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Cómo es vivir en silla de ruedas en 2026: "Empecé a ver un mundo hostil"

La historia detrás de un mendocino que hace más de una década aprende a moverse por un mundo que, en gran medida, todavía no fue diseñado para él.

Roberto Martínez vive en silla de ruedas hace más de 15 años y relata cómo es su día a día en un mundo que no está preparado para todos.

Roberto Martínez vive en silla de ruedas hace más de 15 años y relata cómo es su día a día en un mundo que no está preparado para todos.

Rodrigo D'Angelo / MDZ

Roberto Martínez tiene 52 años, es desarrollador de software, está casado y tiene dos hijas. Y hace más de una década que ve el mundo desde una silla de ruedas. Su historia se volvió viral en las últimas semanas a través de su cuenta de TikTok @rengobandido, donde muestra cómo se mueve por Mendoza a bordo de una moto adaptada. Pero detrás de esa imagen de ingenio y autonomía hay otra historia, menos celebrada y más incómoda: la de cómo es moverse por una ciudad que, en gran medida, todavía no fue diseñada para quienes viven como él.

"Empecé a ver un mundo muy hostil para los rengos", dice Roberto, usando el término con el que él y su entorno se nombran sin vueltas. Y aclara: no siempre fue así. "Cuando uno camina, igual que ustedes, no presta atención a si los lugares son accesibles o no. Nunca se fija si hay escalones", explicó en entrevista para MDZ.

Cuando el mundo cambia de escala

La Ley 24.314, sancionada en 1994, fijaba plazos concretos para adaptar edificios y transporte. Treinta años después, el cumplimiento sigue siendo parcial.

La Ley 24.314, sancionada en 1994, fijaba plazos concretos para adaptar edificios y transporte. Treinta años después, el cumplimiento sigue siendo parcial.

La silla de ruedas, que llegó a la vida de Roberto a los 37 años por la progresión de su distrofia muscular, fue también la lente con la que empezó a ver los obstáculos que antes le eran invisibles. El primer impacto fue el más simple y el más cotidiano: querer entrar a un local de ropa.

"Iba al centro, quería comprarme ropa y no podía entrar. Me atendían en la vereda. ¿Cuál querés? Y yo sin poder ver nada desde afuera", relató Roberto sobre una situación que cuesta creer, pero a la que él está acostumbrado.

Los probadores, una vez dentro, suelen ser demasiados chicos, es decir que, tampoco están pensados para personas que tienen que utilizar una silla de ruedas para movilizarse. Lo mismo ocurre en los locales de comida. Roberto asegura que suele ir a estos lugares a cuestionar sobre qué nivel de accesibilidad tienen: "Voy por la lista: ¿tienen carta en braille? No. ¿Alguien sabe lengua de señas? No. ¿Baño adaptado? Tampoco", resume sobre lo que suelen ser sus visitas a diferentes espacios públicos.

"Algunos dueños de los locales me saltaron al cuello. Me dijeron que ellos no iban a hacer una rampa por una minoría. Pero no se trata de eso. Se trata de hacer un mundo para todos", explicó Roberto.

Sus sugerencias, que ofrece de manera concreta y sin dramatismos, son sencillas. Por ejemplo, una rampa de madera portátil, que el local puede guardar adentro y poner cuando alguien la necesite. Un baño donde basta sacar un tabique interior para que entre una silla. Una barandita al lado del inodoro. "¿Cuánto sale una rampa de madera? Nada. Es una cuestión de querer", resumió.

La ley está, el cumplimiento no

Roberto ha vivido situaciones de todo tipo con respecto a la accesibilidad en la vida cotidiana. Es por eso que decidió moverse en esta moto adaptada para no tener que depender de nadie.

Roberto ha vivido situaciones de todo tipo con respecto a la accesibilidad en la vida cotidiana. Es por eso que decidió moverse en esta moto adaptada para no tener que depender de nadie.

Lo que Roberto describe no es solo una cuestión de buena voluntad. Existe un marco legal que lo regula. La Ley Nacional 24.314, sancionada en 1994 y reglamentada en 1997 mediante el Decreto 914, modificó el sistema de protección a personas con discapacidad y estableció como prioridad la supresión de barreras físicas en espacios urbanos, edificios de uso público y medios de transporte.

