Nelson Castro: "Siento una gratitud enorme de haber llegado hasta aquí"
En un nuevo ciclo de Entrevistas MDZ, Nelson Castro habló de su trayectoria dentro del periodismo argentino. Lo que comenzó como una vocación en la secundaria se convirtió luego en una pasión, donde aprendió el oficio primero a través del periodismo deportivo, en épocas donde no existía la libertad de expresión, mientras además se formaba como médico. Luego, no sólo se especializó en neurología sino en periodismo. A través de un móvil, comenzó su reconversión en periodista político.
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Nelson Castro fue testigo de algunos de los eventos más trascendentales de las últimas décadas hasta convertirse en uno de los referentes del periodismo político y de cobertura internacional. Hace poco celebró sus 70 años y pronto cumplirá 50 dentro del periodismo. Con su gran experiencia, que va desde coberturas mundialistas a trincheras de guerra y la caída de las Torres Gemelas, en esta entrevista nos cuenta un poco de todo: su recorrido, sus aprendizajes y la vigencia de su pasión por contar historias.
-Me interesa mucho tu carrera periodística. Fuiste virando por un montón de aspectos, sos medico también, cubriste un montón de eventos en distintas partes del mundo. Como periodista deportivo hablaste de que tuviste que ir a ese lado por la censura que había por la dictadura militar
-Había dos cosas. A mí me gustaba mucho el periodismo deportivo, yo soy muy aficionado al deporte, sobre todo al fútbol. Hago actividad física, actividades deportivas, así que me encantaba. Esa fue la primera vocación. Yo había hecho, en el periodismo escolar, cosas vinculadas con el deporte, por lo tanto, naturalmente me sentí inclinado a eso. Después las circunstancias quisieron que, debido a los durísimos años en los cuales me tocó trabajar —los años de Isabel Perón y la dictadura cruel— el único ámbito en el cual se podía trabajar con libertad era el periodismo deportivo. Se dieron esas dos conjunciones. Eso me permitió una formación en el oficio. Yo estudié en la escuela del Círculo de Periodistas Deportivos, fenomenal, que realmente agradecí muchísimo.
-¿Cómo fueron esos primeros años donde mencionas que te dio mucho de oficio porque trabajaste con Fioravanti, estuviste en la radio, cubriste partidos, era distinta la forma también en la que se cubría en ese entonces? ¿Cómo recordás esos años?
-Con gran alegría y emoción. Hoy cuando veo todas las cosas, digo: qué suerte tuvimos nosotros. Nosotros trabajamos, entrábamos al vestuario, hablábamos con todos, más allá de la dificultad del que quería hablar y el que no. Se trabajaba, además, con una libertad enorme, una actitud de crítica mucho mayor a la que yo encuentro hoy. Y además, una de las cosas fantásticas que a mí me permitió fue viajar. A mí me permitió conocer toda Latinoamérica el periodismo deportivo y ese fue un capital que aún hoy yo valoro, porque cuando se habla de tal o cual, tengo el recuerdo de cosas que vi y viví en aquel momento, que después tuvieron gran importancia para entender lo que iba a pasar y lo que pasa.
-¿Alguna vez pensaste en volver al periodismo deportivo cuando viraste a la televisión, no pensaste no ahora, pero en aquel entonces cuando fuiste a la televisión?
-No, a pesar de que alguna vez hubo alguna cosa de decir: “Bueno, Nelson, a lo mejor te contratamos para comentar algún partido.” Digo: no, ya está. Yo lo hago habitualmente en los espacios en los cuales estoy, pero, por supuesto, cuando viene el Mundial obviamente el tema de conversación futbolístico se impone y eso bueno, yo lo manejo con familiaridad. Siempre me gusta. Por eso, eso hizo que en el 2014 fuera a cubrir la final de la selección argentina con Alemania en el Mundial. Esas cosas esporádicas pasan, pero hoy el fútbol tiene un componente no solamente deportivo, sino un componente social y un componente político muy fuerte, que el conocimiento de toda esa trama —no solamente del juego— totalmente a mí me sigue ayudando.
-¿Cómo fue esa transición de periodismo deportivo a periodismo político? Sé que te formaste en Estados Unidos, ¿vos querías periodismo político específico o tu idea era uno general?
