Entornos que suman estrés: la ansiedad infantil en alza
La ansiedad es una respuesta emocional ante una amenaza o peligro percibido. La pandemia y los nuevos entornos de desarrollo aceleraron el crecimiento.
Las manifestaciones de ansiedad pueden empezar en la primera infancia
Archivo MDZ
En la infancia y en la adultez, este sistema de alarma que despierta la ansiedad se activa incluso cuando no hay un peligro real, pero el entorno o el desarrollo madurativo lo interpreta así. Según la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP), la ansiedad se convierte en un problema cuando es frecuente, interfiere con la vida cotidiana del niño.
Entonces es muy importante que no confundamos conductas esperables de edades tempranas de desarrollo con este tipo de trastorno, porque hay algunas manifestaciones que pueden confundirnos. Siempre es importante evaluar qué tan frecuentes son las conductas y en el caso de que se dificulten las actividades diarias podemos considerar una consulta.
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Las manifestaciones de ansiedad pueden empezar en la primera infancia
Desde el año y medio o dos años, aunque a esta edad no se la diagnostica como un trastorno, sino como un estado emocional vinculado al desarrollo neurológico y vincular. La crianza y estilo de parentalidad que ejercemos tienen una influencia directa en la aparición y disminución de estas manifestaciones, así como el entorno social y habitacional en que estén creciendo los niños.
Entre los 3 y 6 años suele aparecer la ansiedad por separación y miedos más elaborados y concretos. El desarrollo del lenguaje y el crecimiento de sus habilidades cognitivas pueden traer como consecuencia la aparición del miedo. Cuando el miedo supera a la seguridad percibida , aparece la ansiedad.
La oscuridad, los monstruos y las tormentas son algunos de los miedos más frecuentes en esta etapa
La necesidad de estar cerca de mamá y papá corresponde más a una característica biológica que a un comportamiento que deba llamarnos la atención. Aunque es esperable que puedan ir conquistando espacios seguros sin la presencia de sus padres, sobre todo entre el primer y el cuarto año de vida el impulso biológico es hacia la protección y esa protección se representa en los padres.
A partir de los 7 años, pueden surgir preocupaciones más cognitivas: miedo al fracaso, al juicio social, a la muerte y es que ya abandonaron la idea del “mundo mágico” y empiezan a ser más conscientes de los peligros y de su rol en el mundo.
La ansiedad en la infancia no siempre se expresa verbalmente, sino a través de síntomas físicos, emocionales o conductuales:
- Dolor de panza, dolor de cabeza, insomnio, berrinches intensos, evitación de personas o lugares, dependencia extrema.
- Miedos persistentes, irritabilidad, morderse las uñas, comer sin hambre o falta de concentración también podrían ser conductas para observar.
La ansiedad no es enemiga
Es una mensajera que nos ayuda a entender que están atravesando nuestros hijos en su mundo interno.
Algunos factores que pueden desencadernarla están relacionados con:
- Apego inseguro
- Estilos parentales desregulados
- Cambios abruptos en la vida cotidiana
- Exposición a adultos ansiosos
- Exceso de exposición a pantallas y dispositivos electrónicos.
Para acompañarla, será muy necesario reconocerla y reconocer nuestro rol como adultos responsables. Validar sus emociones en lugar de minimizarlas, nombrar lo que sienten y ayudarles a reconocer sus estados emocionales.
Acompañar sin forzar, evitar exposiciones bruscas a situaciones que le generen miedo pensando que así se harán más fuertes. Ofrecer rutinas seguras y predecibles y comunicarlas con diálogo,
Promover juego libre, arte y movimiento
Cuidar nuestro propio sistema nervioso para poder ser fuente de calma. Los niños están viviendo en entornos muy estresantes y la ansiedad puede ser un resultado de ello. La ansiedad en la infancia se abraza y se acompaña. Tampoco es un enemigo a erradicar, es una señal a escuchar.
Vivir un poco más lento, correr las pantallas y criar con diálogo, entendimiento y apertura pueden ser justo el primer paso para acompañar a nuestros hijos.
Darles seguridad, aunque afuera el mundo, este un poco revuelto.
* Brenda Tróccoli. Especialista en familias y crianza. Dip en parentalidad y apego. Puericultora.



