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De la "fiaca" argentina a la "fjaka" croata: cuando el descanso se vuelve una herencia emocional

De la fiaca a la fjaka: cuando el descanso deja de ser culpa y se vuelve un acto de bienestar y de conexión con nuestras raíces.

Como especialista en inteligencia emocional, hablo muchas veces de la importancia de la pausa, del autocuidado, de la conexión con el cuerpo.

Como especialista en inteligencia emocional, hablo muchas veces de la importancia de la pausa, del autocuidado, de la conexión con el cuerpo.

Archivo MDZ

Durante años creí que “tener fiaca ” era una forma simpática de decir que no tenía ganas de hacer nada. Una palabra liviana, casi un guiño cotidiano para admitir cansancio o desgano. Pero hace poco leí algo que me detuvo: en Croacia, el país de mis abuelos, existe una palabra muy parecida — fjaka— que no significa flojera, sino todo lo contrario. Fjaka es un estado de bienestar, de calma, de no necesitar nada más que el momento presente.

Cuando descubrí eso, sentí que esa palabra me hablaba. Tal vez porque a mí el ocio siempre me generó culpa. La sensación de que si no estoy produciendo, creando o haciendo, estoy perdiendo el tiempo. Como si el valor personal dependiera de la velocidad o del resultado. Pero fjaka me invitó a mirar distinto. En la costa dálmata de Croacia, vivir la fjaka es casi una filosofía: detenerse sin culpa, dejar que el cuerpo y la mente descansen, y aceptar que no todo tiene que ser acción. Es la pausa como parte del ritmo natural de la vida.

La Fjaka En Croacia es un estado de bienestar

En cambio, nuestra “fiaca” rioplatense, heredera del italiano fiacca, lleva una carga diferente: suena a pereza, a falta de voluntad, a algo que hay que superar. Dos palabras parecidas, dos modos de sentir el descanso. Y ahí, entre esas dos miradas, apareció algo que me interpeló profundamente: ¿por qué nos cuesta tanto permitirnos parar?

FIACA
Durante años creí que “tener fiaca” era una forma simpática de decir que no tenía ganas de hacer nada.

Durante años creí que “tener fiaca” era una forma simpática de decir que no tenía ganas de hacer nada.

La fiaca rioplatense suena a pereza

Como especialista en inteligencia emocional, hablo muchas veces de la importancia de la pausa, del autocuidado, de la conexión con el cuerpo. Pero también sé, porque lo vivo, que la pausa no siempre se siente cómoda. A veces se parece más a un desafío que a un descanso. Quizás por eso me conmovió descubrir que en la lengua de mis abuelos existe una palabra que legitima el arte de no hacer nada. Que no se culpa por detenerse, sino que celebra el estar.

Y entendí que detrás de la “fiaca” que a veces me reprocho, puede haber algo más ancestral: un llamado a recuperar la calma, a escuchar lo que el cuerpo intenta decir. Hoy miro esa palabra con gratitud. No como sinónimo de flojera, sino como una herencia emocional que conecta dos mundos: el del hacer y el del ser.

Y me gusta pensar que, tal vez, aprender a vivir la fjaka sea también una forma de reconciliarme con mis raíces y conmigo misma.

* Verónica Dobronich – Especialista en Inteligencia Emocional y Habilidades Humanas