-A medida que fueron pasando los años y que, obviamente, con mi carrera como periodista deportivo pude viajar más y conocer más, en aquel momento, como no había política, muchos políticos encontraban en los clubes de fútbol la vía de hacer “política”. El cambio fue brusco porque lo que ocurrió fue que, para el 30 de octubre de 1983, como había pocos movileros —el móvil en la calle era algo muy raro en las radios de aquel momento—, más allá de Rivadavia, Del Plata y Continental, que eran las radios privadas, ¿no es cierto? Porque el tema de la censura... imaginate vos salir un movilero a la calle y escuchar a alguien con un micrófono que despotricaba contra el gobierno militar. Entonces hubo necesidad de movileros y Arturo Cavallo vino a buscarme para hacer de movilero en Radio El Mundo; a otros los fueron a buscar para otros lados. Afortunadamente las cosas me fueron muy bien y eso marcó el cambio de mi carrera, bruscamente. Yo ese día terminé la transmisión, me acuerdo. A cargo de la transmisión había estado Juan Bautista “Tata” Yofre y me dijo, siempre me acuerdo: “Nelson, hoy nació una carrera nueva para vos.”
Así que rápidamente tuve esa oferta de trabajo y ahí, cuando empecé, me di cuenta que me faltaba formación, que me apasionaba el periodismo político, pero me di cuenta que me faltaba formación sociológica, económica y política. Por eso, gracias a un amigo que inesperadamente me presentó a una beca, me pude presentar a una beca que tuve la suerte de ganar, y eso me dio un componente formativo muy importante.
-De eso te quería hablar, de tu vida profesional en Estados Unidos y esta formación que mencionás. ¿Cuánto tiempo estuviste allá y cómo viviste esa experiencia?
-Estuve dos años y meses. Yo ya tenía planeado ir para hacer mi especialización médica en neurología, así que lo iba a hacer un año y dos meses, y se transformó en dos años y medio prácticamente. La experiencia formativa que tuve en la beca del World Press Institute —que hoy, lamentablemente, no tiene esa dimensión— en aquel momento duraba prácticamente un año. No solamente me permitió viajar por todo el país y tener cursos; hice un curso de economía política en Harvard, otro de sociología en Minnesota y otro de ciencias políticas en Chicago. Me permitió trabajar. Yo trabajé en los medios, yo trabajé en PR, trabajé en la NBC, hice algunas cosas en el Washington Post. Así que eso me dio una formación teórica y práctica de ver, en aquel momento, el periodismo estadounidense estaba en un momento de apogeo fenomenal. Sobre todo, además, en un momento bisagra en el desarrollo de la tecnología, que me permitieron vivir cosas de avanzada con criterios profesionales y estándares profesionales muy importantes y muy altos que yo acá no conocía y que después fueron una guía en mi carrera hasta hoy.
-Siguiendo la relación que tenés con Estados Unidos, te quería consultar sobre los hechos relevantes que te tocó cubrir en la historia del país. ¿Cómo fue trabajar y cubrir estos eventos desde ese lugar?
-Mirá, fue una cosa fantástica, fue también un agregado en mi carrera, digamos, porque obviamente en lo que era mi carrera la idea de las corresponsalías surgieron el 11 de septiembre de 2001. El hecho de ser yo ahí, en lo que terminó siendo el único periodista argentino de radio y de televisión que estaba en el lugar y que pudo estar en el lugar —porque ahí Nueva York se cerró cinco días y no pudo ir nadie— fue una prueba de fuego, por una parte, que afortunadamente salió fantásticamente bien y abrió una nueva veta en mi carrera que llevó a esta cosa. La cobertura de corresponsal siempre es apasionante, porque el corresponsal son los ojos del lugar al cual vos representás. Eso te posibilita estar en contacto con lo intrínseco de lo que pasa, con la gente y con los protagonistas de los hechos. Eso hoy, además, con la tecnología es fantástico, porque antes vos no podías transmitir la llegada de un presidente; hoy transmitirlo en vivo, mostrarlo en vivo, te da una posibilidad de impacto enorme y te crea una responsabilidad enorme. Le da a la tarea una adrenalina única.
