Cuando el cine deja de confiar en el espectador
La hiperconectividad fragmenta la atención y empuja guiones más explícitos. El cine refleja una sociedad saturada, cansada y dispersa, con cada espectador.
La pregunta incómoda no es si el cine debería cambiar sus guiones.
ShutterstockAlgo está cambiando en el cine contemporáneo y no es solo una cuestión estética o de estilo. Cada vez más películas sienten la necesidad de explicar varias veces su propio argumento, de repetir motivaciones, de subrayar conflictos que antes se comprendían con una mirada, un silencio o una escena bien construida. No es casual. Es un síntoma cultural.
Vivimos en un estado de hiperconectividad permanente. Consumimos contenidos mientras hacemos otras cosas, miramos pantallas con la atención dividida y saltamos de estímulo en estímulo sin pausa. En ese contexto, el espectador se distrae, vuelve a la película y necesita que la historia lo vuelva a ubicar. El guion, entonces, deja de sugerir y empieza a insistir.
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Este fenómeno no habla solo del cine, habla de nosotros
La atención es una capacidad que se entrena o se pierde. Desde la neurociencia se sabe que el cerebro no está diseñado para sostener múltiples focos atencionales al mismo tiempo sin costo. El neurocientífico Daniel Levitin lo advierte con claridad cuando señala que la atención es uno de nuestros recursos mentales más valiosos y que el entorno digital está diseñado para fragmentarla constantemente. Cuando entrenamos al cerebro a vivir interrumpido, también lo entrenamos para la superficialidad. El resultado se ve en la pantalla. Películas que no confían en la inteligencia emocional del espectador. Historias que se explican a sí mismas por miedo a no ser comprendidas. Personajes que dicen lo que sienten en lugar de permitir que el espectador lo intuya. Todo se vuelve explícito porque la pausa, la ambigüedad y el silencio ya no parecen tolerables.
El problema no es solo narrativo, es emocional
Comprender una historia requiere presencia. Requiere estar ahí, disponible, atento. Y esa misma dificultad se replica en otros ámbitos de la vida cotidiana. Cuesta escuchar sin interrumpir. Cuesta leer sin mirar el celular. Cuesta sostener conversaciones profundas, tomar decisiones complejas o habitar el silencio sin ansiedad. El cine siempre fue un espejo de su tiempo. Si hoy necesita repetir su argumento, tal vez no sea por falta de creatividad, sino porque refleja una sociedad saturada, cansada y dispersa. Una sociedad que pide que le expliquen lo obvio porque ya no tiene margen interno para sostener la experiencia completa.
La pregunta incómoda no es si el cine debería cambiar sus guiones. La pregunta es si queremos seguir adaptando la cultura a nuestra distracción o si estamos dispuestos a recuperar algo que estamos perdiendo. La capacidad de prestar atención no es un lujo ni una habilidad secundaria. Es la base de la comprensión, de la empatía y del pensamiento crítico. Si todo necesita ser explicado una y otra vez, tal vez el verdadero guion que está en crisis no sea el de las películas. Tal vez sea el de nuestros hábitos, nuestra forma de consumir y nuestra relación con el tiempo y la presencia.
Y eso, a diferencia del cine, no se resuelve con una escena repetida.
* Verónica Dobronich, Autora de “Desconectame por favor” Como escapar de la presión de las redes sociales y la hiperconectividad.