La ley es detallada: fija anchos mínimos de veredas, pendientes máximas para rampas, dimensiones de baños accesibles, requisitos para ascensores y hasta especificaciones para los asientos en micros y aviones. Para el transporte público, la norma fijaba un plazo de renovación progresiva que debía culminar con el 100% de la flota adaptada para 2002. Para los edificios públicos, el plazo de adecuación total era de tres años desde la sanción. Estamos en 2026.

El problema que señala Roberto no es la ley en sí, sino la distancia entre lo que dice el papel y lo que pasa en la calle. El artículo 3° de la norma invita a las provincias a adherirse, pero no las obliga. Y sin adhesión, la habilitación municipal de un local puede no exigir ningún estándar de accesibilidad. "El municipio, cuando habilita un local, debería por lo menos avisar: esto no es accesible, pero acá tenés empresas que pueden ayudarte con una rampita", planteó Roberto como posible solución.

Él conoce ese engranaje desde adentro. Trabajó durante años en el área de discapacidad del gobierno provincial. Y desde ese lugar sabe que las intenciones no siempre alcanzan.

"Puedo decirles que se puede hacer muchísimo más. Lo que pasa es que no hay presupuesto. En el área de discapacidad, el presupuesto nunca es suficiente y siempre hay más necesidades que recursos. Mis compañeros de trabajo querían hacer cosas, pero sin plata no se puede avanzar como uno quisiera." Y aun así, creo que vamos encaminados. Hay más conciencia que antes", señaló respecto a la sociedad.

El micro, el avión y la aventura de salir

Roberto en el micro urbano que tomó por primera vez en treinta años. Seis pasajeros tuvieron que bajarse para ayudarlo a subir.

Roberto en el micro urbano que tomó por primera vez en treinta años. Seis pasajeros tuvieron que bajarse para ayudarlo a subir.

Roberto no se queda con el diagnóstico. Sus experiencias concretas de movilidad en transporte público son, quizás, el relato más elocuente de la brecha que todavía existe.

Hace poco decidió tomarse un micro urbano, algo que no hacía desde hacía treinta años. "La rampa bajó torcida y quedó así, era imposible. Tuve que esperar a que se bajaran seis personas para que me ayudaran a subir. Con razón los que estamos en silla no salimos de las casas. Es como si te largaran a vos en otro planeta", ejemplificó Roberto.

El micro de larga distancia, directamente, está vedado. La ley prevé un elevador para sillas de ruedas en los vehículos de larga distancia, pero Roberto lo tiene claro: "Si querés viajar, tenés que ir en el lugar donde va el equipaje. Y si necesitás ir al baño durante el viaje, olvidate", relató.

El avión no es mucho mejor. "Un día y medio antes de volar, casi dos días, casi no tomo agua y no como nada. Para hacer el viaje. Porque si necesito ir al baño en el avión, olvidate. Entonces me deshidrato controladamente, vuelo, llego y ahí como. Una persona sin discapacidad ni piensa en eso antes de un viaje", señaló.

Esas historias, contadas sin victimismo pero con la precisión de quien las vivió, son parte del contenido que Roberto empezó a compartir en redes. El mensaje detrás no es de queja, sino de visibilización. "Quiero que la gente con discapacidad diga: ah, podemos hacer cosas. Se puede salir. O por lo menos darles esperanza, que no está todo perdido."

Una familia que acompaña

Las hijas de Roberto saben de memoria qué lugares son accesibles y cuáles no. Lo aprendieron solos, mirando a su papá moverse por el mundo.

Las hijas de Roberto saben de memoria qué lugares son accesibles y cuáles no. Lo aprendieron solos, mirando a su papá moverse por el mundo.

El impacto de vivir en silla de ruedas, dice Roberto, no se mide en escalones ni en rampas rotas. Lo mide en lo que absorbieron sus hijas sin que él tuviera que enseñarles nada.

Las dos crecieron viendo al mundo desde la misma perspectiva que su padre. Y hoy, cuando van a un lugar nuevo, hacen el cálculo de forma automática.

"Van a entrar al baño y dicen: papá no va a poder entrar acá. Saben si el lugar es accesible antes de que yo pregunte. Ya lo tienen incorporado", cuontó Roberto.

Es, quizás, la imagen más fiel de lo que significa crecer junto a alguien que navega un mundo que no fue pensado para él. Y también, sin que nadie lo haya planificado así, la mejor forma de garantizar que la próxima generación lo vea diferente.