-Hablés del 9/11, ¿cómo fue la cobertura no sólo a nivel periodístico sino también a nivel humano?
-Fue un encuentro de sensaciones, primero porque, como yo siempre digo, yo había estado en el lugar donde impactó el segundo avión el día anterior, hablando con unos expertos analistas en temas de economía internacional. No es que eran amigos míos, pero los conocía, así que imaginate, yo dije: mirá, impactó acá, se murieron, se salvaron. Fue una hora en la cual todavía no abrían las oficinas, no habían llegado, así que fue una cosa muy fuerte, porque además yo tengo amigos allí y ese día me inquietó saber qué estaba pasando. Entre mis amigos tengo amigos médicos que estuvieron involucrados en todo el tema del rescate, del socorro y atención de las víctimas, así que fue una vivencia muy poderosa. Yo vi las bolsas negras porque pude acceder a algunos de los hospitales. Así que, junto con eso, el desafío profesional de darle exactitud y certeza a un acontecimiento sobre el cual había pocas certezas y se decían muchas cosas inexactas. Ahí me ayudaron —vuelvo otra vez a aquella beca en el año 85 del World Press— enormemente los contactos, 16 años después, que había quedado de gente que vos conocés en un determinado momento y decís: “Mirá, Fulanito está trabajando en el Departamento de Defensa, Menganito está como corresponsal en la Casa Blanca”. Eso me dio un surplus de contactos que, por supuesto, le dieron una característica única que la gente valoró. La gente apreció que yo, en esa cobertura, hubiera sido diferente.
-Después de tu paso a la televisión, ¿es el medio donde te sentís más cómodo o es donde mejor sentís que te desenvolvés? Sino también desde el punto de vista de lo que viste como un paso más en tu carrera.
-Me siento muy cómodo en los tres. Son distintos. La radio tiene un elemento que es la comunicación; el contacto que tenés con la gente tiene una llegada y una cercanía que no tiene la televisión. La televisión tiene el fenómeno de la mostración y del vivo y en directo, es decir, estar en la guerra de Ucrania, estar mostrando en el frente de batalla, habiendo podido llegar allá, al lado de los que están disparando y demás. Eso es una cumbre del periodismo, insuperable. Cuando tenés eso, la adrenalina que tenés es impactante, porque lo que vos vivís y el impacto que produce no tiene dimensión. La gente que me escribe de esa cobertura me dice: era una película, y sí. Hoy la tecnología te está permitiendo vivir algo que no puede superar ninguna película.
-¿Cada uno te aportó desde distintas partes?
-Por supuesto, pero hay fenómenos que son únicos. La guerra es, como siempre digo, para los fotógrafos y la televisión.
-¿Cómo fue ir a Ucrania, visitar esos lugares y visibilizar la situación?
-Fue impactante porque, además, tuvimos un riesgo de vida real tanto el día que estuvimos en el frente como el día que estuvimos ese 31 de diciembre, que creíamos que iba a ser pacífico, y la bomba cayó a 100 metros de donde estábamos. Mirá, se generaron dos cosas. Allí tenés la vivencia de lo que es la guerra en su momento extremo, cuando la vida está en riesgo. Haber vivido eso fue una adrenalina única. Y, segundo, te permite transmitir el horror de la guerra, estar ahí, compartir esa tensión, no solamente estar viéndolo, sino saber que vos sos un blanco. Eso fue una experiencia única y, como te decía, insuperable. Te permite valorar en lo personal las cosas que vos tenés y te permite dimensionar el horror de la guerra, sobre todo frente a lo que es la crueldad de la guerra, que, como siempre digo, la deciden dos o tres personas en un escritorio y la sufren las personas, el resto de los mortales, en su vida todos los días.
La caída de las Torres Gemelas, para mí, marcó el comienzo del siglo XXI, en un momento en el cual se creía que las guerras no iban más, después de la caída del Muro de Berlín y demás. Demostró que la condición humana no cambia con sistemas, y fíjate vos las guerras que hubo desde el 2001. Todas estas expectativas, bueno, se cayó el Muro de Berlín, la Guerra Fría terminó, no hay más guerras en el mundo. Mirá vos cómo estamos hoy.
