El futuro de la Justicia con Martín Casares: "Podemos utilizar la IA para ampliar el acceso a la justicia"
En este nuevo episodio de Future Talks, Fernando Gril conversó con Martín Casares, abogado y Secretario General del CPACF para pensar el futuro de la justicia.
Hablamos con Martín Casares sobre el futuro de la justicia.
En este nuevo episodio de Future Talks, Fernando Gril conversó con Martín Casares, abogado, ex Jefe de Gabinete del Ministerio de Justicia de la Nación, Secretario General del Colegio Público de Abogados de la Ciudad y referente en modernización judicial, para pensar justamente eso: qué Justicia necesitamos para el futuro y qué estamos dispuestos a cambiar para construirla.
La Justicia es una de las invenciones más antiguas de la humanidad. Nació mucho antes que los Estados modernos, incluso antes que la escritura, como una respuesta básica a una pregunta esencial: ¿cómo resolvemos nuestros conflictos sin destruirnos como comunidad?
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A lo largo de la historia, la Justicia fue mutando. Pasó de la venganza privada a la ley del talión, del derecho consuetudinario a los códigos escritos, del juez como figura moral al juez como operador técnico de un sistema complejo. Cada etapa reflejó el tipo de sociedad que la producía.
Hoy, en pleno siglo XXI, la Justicia vuelve a estar en el centro del debate. No solo por su lentitud, su lenguaje críptico o su distancia con la ciudadanía, sino porque enfrenta un desafío inédito: adaptarse a un mundo atravesado por la tecnología, la automatización y nuevas formas de vínculo social, sin perder legitimidad ni humanidad.
De dónde venimos: el origen de la Justicia
Durante la charla, Casares plantea una idea clave: la Justicia no surge sólo como un sistema de normas, sino como una herramienta civilizatoria. Su función original no fue castigar, sino ordenar la convivencia, evitar la violencia permanente y generar reglas compartidas.
Ese origen explica por qué la Justicia siempre estuvo ligada al poder, pero también a la legitimidad. Sin confianza social, ningún sistema judicial funciona. Y ese parece ser uno de los grandes déficits actuales.
El presente: crisis de confianza y sistemas que no dialogan
En Argentina —y en gran parte del mundo— la Justicia enfrenta una crisis profunda de credibilidad. Para amplios sectores de la sociedad, es lenta, inaccesible, costosa y, muchas veces, incomprensible.
Casares señala que el problema no es solo tecnológico o presupuestario, sino cultural e institucional: estructuras pensadas para otro tiempo, incentivos que desalientan el cambio y una desconexión creciente entre el sistema judicial y la vida cotidiana de las personas.
“Descentralizar la posibilidad de hacer una denuncia o hacer una consulta es una forma de democratizar el acceso”, dice Casares.
La paradoja es evidente: nunca hubo tantas herramientas para mejorar el funcionamiento de la Justicia, pero tampoco tanta distancia entre la institución y la ciudadanía.
Acceso a la Justicia: el desafío estructural
Otro punto clave de la conversación es el acceso. La Justicia del futuro no puede seguir siendo un privilegio de quienes entienden el sistema o pueden pagar su complejidad.
La mediación, los métodos alternativos de resolución de conflictos, las justicias de cercanía y las plataformas digitales aparecen como caminos posibles para democratizar el acceso, reducir tiempos y evitar que conflictos menores se conviertan en tragedias personales o sociales.
Tecnología, IA y justicia digital
Uno de los ejes centrales de la entrevista es el impacto de la tecnología. Expedientes electrónicos, firma digital, plataformas de pago, inteligencia artificial aplicada al análisis jurídico: todo esto ya está ocurriendo.
“Los poderes judiciales en general son poderes conservadores que no se oxigenan rápidamente”, dice Casares. Esto también es un punto a favor porque la estabilidad es importante para construir jurisprudencia o costumbre.
Para Casares, el futuro no está en una “justicia automática”, sino en sistemas híbridos, donde la tecnología reduzca la carga burocrática y permita que los operadores judiciales se concentren en lo verdaderamente importante: decidir con criterio, equidad y responsabilidad. “Esto tampoco puede ser una excusa para no innovar”, afirma tajante.
Mirar hacia el futuro
Pensar el futuro de la Justicia no es un ejercicio teórico. Es una discusión urgente. En un contexto de crisis de representación, polarización política y cambios tecnológicos acelerados, la Justicia puede convertirse en un ancla de estabilidad… o en un factor más de desconfianza.
Como deja claro la entrevista con Martín Casares, no hay justicia del futuro sin una decisión política sostenida, sin formación de nuevos perfiles profesionales y sin una ciudadanía que vuelva a sentir que la Justicia le pertenece.
El futuro de la Justicia no se juega solo en tribunales. Se juega en la capacidad de una sociedad de ponerse de acuerdo sobre cómo quiere vivir junta.

