Presenta:

90 años de la Academia Nacional de Bellas Artes y una historia compartida con el Fondo Nacional de las Artes

La muestra en la Casa Victoria Ocampo rescata el legado de la Academia y su histórica alianza con el Fondo Nacional de las Artes.

Marchi J. Iconoclastas

Marchi J. Iconoclastas

Gentileza.

La exposición "90 años de la Academia Nacional de Bellas Artes. Un recorrido por su patrimonio", inaugurada esta semana en la Casa Victoria Ocampo, sede del Fondo Nacional de las Artes, trasciende el homenaje institucional para recordar una de las alianzas más fecundas de la cultura argentina.

La muestra reúne pinturas, esculturas, dibujos, grabados, documentos históricos y publicaciones que permiten recorrer la trayectoria de una institución creada en 1936 para promover el desarrollo de las artes, asesorar al Estado y contribuir a la preservación del patrimonio artístico nacional.

El presidente de la ANBA Sergio Baur y el presidente del FNA Tulio Andreussi Guzmán en la inauguración.

El presidente de la ANBA Sergio Baur y el presidente del FNA Tulio Andreussi Guzmán en la inauguración.

Pero el hecho de que esta celebración tenga lugar precisamente en la sede del Fondo Nacional de las Artes invita a recordar un capítulo compartido que marcó durante décadas el reconocimiento de los artistas argentinos: el Premio Palanza.

La fachada del edificio de la ANBA en el barrio de Palermo

La fachada del edificio de la ANBA en el barrio de Palermo

Durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX, el Premio "Dr. Augusto Palanza" fue uno de los galardones más prestigiosos de las artes visuales argentinas. Nacido gracias al legado del médico y mecenas Augusto Palanza, tras el fallecimiento de los benefactores la Academia Nacional de Bellas Artes asumió su organización, mientras que el Fondo Nacional de las Artes aportó la financiación necesaria para garantizar su continuidad. De esa manera, dos instituciones con misiones diferentes pero complementarias unieron esfuerzos para sostener un premio que pronto se convirtió en un verdadero sello de excelencia.

Ari Brizzi,

Ari Brizzi, "Interferencia"

No era un concurso destinado a descubrir jóvenes promesas. Por el contrario, el Palanza distinguía trayectorias ya consolidadas. Obtenerlo significaba ingresar a un grupo de artistas cuya calidad era reconocida por los propios pares, en una época en la que los premios constituían uno de los principales mecanismos de legitimación cultural.

José Marchi,

José Marchi, "Iconoclastas" (una de las obras expuestas)

La nómina de distinguidos explica por sí sola el prestigio alcanzado por el galardón. Entre los pintores premiados figuran nombres fundamentales de la plástica argentina como Raquel Forner, Héctor Basaldúa, Raúl Soldi, Enrique Policastro, Leopoldo Presas, Carlos Cañás, Luis Seoane, Leonidas Gambartes, Kenneth Kemble, Josefina Robirosa, Rómulo Macció, Miguel Ángel Vidal, Ary Brizzi, Clorindo Testa, Vicente Forte y Zdravko Dumeli, entre otros. La escultura, a su vez, estuvo representada por figuras igualmente relevantes, entre ellas Pablo Curatella Manes, José Fioravanti, Aurelio Macchi, Aldo Paparella y Antonio Pujía.

Alberto Lagos,

Alberto Lagos, "Cabeza de muchacha" (fundición Valsuani)

Más que una enumeración de nombres

El Premio Palanza terminó convirtiéndose en una radiografía de la evolución del arte argentino. A través de sus distintas ediciones puede seguirse el tránsito desde los grandes maestros de la figuración hasta las búsquedas abstractas, geométricas, expresionistas e informalistas que caracterizaron desde finales de la década del 1950, las del 1960 y 1970. No resulta casual, entonces, que la exposición por los noventa años de la Academia permita reconocer obras incorporadas gracias a premios, legados y donaciones. La historia del patrimonio de la institución no puede separarse de esos mecanismos de estímulo a la creación artística, entre los cuales el Premio Palanza ocupa un lugar central.

Guillermo Roux,

Guillermo Roux, "Bailarina" (colección AMBA)

Con el paso de los años, ese premio fue sucedido por el Premio Alberto J. Trabucco, financiado a partir del legado del propio artista y administrado por la Academia Nacional de Bellas Artes. Sin embargo, el Palanza conserva un valor histórico singular porque testimonia una etapa en la que la Academia y el Fondo Nacional de las Artes trabajaron de manera coordinada para sostener uno de los mayores reconocimientos que podía recibir un artista argentino. La muestra inaugurada en la Casa Victoria Ocampo recuerda esa historia.

“Pétalos “, Jorge Gamarra (premio Palanza, 1981)

“Pétalos “, Jorge Gamarra (premio Palanza, 1981)

Basta observar las obras reunidas para comprender que detrás de ellas existe una trama de concursos, adquisiciones, legados y políticas culturales que contribuyeron a construir el patrimonio artístico del país.

Raúl Soldi,

Raúl Soldi, "El break"

En tiempos en que las instituciones culturales suelen analizarse únicamente desde la perspectiva presupuestaria, la conmemoración de los noventa años de la Academia Nacional de Bellas Artes ofrece una enseñanza distinta. La cultura también se construye mediante la continuidad institucional, la cooperación y por sobre todo el empuje de directivos comprometidos en el quehacer diario.

* Carlos María Pinasco es consultor de arte.

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