-Hace poco fue tu cumpleaños, donde se te hizo un festejo en Radio Rivadavia y también recibiste muchos reconocimientos a lo largo de tu carrera. ¿Cómo vivís este tipo de gestos donde se te demuestra tanto afecto y se te reconoce por todo esto que contas?
-Lo vivo con mucha emoción y con un agradecimiento a la vida. Primero, por el afecto de la gente, a quien nos debemos, y a los colegas. Segundo, porque yo veo en retrospectiva. Me pasaba el otro día, cumplí 70 años, que es algo en la vida. Entonces te acordás de un montón de cosas, porque yo, además, este año cumplo 50 años de carrera, junto con eso. Por supuesto, te parece increíble. Si yo te tuviera que decir, que el otro día lo pensaba, pero mirá, es una película, porque es lo que yo soñé, y haberlo logrado te da un sentimiento de plenitud y de agradecimiento a Dios y a la vida enorme, porque muchos otros lo habrán querido y seguramente lo habrán soñado y lo habrán pensado, y a veces las circunstancias te permiten lograrlo o no. Yo a veces pienso: estuve acá, estuve allá, qué increíble. Así que me genera una enorme plenitud y una enorme gratitud a Dios y a la vida, de sentirme tan pleno y con tanta energía, y una enorme gratitud también de haber podido llegar hasta aquí, habiendo logrado eso.
-¿Consideras que sos parte de un grupo por ahí de grandes periodistas argentinos o te consideras una persona muy reconocida dentro del ámbito?
-Mirá, siento que lo soy. Eso lo que me genera es un sentimiento de profunda gratitud y humildad. Obviamente, una enorme responsabilidad, porque vos sabés que cuando estás ahí, hay una expectativa por generar estas cosas. Así que, siento esto, profundamente agradecido y humilde, en cuanto a esto que siempre digo: no creértela. En cuanto a saber que siempre hay cosas por delante por hacer y que tenés que tener proyectos, y que todo lo hecho es importante, pero a la hora de hacer nuevas cosas es como si no lo hubieras hecho. Nosotros en la carrera como en la vida, tenés desafíos permanentes.
-Hablando de esto que decís, la importancia que le das a la comunicación, ¿crees que sigue existiendo la objetividad de la que se habla dentro del periodismo o crees que es un valor que se fue perdiendo, con esto de llegar primero a la noticia?
-No, los hechos son los hechos. Hoy es viernes, eso es indiscutible. Ahora, vos podés decir: me gusta el viernes, no me gusta el viernes, qué lindo día es el viernes, qué feo día es el viernes, pero el viernes es viernes. Los hechos son sagrados, los hechos son los que son. Nuestro desafío es mostrarlo con la mayor claridad y amplitud posible para que la gente lo vea, lo escuche y lo sepa. Después están las opiniones, lo que te pasa y demás, pero los hechos son los hechos. Es indiscutible. Nosotros tenemos que apegarnos a eso, porque este fenómeno de este relativismo de la verdad es peligroso, no solamente para la profesión. El principal desafío que tiene el periodismo hoy es frente a modas sociales, de la gente de poder y demás, y de intentar destruirlo. Por algo se lo quiere destruir al periodismo: es por su valor. Entonces, la objetividad existe y la subjetividad también, y el periodismo confluye en las dos cosas.
-Siguiendo un poco la consulta de la objetividad en los medios y de los medios tradicionales, vemos muchos comunicadores volcados a otros tipos de medios y otras formas de comunicación. ¿Cómo ves el cambio del rol del comunicador y si te interesa participar o cómo lo ves desde la experiencia que vos tenés?
-Es muy interesante. Cada tanto me invitan a algún streaming, pero no tengo tiempo. A mí me parece una nueva forma de comunicación, me parece siempre fantástica como nuevas oportunidades. Creo que hay también períodos de evolución, creo que ahora hay un boom del streaming y después, en algún momento, eso se va a —ojalá duren todos, no es cierto— pero se va a estabilizar. Yo creo que eso demuestra la vigencia del periodismo. Creo que, si bien tiene en muchos casos un enfoque de nicho, de decir: este es más de acá y este es más de allá, mientras que yo pertenezco a una formación de decir: mirá, nosotros estamos por arriba de lo militante, somos periodistas, son dos cosas distintas. El periodismo no es militancia. Yo creo, es mi convicción, que todo eso le va a dar al periodismo, todo eso que hacen acá, un valor insuperable e interminable. Va a haber siempre necesidad del periodismo, eso sí, de calidad. Esa va a ser la exigencia, cada vez mayor. Pero insisto, todos esos fenómenos a mí me reconfirman la convicción de que el periodismo, como lo entendemos en su esencia, tiene una larga vida.
