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En Tandil vive el recolector de sonrisas

En Tandil un recolector de residuos conmovió el corazón de todos. La historia emotiva desde la mirada de un padre de familia al ver la sonrisa de su hijo.

Me quedé maravillado por este gesto, me dibujo una sonrisa (imagen ilustrativa)

Me quedé maravillado por este gesto, me dibujo una sonrisa (imagen ilustrativa)

Tres veces por semana, mi hijo de 4 años sale corriendo al despertarse para saludar por la ventana a los muchachos del camión recolector de residuos, que lo saludan entre juegos de luces, bocinas y afectuosos ademanes. Los martes, jueves y sábados tienen ese condimento especial que, como familia, nos hacen comenzar el día con una sonrisa.

Varias semanas pasaron con ese ritual matinal

Hasta que, una mañana, algo cambió. El camión se detuvo como siempre para descargar el contenedor y, cuando miramos hacia la cabina, vemos que el conductor se estira hacia su derecha para buscar algo en el asiento de acompañante. Cuando regresa, ya no estaba él; vemos la cara del mismísimo Spiderman, desplegando su tradicional show de telarañas al aire. Mi hijo no lo podía creer. Y nosotros menos aún.

Me quedé maravillado por este gesto

Tan simple, pequeño y enorme a la vez. Pensaba cuánta información sobre esta persona hay detrás de este singular episodio. Imaginaba a nuestro héroe anónimo, el día anterior, consiguiendo la máscara, ubicándola en un lugar estratégico para no olvidarla al salir, planificando cuál sería el mejor momento para ejecutar la maniobra… Cuánta serenidad, empatía y amor para poder concretar todo esto en un mundo signado por la ansiedad y el ensimismamiento.

Se me viene a la cabeza Antoine de Saint- Exupéry y su principito. Porque imagino en este conductor a un hombre que conserva un alma de niño. Y aquello otro de Miguel de Unamuno: “Agranda la puerta Padre, porque no puedo pasar. La hiciste para los niños, yo he crecido a mi pesar…” Pero basta de palabras, que no quiero empañar la pureza del acontecimiento ocurrido en la ciudad de Tandil, que habla más que mil superhéroes. Gracias infinitas al recolector de sonrisas.

* Tomás Donovan.