Emprendedora y docente: el desafío de enseñar a los adultos
Lucía Madrid es diseñadora de indumentaria y da clases a casi 100 alumnos repartidos en varias escuelas. La docencia como puente para el mundo del trabajo.
Lucía Madrid es diseñadora de indumentaria y especializada en negocios.
Rodrigo D'Angelo / MDZMucho antes de que salga el sol, suena la alarma. Despierta a su hijo menor, prepara el desayuno, guarda las carpetas, muestrarios y materiales de las clases del día y da inicio a una larga jornada que se divide entre aulas, alumnos, papeles administrativos, la comida, compras en la feria, el supermercado, tareas del hogar y terminan muy tarde preparando las clases del día siguiente.
Lucía Madrid tiene 44 años y su camino hasta la docencia no fue el convencional. Estudió, emprendió, tuvo empleados, lideró en empresas privadas, se perfeccionó y un día se dio cuenta de que cometió errores y se encontró con problemas que nadie le advirtió en los claustros. Ahí nació su inquietud de guiar a otros emprendedores, entonces armó una serie de mentorías. Después trasladó esas mentorías a la educación formal y hoy da clases en Centros de Capacitación para el Trabajo y en Institutos de Educación Superior que intercala con su emprendimiento de lencería.
Los desafíos de un docente educando a adultos
Lucía dicta cursos de operador de máquinas, cortador, proyección laboral y tecnología de los materiales. En total, enseña a unos 100 alumnos, la mayoría mujeres. Entre los mesones, tijeras, telas y máquinas de coser hay amas de casa, profesionales, emprendedoras, empleadas de comercio, administrativas y hasta una directora de escuela.
“La principal ventaja de la educación de adultos es que los alumnos vienen motivados, vienen por su propia voluntad, porque es algo que querían aprender hace mucho y postergaron por la familia o el trabajo”, contó a MDZ Lucía.
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“El desafío más grande es sostener la permanencia porque los adultos tienen otro contexto, tienen hijos, padres mayores, trabajos y en general las mujeres son las que sostienen sus hogares, las que cuidan enfermos, las que se quedan cuando el marido cambia el turno en el trabajo”, agregó.
En cuanto a su rol como docente, evaluó que lo principal es dar clases atractivas, en las que los alumnos todos los días aprendan algo porque la educación de adultos está directamente vinculada al mundo del trabajo y es la que le da una profesionalización a su labor.
El aula, un lugar de encuentro mucho más allá de los libros
Entre clases, trabajos prácticos y evaluaciones, las aulas se convierten en espacios de escucha, de charla y en algunos momentos, se transforman en verdades cajas de resonancia de las problemáticas más íntimas de profesores y alumnos.
“En general, el primer día para romper el hielo les pido que se presenten y cuenten por qué eligieron la ropa que tienen puesta, muchas veces esa pregunta dispara reflexiones sobre las percepciones de los cuerpos, anécdotas dolorosas y una vez una alumna contó un caso de bullying que la marcó para siempre”, recordó.
“Empezó a llorar mientras hablaba y el resto de las alumnas tuvo una respuesta hermosa. Se pararon y la abrazaron entre todas. Creo que son experiencias que hablan de ese dolor compartido, de la sororidad”, añadió.
“Al sistema educativo lo sostenemos los docentes”
Ser docente no es solo pararse en un aula y dictar una clase. Lleva tiempo de lectura, preparación, formación, actualización permanente. “Para poder dar mejores clases, tengo que dedicarle cada vez más tiempo a la docencia fuera del aula y ese tiempo no se paga”, dijo Lucía.
Los salarios son muy bajos para la responsabilidad de la tarea y aunque las instituciones están equipadas muchas veces faltan insumos y herramientas que se compran con rifas y bingos que organiza la cooperadora y promueven los profesores.
“El año pasado compramos la cortadora y eso significa ir a buscar precios, recaudar fondos, ir a comprar la máquina y administrar un dinero que se rinde”, detalló.
“Para que una escuela funcione bien, los docentes ponen mucho tiempo extra y voluntad porque de otra forma no funcionaría. El sistema educativo se sostiene gracias a los docentes”, cerró.
El CCT Leonor Lemos
Una de las escuelas en las que trabaja Lucía es el Centro de Capacitación de Trabajo N° 6-018 "Leonor Lemos". Las escuelas para adultos son distintas, no se escucha bullicio, ni gritos. El ruido de las máquinas es una constante, los alumnos prestan atención y los docentes caminan entre los bancos de trabajo corrigiendo y marcando puntos a mejorar.
"El que viene quiere aprender. No es lo mismo que primaria y secundaria que están obligados a asistir. El que viene elige la capacitación", remarcó la directora, Joana Ricarte. Y esa elección voluntaria cambia el vínculo entre docentes y adultos.
El CCT ofrece cursos de un año y de un cuatrimestre en áreas muy diversas como: panadería, cocina, pastelería, electricidad, inglés, francés, tejido, artes aplicadas, informática, ceremonial y protocolo, textil y operación de maquinaria industrial, entre otros.
Los adultos que asisten son mayores de 18 años -el único requisito para anotarse-, aunque algunos cursos de idiomas admiten jóvenes desde los 16. La institución trabaja con 25 docentes en tres turnos, y la mayor concentración de estudiantes se da en el horario vespertino. Concurren personas de la zona y de otros departamentos.
Uno de los desafíos más concretos que enfrenta la institución es mantener la matrícula. Muchos de los alumnos son sostén de hogar y no pueden comprometerse a cursar cinco días a la semana. La respuesta fue práctica: los cursos se comenzaron a dictar en bloques de dos o tres días, lo que permitió revertir la deserción.
"Con eso hemos logrado que el alumno siga o que termine aunque sea a mitad de año", explicó Ricarte. También se trabaja en el acompañamiento con materiales y en estrategias pedagógicas para que nadie sienta que pierde el tiempo.
Los docentes del CCT hablan de su trabajo con una mezcla de vocación y realismo. Eduardo Maciel, que lleva dos años enseñando electricidad y cinco en total en educación de adultos, lo resume así: "Es muy reconfortante cuando ves que los alumnos aplican lo que aprendieron durante el curso, ya sea con fotos de los trabajos que realizan o audios agradeciendo. Se dan cuenta de que tienen una herramienta con la cual pueden trabajar".
Patricia Bautista lleva 27 años en la docencia, 13 de ellos en esta institución, enseñando artes aplicadas. "Los alumnos están en nuestros cursos por decisión propia y concurren felices cada día de cursado", contó.
Lo que otros podrían llamar una dificultad, ella lo reencuadra: "Ellos te desafían día a día para adquirir más conocimientos, y eso te lleva a que uno como docente continúe cosechando saberes".
Alejandra Sánchez enseña textil desde hace más de 15 años y su definición de la educación de adultos es directa: "Nunca es tarde para seguir aprendiendo, para mejorar capacidades, para emprender o mejorar la situación laboral. Los alumnos buscan un espacio en sus vidas para poder realizarlo y lo concretan con esfuerzo y entusiasmo".
Las certificaciones que entrega el CCT están avaladas por la DGE y detallan las competencias que el estudiante adquirió. También se incluyen prácticas profesionales. "La idea es darles todas las herramientas para que puedan ir a trabajar", cerró Ricarte. Los interesados en iniciar un curso o capacitación pueden comunicarse por WhatsApp al 2616144640.












