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El talento no alcanza: la lección de la Selección Argentina para las empresas

Del vestuario a la sala de reuniones, el modelo que llevó a la Selección Argentina al podio revela una lección que pocas empresas aplican: el rendimiento colectivo también se entrena.


En un contexto donde las empresas compiten por atraer y retener a los mejores perfiles, la gestión del talento sigue enfrentando una trampa frecuente: creer que la suma de individualidades garantiza resultados. Sin embargo, la evidencia —tanto en el deporte como en las organizaciones— demuestra lo contrario.

La gestión de talento a veces confunde conceptos

No se trata de acumular grandes talentos individuales, sino de construir sistemas donde el talento funcione en red porque el rendimiento colectivo también se entrena. La evolución de la Selección Argentina en los últimos años es un caso paradigmático. El ciclo liderado por Lionel Scaloni no se apoyó únicamente en nombres propios, sino en un cambio cultural profundo: pasar de la presión por el resultado a la construcción de una identidad compartida.

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No se trata de acumular grandes talentos individuales, sino de construir sistemas donde el talento funcione en red.

En ese proceso, incluso figuras como Lionel Messi redefinieron su rol, poniendo su liderazgo al servicio del equipo. Las organizaciones que siguen apostando a ‘salvadores’ individuales están leyendo mal el contexto. Hoy el verdadero diferencial competitivo es la calidad del vínculo entre las personas y la claridad del propósito compartido, este cambio de paradigma implica un giro en la forma de liderar, ya no alcanza con definir estrategias o bajar lineamientos; el foco está en construir sentido. Cuando los equipos comprenden el ‘para qué’, el compromiso deja de ser una exigencia y se convierte en una elección. En este marco, la comunicación deja de ser una herramienta táctica para convertirse en un sistema que habilita confianza, coordinación y aprendizaje.

La evolución de la selección es una caso pragmático

Desde la élite deportiva, esta mirada encuentra un correlato concreto. Guillermo Cazón, ex preparador físico de la Selección Argentina de handball durante 20 años y una figura clave en la evolución de 'Los Gladiadores', coincide en que el diferencial no está en el talento aislado: “en el alto rendimiento, el talento individual es solo el punto de partida. Lo que define el resultado es la capacidad del equipo de sostener intensidad, coordinación y confianza en situaciones límite. El rendimiento colectivo también se entrena, incluso desde lo físico, en cómo cada esfuerzo se integra al funcionamiento del equipo”. ‘El Negro’ Cazòn también formó parte de cuatro ciclos olímpicos consecutivos (Londres, Río de Janeiro, Tokio y Paris) consolidándose en la primera línea del deporte internacional.

Asimismo, actualmente es el preparador físico de handball masculino del Club River Plate. Hoy su experiencia lo posiciona como un referente para trasladar aprendizajes del alto rendimiento al mundo corporativo - como también en la educación en el Colegio La Salle Buenos Aires - especialmente en liderazgo, trabajo en equipo y desempeño colectivo. En la misma línea, la psicología deportiva aporta una explicación complementaria. Nataly Rojas, Licenciada en Psicología (UBA) y especialista en la disciplina, refuerza la importancia del enfoque, “el rendimiento sostenido no depende del talento individual, sino de la percepción de pertenencia y seguridad dentro del equipo. Cuando un jugador siente que puede confiar en el otro, su nivel de desempeño aumenta significativamente”. “Un equipo de alto rendimiento no es el que evita el conflicto, sino el que aprende a atravesarlo. Las conversaciones incómodas, bien gestionadas, fortalecen la confianza y elevan el nivel de juego colectivo".

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En el alto rendimiento, el talento individual es solo el punto de partida.

El talento individual es solo el punto de partida

Este enfoque también redefine la noción de liderazgo, el rol del líder deja de ser el de protagonista para convertirse en facilitador: alguien capaz de leer al equipo, habilitar conversaciones y sostener una visión común incluso en contextos adversos. En términos organizacionales, esto se traduce en culturas más colaborativas, ágiles y resilientes. De cara a un nuevo Mundial, la pregunta trasciende el deporte. Para las empresas, el desafío no es conseguir más estrellas, sino construir equipos donde cada integrante entienda su impacto en el resultado colectivo. Porque, al final, los campeonatos —y los negocios sostenibles— no se ganan con nombres propios. Se construyen con cultura, confianza y propósito compartido.

* Vero Salatino. Licenciada en Comunicación, Coach Ejecutiva y CEO & Founder de Makana Comunicación.