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Científicos del Conicet descubrieron un oso perezoso gigante que convivió con humanos en Brasil

Un equipo liderado por el Conicet logró reconstruir casi por completo a un perezoso gigante que vivió junto a los primeros humanos en Sudamérica.


El Ocnotherium giganteum es un megamamífero extinto: una especie de oso perezoso terrestre gigante que vivió en Sudamérica hace decenas de miles de años, durante el Pleistoceno, después de los dinosaurios. Recientemente se produjo el descubrimiento de un nuevo ejemplar de Ocnotherium giganteum que no solo impacta por su tamaño, sino por lo que revela.

Durante casi 200 años, esta especie fue un verdadero enigma para la ciencia. Apenas se conocían tres dientes aislados, lo que generó confusiones sobre su identidad y clasificación. Hoy, gracias a un equipo internacional liderado por investigadores del Conicet, ese misterio empezó a resolverse con un nivel de detalle pocas veces visto en paleontología.

Este perezoso gigante formó parte de la megafauna sudamericana, un conjunto de animales enormes que convivieron con los primeros humanos que llegaron al continente. El estudio permitió reconstruir casi el 90% del esqueleto de este animal y entender cómo vivía en los últimos momentos del Pleistoceno.

De un hallazgo excepcional a una investigación única

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El paleontólogo Cástor Cartelle en Brasil.

El trabajo que permitió reconstruir al Ocnotherium giganteum no es uno más dentro de la paleontología. Según explicó el investigador François Pujos a MDZ, se trata de un caso poco común incluso para especialistas con décadas de trayectoria.

“Es el tipo de investigación que yo voy a hacer cinco veces en mi vida, así que vale la pena su difusión”, aseguró el paleontólogo franco-argentino, quien lideró el estudio. Su frase refleja la magnitud del hallazgo: un animal de hasta dos toneladas que hasta ahora era prácticamente desconocido.

La clave estuvo en una colección única reunida durante décadas por el paleontólogo Cástor Cartelle en Brasil. “Él tiene una colección gigantesca… más de 20.000 especímenes inéditos”, contó Pujos a MDZ, destacando el valor de ese material acumulado y poco estudiado.

Un rompecabezas armado a lo largo de décadas

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François Pujos en Brasil con la colección de fósiles del perezoso gigante.

A diferencia de otros descubrimientos, este no surgió de un hallazgo puntual sino de años de trabajo acumulado. Cartelle exploró cientos de grutas en Brasil y en solo unas pocas encontró restos de este animal, lo que marca su rareza.

“Él visitó como 100 grutas en toda su vida y este animal lo encontró en dos nada más”, explicó Pujos a MDZ. Esa distribución limitada refuerza la idea de que se trataba de una especie muy localizada y difícil de encontrar.

Esa misma rareza hace que el hallazgo sea aún más valioso. “No se va a encontrar otro, sería muy casual”, agregó el investigador, dejando en claro que este tipo de descubrimientos no suelen repetirse.

Cómo era este gigante de dos toneladas

El Ocnotherium giganteum no tenía mucho que ver con los perezosos actuales. Aunque pertenecen al mismo grupo, su forma de vida era completamente distinta.

“Los perezosos actuales… no tienen nada que ver”, explicó Pujos. “Estos podían pesar dos o tres toneladas, no subían a los árboles y caminaban”, detalló, comparando su comportamiento más cercano al de un gran mamífero terrestre.

El estudio confirmó que se desplazaba principalmente en cuatro patas, con un cuerpo robusto y adaptado al suelo. También tenía características únicas, como una dentición distinta y una estructura ósea que lo diferenciaba de otros perezosos gigantes.

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El análisis tomográfico del Ocnotherium giganteum.

Uno de los puntos más llamativos del trabajo fue el uso de tomografías para analizar el interior del cráneo. Esto permitió reconstruir partes que no se conservan directamente en los fósiles.

“Es como un tomógrafo médico… pero aplicado a los huesos”, explicó Pujos a MDZ. Gracias a esa tecnología, los investigadores pudieron ver estructuras internas como el cerebro, los nervios y el oído.

“Reconstruimos el cerebro… y eso permite saber cómo vivía el animal”, agregó. Por ejemplo, detectaron que tenía un olfato muy desarrollado, clave para su supervivencia.

Un animal que convivió con humanos

El estudio también aporta información sobre la relación entre estos gigantes y los primeros habitantes de América. Algunos restos presentan marcas que indican intervención humana.

Esto sugiere que el Ocnotherium giganteum formó parte de la dieta de los primeros grupos humanos, aunque no se sabe si era cazado o carroñeado. Ese dato lo ubica en un momento clave de la historia, cuando la megafauna comenzó a desaparecer en un contexto de cambios climáticos y expansión humana.

Una historia científica que cruza generaciones

Además del hallazgo en sí, el estudio tiene un componente humano fuerte. Participaron científicos de distintas edades y trayectorias, algo poco habitual en este tipo de investigaciones.

“Lo lindo es que hay cuatro generaciones de paleontólogos trabajando juntas”, destacó Pujos a MDZ. Desde Cartelle, de 88 años, pasando por Gerardo De Iulis canadiense de origen italiano viviendo en Toronto de unos 60 años, François de 54 años y un aprendiz del franco-argentino Alberto Boscaini de 38 años.

Esa combinación permitió llevar adelante un trabajo largo y complejo que hoy se traduce en una reconstrucción sin precedentes. Como resumió el propio Pujos: “El animal es fantástico… y el trabajo fue enorme”.