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Cómo ayudamos a los niños a que aprendan a leer

El aprendizaje de la lectura y la escritura concierne principalmente a la escuela, pero el rol que juega el entorno familiar también es fundamental.

Cuáles son las actividades cotidianas que podemos implementar para acompañar este proceso de aprendizaje de la lectura. Sabemos que estamos ante una situación crítica respecto de la alfabetización inicial y avanzada de los niños y niñas. Así lo demuestran las pruebas Aprender tomadas en 2023 (este es el último dato disponible) que indican que el 11,9% de los niños y niñas de sexto grado no alcanzan el nivel básico esperado para su edad, y el 21,7% solo alcanza el nivel básico. Catherine Snow, la psicóloga y lingüista estadounidense que participó del III Congreso Internacional de Alfabetización y Comprensión Lectora organizado por Wumbox, habla del modelo del triángulo para explicar cómo se da el proceso de alfabetización. El modelo señala que hay que trabajar sobre el desarrollo de dos ejes, el del principio alfabético y el de las competencias lingüísticas, sostenidos por un tercer eje que es el de la motivación. 

El principio alfabético es, según lo describe Milagros Tapia Montesinos (doctora en Educación de la Universidad de Navarra), la comprensión de que hay una relación entre las letras y los sonidos. Para poder hacer esta relación entre letras (grafemas) y sonidos (fonemas), los niños tienen primero que adquirir conciencia fonológica, esto es darse cuenta de los sonidos que componen las palabras del discurso oral. La competencia lingüística hace referencia a la capacidad de usar el lenguaje oral y escrito de manera efectiva, a través del desarrollo del vocabulario y de las estructuras del lenguaje. 

Sabemos que estamos ante una situación crítica respecto de la alfabetización inicial y avanzada de los niños y niñas.

Estas habilidades se enseñan explícitamente en la escuela

En jardín de infantes los niños y niñas empiezan a trabajar la conciencia fonológica a través de rimas, canciones, juegos. En los primeros años de primaria se hace foco en el aprendizaje de las letras y su relación con los sonidos para que los estudiantes puedan empezar a leer y escribir  palabras. Ahora bien, el aprendizaje tiene que estar sostenido por la motivación, por el interés. Claro que a veces puede resultar difícil prender la llama de la curiosidad por la lectura, más en tiempos como estos donde la satisfacción inmediata y la facilidad de acceso que nos brinda lo audiovisual es la norma. Pero no es poco lo que podemos hacer, desde los espacios escolares y desde el hogar para contagiar el gusto por lo escrito. 

Ariel Cuadro, el psicólogo uruguayo especialista en lectura y escritura, sostiene que el entorno alfabetizador, es decir, las familias y lo que sucede fuera de la escuela, es fundamental en el proceso de aprender a leer y a escribir. Él se refiere a la presencia del lenguaje en los contextos extraescolares sobre todo en los hogares: ¿se dialoga, circula la palabra? ¿Hay contacto con libros, revistas? ¿Hay escritura (por más pequeña que sea, de listas, de notas)?. A continuación mencionamos algunas prácticas que pueden ser útiles tanto para fomentar la motivación por lo escrito, como para desarrollar la conciencia fonológica y las competencias lingüísticas. 

Cómo encender la motivación: Mostrar el sentido: cómo me sirve escribir

Los niños y las niñas tienen un entusiasmo natural por participar del mundo de los más grandes. Por eso cuando nos ven leer o escribir quieren participar de esa actividad y convertirse ellos también en escritores. Tal vez no entiendan por qué lo hacemos, cuál es el propósito y la utilidad. Por eso es bueno eventualmente mencionar el sentido que tiene escribir: “estoy anotando las cosas que tengo que hacer esta semana para no olvidarme”, “le voy a dejar un mensaje a papá para que no se olvide de comprar leche”, “¿por qué no le hacemos una carta a la abuela por su cumpleaños?”. La idea detrás de este hablar sobre escribir es mostrarles el sentido que tiene, cuál es la utilidad de escribir. También podemos hacerlos partícipes de nuestro acto de escritura a la hora de hacer la lista del supermercado (“¿Vos querés que te compremos algo?” “Voy a hacer la lista de compras, ¿qué ponemos?”). 

