El Alzheimer de la inteligencia artificial: un relato metafórico de un futuro sin memoria
Un ensayo alerta que la inteligencia artificial y los centros de datos tecnofeudales amenazan memoria, democracia y soberanía humanas.
La red humana, a la vez que producía conocimientos y los almacenaba en su memoria, también ejercitaba sus capacidades cerebrales y físicas.
Archivo MDZProducir, interpretar y almacenar información controlando su flujo es la forma humana de comprender e interactuar con el universo. Si no podemos realizar ese proceso, perdemos nuestra esencia humana. Aceptar la falibilidad humana, buscar el error en forma permanente, cooperativa y solidaria es el camino para lograr acercarnos lo más posible a la verdad.
El talón de Aquiles de este sistema es el lugar donde se almacenan los conocimientos. Sin memoria, no hay conocimientos ni recuerdos. Perdemos el sentido de nuestra existencia, que nos da el material para procesar nuestro pasado y planificar nuestro futuro. La memoria marca nuestra identidad. La humanidad construyó los conocimientos que la trajeron al nivel actual de desarrollo, mediante la colaboración y solidaridad de los homo sapiens, que producían los conocimientos, los almacenaban en su memoria, los compartían con otros, descubrían errores o los perfeccionaban en sus nuevas aplicaciones y se volvía a almacenar en la memoria humana el avance realizado. El cuerpo humano funciona como una batería y el cerebro como un hardware y software que percibía, clasificaba, razonaba, calculaba, sacaba conclusiones y almacenaba todo en la memoria. Los humanos que vivían en comunidad funcionaron como una red descentralizada que producía, verificaba, mejoraba y almacenaba conocimientos.
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La colaboración y la solidaridad garantizaron la mejora de los aprendizajes
Mientras más amplia era la comunidad de humanos, mayores eran las baterías y sistemas biológicos de procesamiento involucrados en la producción y conservación del conocimiento. La red no solo garantizaba la continua mejora sino también la conservación del conocimiento por estar descentralizado en miles de memorias. La red humana, a la vez que producía conocimientos y los almacenaba en su memoria, también ejercitaba sus capacidades cerebrales y físicas, lo que contribuyó a mantenerlas y ampliarlas de forma exponencial hasta nuestros días. El bucle de crear conocimientos y almacenarlos es clave para mantener las capacidades y funciones cerebrales que los definen como humanos. Sin transitar este proceso colectivo e individual, somos una batería sin procesador o sea algo inútil.
La conservación y transmisión de la información por medio del relato humano tenía el defecto de que los relatos estaban limitados por la capacidad de memoria humana y porque en los sucesivos traslados de los aprendizajes, cada humano modificaba algo del relato, por olvido o conveniencia. La verdad siempre fue relativa, desde los inicios de la humanidad se construyó sobre la base de acuerdos explícitos o tácitos que reconocían un hecho como verdad, tuviera o no sustento en la realidad, para mantener la cohesión del grupo o el orden social. Así tuvimos miles de libros infalibles o con palabras que se decían emanadas de Dios, como la Biblia, la Tora, el Talmud, la Mishna, el Corán, el Bhagavad Gitá, donde lo importante no era la correspondencia de los hechos narrados con la realidad, sino que estos no fueran cuestionados por nadie, porque su fin no era venerar la verdad, sino mantener el orden y la unidad del grupo. La construcción de la Inteligencia Artificial está derivando peligrosamente hacia un relato de infalibilidad, quiere ser la Biblia de nuestros días. Los humanos avanzaron cuando en el Renacimiento se empezó a buscar la correspondencia de los hechos relatados con la realidad, allí nacieron la ciencia y su método, la epistemología. El error dejó de ser algo escandaloso, para convertirse en una forma de crecimiento de la ciencia. Miles de hombres y mujeres conservaron los conocimientos en sus memorias y buscaron el error en forma colaborativa y solidaria, así forjaron la humanidad que existe hoy.
El día que olvidamos cómo recordar
La inteligencia artificial quiere ser la Biblia de nuestros días
Para ampliar nuestra red de conocimientos, empezamos a usar memorias externas físicas, como las tablas de madera, piedra, arcilla, los papiros, los pergaminos, luego el papel, y con la llegada de la imprenta, los libros. Estas memorias físicas externas garantizaban, en cierto grado, la conservación y además determinada fidelidad porque se producían varios ejemplares, el copiado era vigilado y los errores castigados. Los libros fueron el soporte estrella de esta etapa de memorias físicas externas, pero demostraron que la información que mejor trasmitían eran las morbosas, falsas o escandalosas, como lo demostró el libro “El Martillo de las Brujas” (Malleus Maleficarum)[1], que dio inicio a la quema de brujas en todo Europa y fue un éxito fulgurante en ventas y la obra “Sobre las revoluciones de las esferas celestes”, un fracaso total. Luego, llegaron los medios analógicos, como la fotografía, el fonógrafo, el telégrafo, la radio, el teléfono, la televisión, el stereo, el tocadiscos, el pasacasette.