-¿Lo ves como una evolución a los medios tradicionales?
-Sí, por supuesto. Los medios tradicionales se van a ir nutriendo. Hacemos un programa de radio con el streaming y demás, con otros parámetros que tienen validación porque la gente los sigue escuchando y lo sigue viendo. A mí una de las cosas que me impacta —y sobre todo, yo lo hablo mucho en el canal— es que, cuando vos le reflejás las cosas importantes, la cantidad de gente joven que me dice: “Nelson, te vi con lo de Ucrania”. Cuando vos tenés esa visión de reflejar los hechos, atraviesa todas las edades.
-Hablás de que te sentís vigente dentro del periodismo, ¿te ves desenvolviéndote mucho más tiempo y hacer esto de viajar a hacer coberturas?
-Espero que sí, si Dios me da salud, espero que sí, porque tengo muchos proyectos, de cosas, de estar, y afortunadamente me siento muy bien de salud y eso es un elemento fundamental. Siempre les digo a los chicos jóvenes: cuídense la salud y tengan una vida sana, porque eso después te pesa en tu vida y en una profesión tan activa como esta. Así que sí, proyectos tenemos muchos: de viajar, tenemos la idea de volver a Ucrania e ir a Medio Oriente, tenemos cosas de envergadura para hacer, con la adrenalina del riesgo. Eso lo tenemos permanentemente en agenda.
-Sos médico también. Después de que te volcaste de lleno al periodismo, ¿no volviste a ejercer o no te intereso tal vez volver a hacerlo?
-No, yo extraño mucho la medicina y siempre me gustaría. Cada tanto alguno me consulta, digamos, como médico de consulta estoy activo y ocurre, y me ocurre varias veces al año. Ya no puedo tomar responsabilidad del paciente. Yo sigo muy actualizado en la profesión, yo estudio mucho medicina. Muchas veces me consultan: “Nelson, mirá, tengo a mi familiar...”. En lo que fue el Covid, me tocó hacer, ni más ni menos, lo que fue un verdadero honor y responsabilidad: el canal me designó para hacerme cargo de la responsabilidad de la información. Fueron dos años de un contacto con la medicina intensisimos. Así que, la profesión no se deja nunca. La medicina no la dejo nunca. Cuando vos las cosas las sentís, puede que tengas que ejercerla o hacerla, o no tener el rol protagónico en lo que es la praxis, pero el contacto con ella no lo perdés nunca.
-Tenés un libro sobre la salud de los papas. Tuvimos al papa Francisco muy enfermo durante varias semanas y ahora recibió el alta. Te falta ese capítulo, ¿qué podés contarnos como médico?
-De la salud del Papa está todo escrito después de la entrevista. Eso ha significado para mí un hecho también histórico. El Papa me eligió como el periodista para escribir un reportaje sobre su salud, que representó el primer reportaje en toda la historia que se le hacía a un Papa hablando de su salud. Así que el libro tiene el reportaje con él hasta el año 21, así que tengo no sólo antes, sino ahora también. Por suerte el Papa está bien, se está recuperando. Fue muy duro lo que tuvo. Hubo allí algunas cosas todavía no claras de por qué se demoró su internación, y ese es un capítulo que seguramente voy a escribir prontamente, porque realmente me resulta inexplicable que un hombre de 88 años haya estado expuesto, con una bronquitis, durante dos a tres semanas al frío, con los riesgos que eso conllevaba. Hoy está mejor, pero no está totalmente curado y habrá que ver si logra la recuperación total o no. Con lo que esto significa no solamente para su salud, sino también para la salud política de un Papa. Así que hay en el Vaticano una situación muy compleja, de evolución imprevista e incierta, que va a estar atada al nivel de recuperación que tenga el Papa, que ojalá sea una recuperación completa.
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