En los primeros años de primaria se hace foco en el aprendizaje de las letras.

Escuchar los intereses

Otra forma de inocular la motivación por la lectura y la escritura es hacer caso a los temas que les interesan y mostrarle cómo la lectura de libros o de artículos de revista o libros, puede ayudarlos con sus intereses. Cuando son más chiquitos podemos presentarles distintas temáticas con una enorme variedad de libros, o incluso cuentos orales que podemos encontrar en distintas plataformas de internet. A medida que van creciendo podemos ir buscando con ellos los temas que más les interesan y buscar textos sobre eso. Cuando están en primaria, podemos insistir para que las búsquedas de información sean a través de lo escrito, en libros o digitalmente. Un consejo importante es tener una idea de qué es lo que está a su alcance, cuáles son sus posibilidades de lectura, porque si les damos un texto demasiado largo, sin dibujos, tal vez eso los descorazone antes de arrancar. Es mejor arrancar por libros con poco texto o invitarlos a leer una parte y otra leerla nosotros, con el objetivo de generar una experiencia placentera de la lectura. 

Jugar con el sonido de las palabras

El desarrollo de la conciencia fonológica es peculiar porque requiere que paremos a reflexionar sobre eso que usamos tanto, que es el lenguaje oral. Para darnos cuenta de que las palabras tienen su propio “material” tenemos que dejar de pensar en el sentido que tienen y dedicarnos solo a escuchar para poder ir aprendiendo cómo desglosar los sonidos que están dentro de una palabra. Desde casa podemos acompañar el desarrollo de esta conciencia fonológica repitiendo algunas actividades que hacen en el jardín: escuchar canciones que trabajan sobre la percepción del ritmo y del sonido, recitar rimas poniendo el acento más que en el sentido en el sonar de las palabras y en los sonidos que se parecen; jugar juegos con los sonidos de las palabras, como “tengo un barquito cargado de palabras que empiezan con P”. Estas actividades acompañan el desarrollo de la conciencia fonológica. 

Dibujar, amasar, pintar

El dibujo, libre o guiado, los libritos para colorear o de actividades con grafismos son una manera entretenida de practicar la motricidad fina que se requiere para luego trazar las letras. No hay que desesperar y saber que el trazo firme y claro puede llevar su tiempo, no sale de un día para el otro. El juego con masas o con distintas texturas, como arena, los juegos de enhebrar son otra forma de trabajar la motricidad fina, los movimientos precisos de los dedos que será necesario tener entrenados para escribir. 

El desarrollo de la conciencia fonológica es peculiar porque requiere que paremos a reflexionar sobre eso que usamos tanto, que es el lenguaje oral.

Hablar, hacer que circule la palabra

Tal vez sea cierto que hoy en día hablamos menos que antes, en el sentido de que el ritmo de la vida y las tecnologías que hemos sumado nos sacan tiempo de interacción con otros, nos tienen enfrascados en un entretenimiento individual que no favorece el diálogo. Para poder comprender textos, es necesario primero comprender el mundo que nos rodea, poder ponerle palabras, nombrarlo. Y para eso es necesario que hablemos entre nosotros y con los niños. 

Podemos aprovechar las situaciones más pequeñas: un viaje en colectivo o en auto, una espera para hacer algún trámite, el momento de la comida para conversar. Podemos contarles algo de nuestro día y hacerles preguntas chiquitas acerca del suyo (“¿a qué jugaste hoy en el recreo?”). Podemos aprovechar las películas, videos o series que compartimos con ellos para pedirles que nos cuenten qué pasa, de qué se trata, qué opinan al respecto. De esta manera estamos fomentando el desarrollo del habla, empujándolos a que armen un razonamiento verbal y vayan en busca de nuevas palabras.