Cambiá tu clima interior y hacé magia en los ambientes que habitás
El clima externo no lo elegimos. Pero el clima interno, sí. Y ese clima que llevamos dentro de cada ambiente, esto también se contagia.
Lo que respiras, lo que se dice, lo que se calla.
Gentileza.Multitudinaria, calor, llena de risas, juegos, helados, sombrillas, familias enteras disfrutando. ¿Qué cambió? El clima. Y con él, los ambientes. ¡¡Nada más ni nada menos!! Solo la temperatura hace del Ambiente un giro de 360 grados. Basta con caminar por la playa, un día soleado en pleno julio, para entenderlo.
Basta con caminar por la playa, un día soleado en pleno julio, para entenderlo. La arena está desierta, el mar se escucha como único habitante y apenas unos perros o algún humano solitario rompen la escena. Enseguida, pienso y aparece el contraste: la misma playa en verano.
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La arena está desierta, el mar se escucha como único habitante y apenas unos perros o algún humano solitario rompen la escena. Enseguida pienso y aparece el contraste: la misma playa en verano. Así como el clima define lo que puede o no pasar en una playa, los ambientes que habitamos moldean lo que somos, lo que sentimos, lo que hacemos. No da igual. El ambiente importa, también en la escuela, en el trabajo, en la casa de nuestros padres o abuelos. Importa en los detalles: en los olores, los tonos de voz, los gestos, ¡la sonrisa! Los silencios. Importa en lo que se dice y también en lo que no.
El clima interno, es nuestro
Vamos a lugares con expectativas, creyendo que allí ocurrirá algo especial… y a veces no sucede nada. Nos volvemos con ese sabor amargo de lo que pudo ser y no fue. En cambio, otras veces, lugares simples nos sorprenden y se vuelven memorables. Porque el ambiente se carga de emociones, de personas que miran, que escuchan, que te hacen sentir que estás ahí, que sos importante.
No es lo mismo un docente que acaricia con sus palabras que uno indiferente. No es lo mismo llegar a una casa donde te abrazan y te esperan con una sonrisa, que entrar a un lugar donde apenas notan tu presencia. Todos recordamos el olor a sopa o comida de la casa de los abuelos. Ese simple aroma convierte el ambiente en un refugio al que siempre queremos volver.
Y así como hay lugares que nos nutren, hay otros que nos desgastan. Por eso es tan importante cómo cuidamos el ambiente, cómo lo creamos entre todos. Porque somos parte del clima que se respira. En casa, en el aula, en el barrio. Somos semilla y también tierra.
Volvé a imaginar la playa. Desierta, silenciosa, infinita. Podés ir solo, a recordar, a pensar, a agradecer. O podés estar allí en pleno verano, rodeado de ruidos. Pero en ambos casos, lo que vos sentís, lo que vos hacés, también transforma el ambiente.
Los ambientes importan
Lo que respiras, lo que se dice, lo que se calla. No todo depende de vos, pero vos siempre podés ser parte del buen clima. No siempre elegimos el clima que nos toca. Pero siempre podemos elegir el clima que llevamos dentro. Y ese… transforma cualquier ambiente.
* Lic. Erica Miretti. Psicóloga, docente neuropsicoeducadora.

