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Claudio Burgos, el cirujano que volvió a Mendoza para salvar corazones

Claudio Burgos formó sus manos en Suecia y EE.UU. pero aplicó su ciencia en Argentina. Su testimonio sobre los milagros cotidianos de la cirugía cardiovascular.

Claudio Burgos, referente en cirugía cardiovascular.

Claudio Burgos, referente en cirugía cardiovascular.

Marcos Garcia / MDZ

El prestigioso cirujano cardiovascular Claudio Burgos, director del Hospital Italiano, relató en MDZ Radio su trayectoria. Formado en Suecia y EE.UU., eligió volver a Mendoza para crear un centro de referencia. Explicó los avances en trasplantes —con un 90% de éxito— y detalló la complejidad de su especialidad, consolidándose como un referente que priorizó el servicio en Argentina.

En una cálida charla con Verónica Jorge, Burgos repasó su vida en un programa especial de Impacientes.

La herencia y la formación de Claudio Burgos

La vocación médica es de familia. “Mi padre era médico, profesor de la Facultad de Ciencias Médicas, y fue investigador científico de muy alto nivel en el Conicet”, recordó Burgos. Aunque su padre esperaba que siguiera sus pasos en la investigación, él eligió otro camino: “Yo no quise de ninguna manera dedicarme a la investigación, me atraía muchísimo la parte asistencial y dentro de lo asistencial mi desafío mayor era lo más complejo”.

Su formación lo llevó lejos de Mendoza. “Yo estudié acá en la Facultad de Ciencias Médicas de Mendoza y me especialicé en Estocolmo, en Suecia, y después en Estados Unidos, y después hice otra rotación por Inglaterra para el tema de los trasplantes cardiopulmonares”. Pese a las oportunidades en el exterior, su decisión fue regresar: “¿Por qué volví? Son cosas difíciles… En realidad en Estados Unidos tuve muchas ofertas para quedarme, pero me tiraba mucho volver”.

Actualmente, su equipo de Cirugía Cardiovascular, del cual es jefe, está formado por profesionales de alto nivel, entre ellos sus dos hijos: Pablo y Martín Burgos.

El regreso y el desafío

Su vuelta, en 1986, marcó el inicio de un proyecto ambicioso. “Volví a Mendoza, donde viví siempre… empecé a trabajar el 22 de septiembre [de 1986] y desde entonces, ininterrumpido, hemos trabajado en el Hospital Italiano que se hizo un centro de referencia para cirugía cardiovascular en el oeste del país”. Armarlo no fue sencillo y requirió superar “altibajos como todo en el país”. Sin embargo, su balance es positivo: “En la resultante final no me arrepiento para nada de haber vuelto”.

Escuchá la entrevista completa:

Claudio Burgos en MDZ Radio

El hito del trasplante

Uno de sus mayores logros fue realizar el primer trasplante cardíaco en la región en 1990. “Lo hice en 1990… tenía treinta y pico de años”, señaló. Destacó que la trasplantología “requiere de muchísimo andamiaje periférico. Necesito tener servicio de infectología, servicio de terapia, servicio de hemoterapia… y muchas cosas”. Ese primer caso “fue un éxito y el paciente vivió unos cuantos años después de ese trasplante”.

Explicó que el éxito actual de estos procedimientos se debe a enormes avances: “Se descubrió un inmunosupresor nuevo que se llamaba ciclosporina A… Todo esto nos permite controlar el rechazo celular… de tal manera que nosotros no le generemos un sida medicamentoso al receptor”. Hoy, la mortalidad ronda “alrededor del 8 o 10%. O sea que hoy, el 90% de los casos andan bien”.

La cirugía cardiovascular hoy

Al ser consultado sobre la donación de órganos, se refirió al impacto de la legislación actual: “La ley Justina hace que todos sean donantes, salvo que ellos mismos expresen lo contrario. Hay menos trabas administrativas a la hora de que aparezca un donante”.

Más allá de los trasplantes, describió las intervenciones más frecuentes. “La enfermedad coronaria es una de las enfermedades más comunes. El famoso bypass, que es lo que inventó Favaloro, es de las cirugías más frecuentes. También los enfermos valvulares, donde las válvulas se esclerosan, a muchos por fieroaromática y otros por cardiosclerosis, y hay que repararlas o reemplazarlas por una prótesis en el caso de que se pueda”.

Con la precisión de quien ha dedicado su vida a este órgano, Burgos cerró una de sus explicaciones comparando: “El tejido neurológico, cuando muere… el cerebro muere en 3 minutos… El corazón muere en 6 horas. El pedazo que se infarta”. Una diferencia vital que define su labor diaria.