Más tarde, con la llegada de la era digital, pasamos a las mega computadoras, el CD, el DVD, las consolas de videojuegos, los cajeros automáticos, los robots industriales, la animación por computadora, las computadoras personales, hasta llegar a los teléfonos inteligentes.La era digital. con instrumentos como los smartphones y las computadoras personales, que actúan como interfaces con el mundo virtual de redes sociales y plataformas comerciales, financieras y políticas, ha construido un fenómeno inquietante y perturbador. En efecto, el almacenamiento de todos los conocimientos y recuerdos de la humanidad ha quedado en manos de grandes corporaciones, que son: Alphabet (Google), Amazon, Apple, Meta (Facebook), Microsoft, Alibaba Cloud (Allyun), Tencent Cloud, Huawel Cloud, China Telecom, China Unicom, China Mobile y Chindata Group.
Todas estas empresas manejan los centros de datos gigantescos donde se guardan, con el fin de poder trabajar con ellos, mediante técnicas de Big Data e IA, y elaborar conocimientos, realizar actividades comerciales, financieras, políticas, de control y de vigilancia. Este fenómeno ha generado la concentración de conocimientos más grande de la historia de la humanidad, almacenados en sistemas digitales, alimentados mediante energía eléctrica, que manejan la información con software algorítmicos protegidos por propiedad intelectual en el más absoluto oscurantismo. Nadie puede explicar ni dar trazabilidad a los conocimientos que se producen en este sistema, sean utilizados con o sin intervención humana, lo que destruye todos los presupuestos y principios fundantes del derecho, la república y la democracia .El culto a la eficacia y eficiencia reemplazó a un Estado que mira desconcertado a un polo de poder que no puede controlar.
Las tecnofeudales, reemplazaron a los políticos
Los ciudadanos acompañan el fenómeno con su voto, entre furiosos y cansados de las promesas incumplidas de la democracia, ignorando que la están reemplazando por un monstruo tecnológico. ¿Alguien alguna vez solucionó algo con un chatbot? Si hoy la respuesta del Estado no te gusta, pronto la tecnología tampoco, no tendrás ni una ni otra y no tendrás donde ni a quien reclamar. La era del autoritarismo y de los depredadores ha comenzado, ha muerto el orden basado en reglas, el derecho internacional, las constituciones, los derechos humanos, las instituciones internacionales, la justicia, el capitalismo como lo conocíamos, todo es una lucha descarnada donde solo importa la fuerza, la crueldad, la velocidad y la eficiencia. Los valores de la tecnología y las finanzas son la nueva constitución. El corazón y el cerebro de este sistema son los centros de datos, sin ellos no hay sistema. El Estado y la política si no quieren convertirse en un chatbot, tienen que regularlos de forma urgente y férrea, explicando a la población la gravedad de las implicancias sociales, constitucionales, económicas, financieras y políticas de este sistema. Creo que la mejor forma de abordar un problema, no es proponer soluciones sino marcar con exactitud las consecuencias negativas que este escenario genera para la sociedad.
Recientemente, la declaración de ex director del Mossad vertida en una entrevista, reveló que Israel tiene instalado puertas traseras para espiar, en todos los teléfonos de los mandatarios más importantes del mundo. Así, el exjefe del Mossad israelí, se jacta de haber desplegado ”equipos con trampas explosivas y manipulados” como los buscapersonas de Hezbóllah en “todos los países que puedas imaginar” Vemos, entonces, que usar el predominio tecnológico como arma se está instalando sigilosamente como método de guerra, cuando el uso de la moneda como arma no pueda rendir más frutos, la privación de la tecnología hará su entrada triunfal en el escenario de la guerra, por ser el arma de ataque más barata y eficiente. Dejar sin sus memorias a un país es privarlo de sus conocimientos, recuerdos, es paralizar sus sistemas esenciales para la vida y robarle el alma a su gente. ¿Se imagina Ud. despertar y tener su celular en blanco y sin ninguna de sus aplicaciones funcionando?La existencia de un individuo y la soberanía de un país, al alcance de un click de mousse. La independencia de poderes ya no es posible mediante mecanismos institucionales, urge la invención mecanismos tecnológicos de defensa.3.- Hoy, un hacker vale más que un arsenal nuclear porque uno bueno puede impedir que utilices el tuyo. En la guerra del futuro, los centros de datos ¿no serán el principal objetivo?
Dejar sin sus memorias a un país es privarlo de sus conocimientos
Es la estrategia de la fortaleza medieval o el Castillo de Kafka donde el reclamo o pedido de justicia es un grito silenciado y estéril. Si en algún momento nos quitan el acceso a nuestros datos y por el uso de estas tecnologías perdemos las funciones cerebrales que generan y almacenan conocimientos, nos habrán quitado nuestra humanidad y se convertirán en los dueños del mundo, provocando un gran Alzheimer colectivo .Que no nos roben nuestras memorias en nombre de la falsa eficiencia. Que 100 tipos se queden con el poder y la productividad de 8000 mil millones, no es eficiencia, es esclavitud disfrazada de libertad y sostenida con entretenimiento.
* Dr. Román Alberto Uez, Abogado, Magíster en Derecho Administrativo, Magíster en Tecnología, Políticas y Culturas, y Diplomado Experto en Derecho de la Inteligencia Artificial (Universidad Católica de Murcia e INEAF)



