Del silencio al "feed": ¿leer por placer o para que nos vean?
El nuevo fetiche de las redes consiste en retratarse con un libro en la mano ¿Se trata de una banalización de la cultura o una primavera de las letras? La lectura performática toma la escena.
Un buen libro no es para decorar una repisa o sumar seguidores, sino para transformarnos por dentro.
Freepik.Ha pasado mucho tiempo desde que la lectura era un acto marginal, o un acto clandestino donde se divulgaban ideas subversivas, o solamente el diálogo mudo entre la mente y una página. Hoy, leer es ante todo un espectáculo visual.
Cualquier usuario de redes sociales habrá notado el fenómeno: existen cafés de especialidad que difunden en una pequeña biblioteca ediciones de una editorial independiente, manos sosteniendo un clásico subrayado y marcado con papelitos, videos de jóvenes que lloran ante la cámara al terminar un capítulo o “recomendadores” de todo lo que existe. La sociología de la cultura ha comenzado a llamar a este fenómeno lectura performática: el acto de mostrarse como lector, de construir una identidad pública y sofisticada a través de las portadas que elegimos exhibir. El fenómeno alcanzó su punto máximo cuando la alta costura decidió intervenir. La prestigiosa casa Miu Miu causó revuelo mundial con sus recientes iniciativas literarias, instalando quioscos en capitales europeas donde regalaba libros de Virginia Woolf. Llevar un libro bajo el brazo ha pasado de ser un hábito intelectual a convertirse en el accesorio de pasarela. Como era de esperarse, la tendencia está abriendo un debate incómodo: ¿está bien o está mal este uso del libro?
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Para los sectores más tradicionales, este auge constituye la victoria del esnobismo. Se argumenta que el libro pasó de ser un objeto de conocimiento a un elemento decorativo, un accesorio de moda destinado a proyectar una imagen de intelectual valorizable en "likes". Lo que importa ya no es lo que el texto provoca en el pensamiento, en la persona, sino lo que la foto del libro dice de nosotros en nuestro perfil. En la vereda de enfrente, los defensores de esta movida celebran la pérdida de la solemnidad. Que leer vuelva a ser "cool" gracias a grandes marcas o a los "bookfluencers" baja la literatura de su torre de marfil. Si una foto estéticamente perfecta logra que un joven llegue a Julio Cortázar, a Isabel Allende o a Fiodor Dostoyevski ¿realmente importa el motivo?
Que leer vuelva a ser "cool"
Luis María Cuence, conductor del programa radial Libros Sin Tiempo, observa este cruce entre estética y contenido con una mezcla de picardía y cautela. No hay que alarmarse de más, aunque sí conviene mantener la mirada crítica. En las letras siempre estuvo presente la representación -de hecho, hay un género que es el teatro-. Llevar cierto libro en el colectivo por ejemplo es una declaración de principios. El problema actual es de proporciones. El divulgador señala que el verdadero peligro está en que la superficie opaque la experiencia profunda: Si pasás más tiempo encuadrando la foto del libro con la taza de café que sumergido en el texto, te estás perdiendo el viaje. El peligro no es que la lectura se muestre, sino que la puesta en escena reemplace al silencio y al espacio de intimidad que el libro exige para revelar sus secretos.
Llevar un libro es una declaración de principios
El desafío actual es encontrar propuestas que usen los lenguajes de hoy pero mantengan la fidelidad por el contenido. No se trata de rechazar las nuevas formas de conectar, sino de recordar que un buen libro no es para decorar una repisa o sumar seguidores, sino para transformarnos por dentro. Hay que volver a escuchar a los libros, no solo mirarlos. Precisamente con esta premisa, de recuperar el espíritu crítico y el placer desinteresado de la lectura hicimos junto a Nuria Gómez Videla en programa radial Libros Sin Tiempo”, un faro que se emite los miércoles a las 23 en FM 89,9. A contramano de las modas pasajeras, los libros usados como accesorios de pasarela y las reseñas de quince segundos diseñadas para el algoritmo, Libros Sin Tiempo propone un regreso a las bases: el debate apasionado, el análisis profundo y, sobre todo, el disfrute de la literatura sin importar las tendencias del momento.
Tal vez el secreto no esté en combatir la pose, sino en exigirle algo más. Desafiar al accesorio para que se convierta en idea. Al fin y como sucedía en aquellos tiempos de lecturas clandestinas, el veredicto surge cuando se apagan las pantallas, cuando se vacía la taza café y el lector se queda a solas con la página.
* Luis Cuence.



