Infertilidad: el impacto emocional que atraviesa a toda la familia y sigue rodeado de mitos
En el Mes de la Fertilidad, especialistas advierten sobre la importancia de informar, prevenir y acompañar un proceso que va mucho más allá de lo médico.
La infertilidad muchas veces se describe y se entiende únicamente desde lo médico.
Archivo.La infertilidad muchas veces se describe y se entiende únicamente desde lo médico: estudios de laboratorio, niveles de hormonas, ecografías, tratamientos y resultados. Sin embargo, detrás de todo ese despliegue clínico hay una dimensión que suele quedar más silenciosa y resguardada, la de la vivencia emocional de toda una familia.
Cada junio se conmemora el Mes de la Fertilidad, una efeméride que hoy cobra más relevancia que nunca. A pesar de vivir en una sociedad hiperinformada, todavía existe un profundo desconocimiento alrededor de la salud reproductiva. Durante generaciones, la dificultad para concebir se abordó como un tabú, un problema íntimo que debía atravesarse en el ámbito privado y sin levantar la voz. Hoy la realidad nos obliga a cambiar el enfoque: según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 1 de cada 6 personas en el mundo experimentará dificultades relacionadas con la fertilidad en algún momento de su vida reproductiva.
Es una realidad global
El escenario sociocultural actual transformó por completo los tiempos de la maternidad y paternidad. Vivimos en una época donde las personas estudian más, consolidan sus carreras, buscan estabilidad económica, viajan y desarrollan proyectos personales antes de pensar en un hijo. Es una evolución natural y legítima, pero que a su vez confronta con una realidad ineludible: el cuerpo biológico no siempre acompaña esos mismos tiempos. En este contexto, la medicina reproductiva no debería aparecer solo cuando surge el problema, sino como una herramienta de prevención. Es aquí donde la preservación de la fertilidad —a través de la vitrificación de óvulos en las mujeres o la criopreservación de semen en los hombres— juega un rol fundamental. No se trata de apurar decisiones ni de imponer mandatos, sino de evitar llegar tarde por falta de información. Cuidar la salud reproductiva e informarse a tiempo es tan vital como cuidar la salud cardiovascular o metabólica.
Derribar mitos es el primer paso para humanizar este camino. Todavía persiste la falsa creencia de que la fertilidad femenina se mantiene intacta hasta edades avanzadas, o el dañino mito de que, si una persona simplemente “se relaja”, el embarazo llegará de forma automática, minimizando una condición médica real. Asimismo, es urgente desterrar la histórica tendencia de asociar la infertilidad de manera exclusiva a la mujer. Las estadísticas clínicas son claras al respecto: un tercio de los casos se relaciona con factores femeninos, otro tercio con factores masculinos, y el tercio restante corresponde a causas mixtas o de origen desconocido. La carga emocional y social ya no puede seguir recayendo sobre un solo miembro de la pareja; es una situación que afecta a ambos y que debe abordarse y estudiarse en conjunto. Porque cuando una persona o una pareja atraviesa dificultades para tener un hijo, el impacto se expande, es decir lo viven los padres que preguntan con cuidado para no lastimar, los hermanos que balancean entre hablar o callar, y los amigos que quieren acompañar, pero a veces no encuentran las palabras exactas. También lo viven esos abuelos que sueñan con un nieto y esos hijos que no llegan todavía, pero que ya ocupan un lugar enorme en el corazón del entorno.
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La infertilidad puede generar ansiedad
También genera frustración, culpa, enojo, aislamiento y una profunda sensación de injusticia. Es un proceso que atraviesa proyectos de vida, vínculos, la autoestima, la sexualidad y el manejo del tiempo. Hay familias que aprenden a esperar juntas y parejas que se fortalecen; pero hay otras tantas que necesitan ayuda profesional externa para no quebrarse en el camino. Por eso es tan importante entender que la fertilidad no es solamente un tema biológico; es un hecho profundamente emocional, vincular y social. Acompañar a quien transita este proceso no siempre significa tener las respuestas correctas o dar consejos médicos.
A lo largo de los años en el consultorio, aprendemos que los pacientes no solo necesitan el tratamiento técnico más avanzado de la ciencia; necesitan, por sobre todas las cosas, sentirse comprendidos. La infertilidad no siempre se ve a simple vista; muchas veces se vive en un silencio doloroso. Justamente por eso, hablar, informar con bases científicas, educar y acompañar de manera empática también forma parte del tratamiento. Cada familia que atraviesa este camino merece tres pilares fundamentales que la sociedad y la medicina deben garantizarle: contención, respeto y esperanza.
* Dr. Sergio Pasqualini (MN 39914), director de Halitus Instituto Médico y presidente de Fundación Repro.




