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Café Cortázar: un refugio literario en Palermo

Café Cortázar, un refugio literario en Palermo, abrió sus puertas y ya se convirtió en un punto de encuentro para amantes de la lectura y la buena gastronomía.

El Café Cortázar está en José A. Cabrera 379, Palermo, Ciudad de Buenos Aires.

El Café Cortázar está en José A. Cabrera 379, Palermo, Ciudad de Buenos Aires.

Secretaría de Cultura de la Nación

Lo que son las cosas, hay un café que se llama Cortázar en Medrano y Cabrera, conocidísimo, y al que le han hecho cientos de reseñas, pero que yo, de puro provinciana o distraída, no saba que existía ¿podés creer? que falta de calle, por favor. Pero sucedió que caminaba al acaso, aburrida, y fui a dar con él, me lo llevé por delante, digamos, y antes de que me diera cuenta ya estaba adentro, sumergida en tus cartas, cinco tomos de unas seiscientas páginas cada uno. Porque tienen tus cartas, te cuento, y todos tus libros; y fotos y caricaturas y por todas partes frases tuyas que son relámpagos de alegría y melancolía y asombro.

No entiendo por qué cierta gente tiene que morirse -se me dio por respirar con dificultad-, deberían ser la excepción que confirma la regla. Menos mal que en una mesa estaba Alejandro Parra, el gerente comercial, que si no me apuraba se iba a ir -me pasaron el dato los mozos- y la charla con él fue una cordial manera de anclarse a la compacta realidad, soleada y fría al mismo tiempo.

Alejandro Parra y la cultura de los cafés en Venezuela

Parra es venezolano y técnico radiólogo y con igual precisión parece ocuparse de “velar por todos”, como dice (personal, pedidos, cajas). En Venezuela no existe la cultura de los cafés pero se toma ron y licores a toda hora, en las esquinas.

En el café Cortázar, en cambio, la vida fluye. Vienen los médicos del Hospital Güemes a almorzar o a tomarse un cafecito, los de la UTN, una universidad cercana, dan conferencias y estudiantes de escuelas suelen a veces invadirlo a la hora del desayuno y la merienda. Pensé que eso te gustaría: cincuenta chicos subiendo por una escalera de madera antigua y crujiente a la sala de arriba. La escalera como un pasaje a otro tiempo y otro espacio, "a otro cielo" vos dirías; un mundo Cortázar y no colegio siempre igual, excepto hoy.

Café literario con impronta de autor

Café literario con todas las de la ley, como quería el equipo que lo empezó junto al dueño, Pablo Duran, tienen catorce cafés y bares ahora, el último en abrirse, El Dorrego frente a Plaza Dorrego, en San Telmo.

Para el Cortázar, adquirieron objetos y muebles en subastas y hoy podemos disfrutar de una hilera de mesitas redondas para dos, muy estilo francés, y al costado contra las ventanas, de las típicas mesas cuadradas laminadas porteñas.

Un espacio para la lectura y la charla

¿Y para los parroquianos fieles o los que van o vienen de teatros cercanos? ¿O los turistas? Para ellos está la Biblioteca con tus cuentos y tus cartas recopiladas por Aurora Bernárdez, talleres, o la posibilidad de simplemente sentarse a charlar, o escribir o lo que quieran, con un café con exquisitas medialunas, platos fríos y calientes o picadas: Picada Rayuela, Deshoras, Bestiario, Octaedro....puedo imaginarte riendo con cierta incredulidad.

Releo, y todo me parece tan insustancial ahora que lo escribí, tan indigno de vos y de un lugar llamado Cortázar, que apenas me consuela pensar que las intenciones valen, que yo anhelaba, no sé, aferrar algo que era hondo, que era mucho más que esta planicie, sin haber logrado dar el brinco, finalmente... Un poco como escribiste en "Rayuela" y han copiado en un cartel frente a donde estoy sentada con mi propio café con medialunas: "La vida como un comentario de otra cosa que está ahí al alcance del salto que no damos".

El Cortázar está abierto de ocho a dos de la mañana. Digo, porque vos sos capaz de cada cosa, que por ahí se te da por darte un salto para acá alguna nochecita de estas.

José A. Cabrera 379 Palermo CABA. Café y libros.

Buenos cócteles. Platos vegetarianos. Exquisitas medialunas.