El inquilino hizo mejoras, el dueño no quiso reconocerlas y se llevaron desde la pileta al limonero
El inquilino había invertido en pileta, rejas y jardín. Como el dueño no reconoció las mejoras, decidió remover todo y devolver la casa a su estado inicial.
El antes y después: la drástica decisión que tomó el inquilino luego de que el dueño no reconociera las mejoras de su propiedad.
El jardín arreglado por el inquilino: pileta, baldosas y fogonero.
El jardín como fue devuelto a los propietarios, sin siquiera el limonero que había instalado el inquilino.
El mercado de alquileres viene atravesando cambios profundos desde la derogación de la última ley que regulaba contratos y precios. En ese marco, se multiplican historias que reflejan algunos acuerdos que no terminan en buenos términos, generando conflictos legales o decisiones tan singulares como la que se registró con un inquilino que había hecho mejoras en un dúplex del noroeste de la ciudad de Córdoba.
La familia que residía allí se encontró con la propiedad recién construida, pero con varios detalles sin resolver. Según contó el inquilino a los medios cordobeses, el patio era apenas un terreno desnivelado donde se acumulaba agua de lluvia, sin césped ni plantas. Tampoco había rejas en las ventanas superiores, a pesar de tratarse de una zona con problemas de seguridad.
Ante esa situación, ellos comunicaron a la inmobiliaria que harían algunas mejoras y pusieron manos a la obra. En poco tiempo levantaron un jardín con champas de buena calidad, instalaron un desagüe, sumaron baldosas, construyeron una pileta de material iluminada, armaron un fogonero y hasta plantaron un limonero. Además, mandaron a colocar rejas a medida.
Drástica medida del inquilino
Cuando llegó el momento de renegociar el contrato, los inquilinos solicitaron al propietario algún reconocimiento económico por todas las reformas que habían elevado el valor del inmueble. Sin embargo, la respuesta fue tajante: no habría compensación ni descuento en el alquiler.
Frente a la negativa, la familia resolvió una drástica medida: desarmar todo lo que había hecho. Levantaron el césped, retiraron las baldosas y hasta desenterraron el limonero cargado de frutos. Con mazas demolieron la pileta, rellenaron el hueco con tierra y desmontaron el fogonero. También retiraron las rejas de la planta alta.
Así, la vivienda volvió a lucir exactamente como al inicio del contrato: un patio de tierra, sin pileta, sin verde ni mejoras. Una verdadera “deconstrucción”.

