Claudio Morresi: "Diego Maradona me hizo un caño y fue hermoso"
El exjugador repasó sus inicios en Huracán, el Mundial juvenil con la 10 de Diego, la gloria con River y su visión sobre el legado de Diego Maradona.
Claudio Morresi
Agustín Tubio / MDZClaudio Morresi no solo fue un talentoso futbolista argentino: también es testigo privilegiado de una época inolvidable del fútbol nacional. En esta entrevista, repasa su camino desde las calles de Parque Patricios hasta la gloria con River, sin olvidar el impacto de Maradona, con quien compartió cancha y una anécdota imborrable: el caño que le hizo Diego.
Con una mirada sensible y reflexiva, Morresi también habla sobre el significado de vestir la celeste y blanca, su amor por Huracán, su admiración por Miguel Brindisi y la emoción irrepetible de hacer feliz a miles con un gol.
Mirá la entrevista completa a Claudio Morresi
-En 1981 heredaste la "10" de Maradona para un Mundial juvenil. ¿Cómo fue esa experiencia?
-Fue un momento de enorme orgullo y también de mucha presión. Esa camiseta no era cualquier camiseta: había sido la de Diego en el Mundial juvenil de Japón, donde Argentina salió campeón y él se consagró ante el mundo. Tenerla puesta era asumir una responsabilidad simbólica muy fuerte. Viajamos a Australia con un equipo impresionante: Martino, Tapia, Goycochea, Claudio García... pero el fútbol tiene sus imprevistos. Nos volvimos en primera ronda por diferencia de goles. Fue frustrante, sí, pero al mismo tiempo fue una experiencia que me marcó para siempre. Jugar con la celeste y blanca, con ese número en la espalda, fue algo que me dio una identidad.
-Te enfrentaste a Maradona. ¿Cómo fue ese cruce?
-Fue en mis primeros años en Huracán, cuando Diego ya jugaba en Boca. Yo era joven, y enfrentarme a él fue como enfrentar a un mito en construcción. En una jugada, creí que iba a dar un pase, me adelanté para cortar la pelota y él, con una simpleza mágica, hizo un pequeño toque que la descolocó totalmente y me la pasó entre las piernas. Me hizo un caño, y aunque en cualquier otro contexto eso podría resultar humillante, en este caso fue casi un honor. Fue una de esas jugadas que te enseñan que estás ante alguien distinto. No todos pueden decir que Diego les hizo un caño.
-¿Sentías esa energía especial de Maradona cuando lo veías?
- Diego tenía algo indescriptible. Era una mezcla de carisma, presencia y magnetismo. Donde entraba, se transformaba en el centro de atención sin proponérselo. Lo vi muchas veces en distintos ámbitos, y siempre pasaba lo mismo: todos querían acercarse, saludarlo, hablarle. Recuerdo un evento donde había muchos campeones del mundo y estrellas del fútbol argentino, y sin embargo todos hacían fila para sacarse una foto con Diego. Esa admiración que generaba en sus pares era impactante. No era solo un ídolo para el público, lo era también para los que compartieron vestuario con él.
"Diego siempre tenía una atracción, ingresaba a un lugar y todos lo mirábamos"
-¿Cómo viviste su partida?
-Fue un golpe muy duro. Sentí que se iba una parte de la historia del fútbol argentino, pero también una parte de nuestra identidad como pueblo. Las filas interminables de gente para despedirlo me impactaron. Me hizo pensar en lo que Diego significó para millones de personas. No solo fue un futbolista extraordinario, también fue un hombre comprometido, con ideas fuertes, con convicciones. Podría haber elegido un camino más fácil, pero prefirió defender lo que pensaba, incluso si eso lo perjudicaba. En un mundo donde muchos optan por el silencio, Diego hablaba, y eso lo vuelve eterno.
-¿Cómo fueron tus comienzos en Huracán?
-Muy humildes pero llenos de sueños. Desde chico acompañaba a mi papá y a mi hermano caminando hasta la cancha. Era una tradición familiar, pero también una construcción de identidad. Veíamos los partidos y al volver jugábamos en casa con una pelota hecha de papel. No teníamos recursos, pero sí mucha imaginación y pasión. Imaginábamos jugadas, goles, partidos enteros. Debuté con la 8, que en ese entonces era un número con vocación ofensiva, y más adelante usé la 10. Mi ídolo era Miguel Brindisi. Tenía una foto suya en mi habitación. Y un día, el sueño se volvió real: jugué con él. No hay palabras para describir lo que sentí.
-Pasaste de Huracán a River. ¿Qué significó ese salto?
-Fue un cambio radical. River era otra escala: desde la infraestructura hasta la exigencia. Recuerdo que al principio tenía un auto viejo y sentía que no daba la talla para llegar al Monumental en él. Todo en River era grande: el club, la hinchada, los objetivos. Y me tocó formar parte de uno de los equipos más importantes de su historia. Ganamos la Copa Libertadores por primera vez, dimos la vuelta en la cancha de Boca... Fue una época de gloria. Cada partido era una historia distinta, y formar parte de eso fue un privilegio enorme.
-Compartiste equipo con Francescoli. ¿Cómo era jugar con él?
-Era una clase de fútbol distinta. Enzo no era solo un gran jugador, era un compañero que te facilitaba todo dentro de la cancha. Tenía una técnica exquisita, una visión de juego envidiable. Podía definir una jugada él solo o hacerte un pase para que vos lo hicieras. Elegancia pura. Te devolvía una pared con precisión, bajaba una pelota con el pecho y te la dejaba servida. Había otros delanteros efectivos, claro, pero Enzo tenía una sensibilidad especial. Era un lujazo compartir equipo con él.
Fue una persona admirada por miles de millones
-¿Disfrutaste tu carrera?
-Muchísimo. A pesar de las dificultades y de haberme retirado joven por lesiones, siento que viví todo con intensidad. Logré cumplir el sueño de miles: jugar al fútbol profesional, hacer goles, emocionar a la gente. Y eso no tiene precio. Hay una imagen que me acompaña siempre: patear una pelota, ver que entra al arco, escuchar el grito de la hinchada, ese rugido colectivo... Es algo que te marca para toda la vida. Me siento afortunado de haber sido parte de esa alegría popular.

