cosas más: un ejército de veteranos soldados profesionales españoles golpeaban las puertas del Alto Perú, una flota de expertos marinos europeos estaba por zarpar de Cádiz para atacar Buenos Aires y tras el triunfo español en la batalla de Rancagua (recuperación de Santiago mediante) los realistas en Chile se afianzaban para cruzar Los Andes y arremeter contra Mendoza.

9 de julio

¡INDEPENDENCIA, YA!

La Declaración era una urgencia, pues el proceso emancipador iniciado en mayo de 1810 demandaba una forma republicana para poder decidir sobre un sistema político propio y un nuevo marco de alianzas en el plano de las relaciones internacionales. Además, San Martín imperiosamente necesitaba “un documento” que le diera crédito político y jurídico institucional ante la lucha armada contra los realistas españoles, permitiendo el reconocimiento externo de las Provincias Unidas. Herramienta imprescindible para que el General San Martín pudiera movilizar su ejército fuera de nuestras fronteras. “En nombre de qué y de quiénes pelean; si siguen dependiendo del imperio que combaten”; podría ser un sencillo pero contundente argumento.

Durante ese tiempo (1810 – 1816), la ambigüedad fue una de las características que distinguió los primeros años de ese proceso, donde todos los actos públicos se hicieron en nombre de Fernando VII. Y si bien todos sabían que estaban sumergidos en un proceso de trasformación (muchos revolucionarios mostraron una pragmática capacidad de adaptación), también era consabido que había determinaciones que no podían esperar más.

EL SAN MARTÍN DE MENDOZA

San Martín sacó “chapa” de lo que un líder político debe hacer. No solo empujó la Declaración, pues la demora le haría perder la posibilidad de cruzar Los Andes el verano inmediato, favoreciendo ese tiempo precioso los planes españoles, sino que condicionó, de ante mano, desde la elección de diputados (consagrándolos como sus “operadores políticos” en Tucumán, con un rol preponderante de Tomás Godoy Cruz) hasta la sanción de normas imprescindibles para los fines de la campaña. Entre varias, el presupuesto suficiente para “bancar” el ejército libertador y la concesión de facultades para actuar con todo el rigor de la ley a quienes no se subordinaren a la autoridad y resoluciones surgidas.

Pero además San Martín “operó” directamente para morigerar la influencia de Artigas en el norte y el litoral criollo, reticente en gran medida a sumarse a la causa por sus diferencias (sobre todo) con “los porteños”, llegando (Artigas) a cortar sus relaciones con las Provincias Unidas. En síntesis, San Martin compuso (paralelamente a lo específicamente brillante en lo militar y como gestor público), desde su llegada a Mendoza hasta el Congreso de Tucumán, una obra maestra de alta ingeniería política.

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“MENDOZA, LA QUE ACUNÓ LA LIBERTAD”

La conmemoración del 9 de julio hará que la provincia de Mendoza ocupe un lugar preponderante en la memoria colectiva nacional debido al enorme protagonismo que le cupo a San Martín, al ejército en la provincia cuyana y a las mujeres y hombres de Mendoza.

Mendoza con San Martín lideró el proceso en lo político y militar de ese tiempo. El 9 de Julio de 1816 será la fecha patria referencial para Mendoza, más que el mismo 25 de mayo, donde la noticia no solo llegó tarde, sino que el protagonismo de ese histórico momento giró sobre otros actores, con otros intereses y en otros espacios.

Todo el proceso independentista librado en Tucumán se gestó desde Mendoza. La provincia toda, bajo la tutela de San Martín, fue el principal protagonista del determinante momento para la historia nacional y latinoamericana. Sin tamaña Declaración de Tucumán, nada de lo que pasó inmediatamente después, hubiera sido posible.

San Martín hubiera perdido tiempo y esfuerzo en Mendoza. La iniciativa bélica, ese inmediato verano de 1817, hubiera pasado a manos del ejército español. En paralelo, los realistas habrían roto la inexpugnable defensa norteña sostenida heroicamente por Güemes junto a sus “infernales” durante años. Los adversarios internos de San Martín lo habrían hecho renunciar y seguramente habrían depuesto a Pueyrredón (un garante de los intereses del plan continental sanmartiniano), elegido como congresal por San Luis y nombrado posteriormente Director Supremo de las Provincias Unidas con el apoyo de San Martín. Como consecuencia, la independencia americana se habría retrasado, vaya a saberse por cuento tiempo, con consecuencias y derivaciones impredecibles.

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“NOS LOS REPRESENTANTES DE LAS PROVINCIAS UNIDAS EN SUD AMÉRICA”

Así fue. En la casona, propiedad de María Francisca Bazán de Laguna, sobre la histórica Calle del Rey (vaya paradoja) de San Miguel de Tucumán. Se declaraba la independencia que rompía el vínculo con la monarquía española. Y si bien en el Congreso de Tucumán no estaban representadas todas las provincias de la nación (por distintas circunstancias no todas las provincias dijeron presente), el grito de libertad se escuchó más allá de América. Será entonces, la tierra natal de los indios calchaquíes y diaguitas, Monteagudo, Lamadrid, Avellaneda, Roca, Alberdi, Álvarez Condarco, Benjamín Matienzo, Lola Mora, Ricardo Rojas, y más recientemente, de Mercedes Sosa, Palito Ortega, Tomás Eloy Martínez, García Hamilton, Miguel Ángel Estrella y el arquitecto Pelli, el lugar que se convirtió en el centro de atención del antiguo virreinato, ante la atenta mirada del mundo político americano y europeo, donde un grupo de congresales emitía el trascendente documento que declaraba que ese 9 de julio de 1816 había nacido una "nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli, y de toda dominación extranjera", generando el consenso para restablecer un Estado y recomponiendo la autoridad moral de un gobierno revolucionario que se debatía entre la dependencia y la anarquía. “En el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos (…), comprometiéndonos al cumplimiento y sostén de esta voluntad, bajo el seguro y garantía de nuestras vidas, haberes y fama”. Emociona esta parte. ¡Aunque nos maten, nos difamen o quedemos “secos” como lengua de loro! A eso se estaban comprometiendo. Eso estaban juramentando aquellos congresales de 1816. Así pasó también. Honraron su palabra. Fueron asesinados, calumniados o murieron sin nada, teniendo todo. No importaba para ellos. La Patria estaba primero.