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Sueños, capitalismo y redes sociales: necesitamos volver a soñar en un relato capitalista con sentido humano

Las necesidades humanas se convierten en deseos. Los deseos que persisten en el tiempo, se vuelven sueños.
El consumo debe ser un logro diario y realizarse a través de un acto lento y disfrutable, al servicio del cuerpo y de la mente. Foto: Archivo MDZ
El consumo debe ser un logro diario y realizarse a través de un acto lento y disfrutable, al servicio del cuerpo y de la mente. Foto: Archivo MDZ

Los períodos exitosos del capitalismo industrial fueron esos en los que se logró hacer realidad los sueños de gran cantidad de ciudadanos. Aquello se consiguió erradicando el hambre, el frío, la enfermedad, brindando educación y vivienda. Todo el mundo quiere ser parte de un sistema donde se cumplen pequeños sueños y donde somos reconocidos como seres importantes para la sociedad y el Estado. Ello fue posible por el avance científico-tecnológico sustentado en un rigor epistemológico muy estricto, metodológico, de baja velocidad, donde la validación de la eficacia de los conocimientos era fundamental. La verdad y la ciencia caminaban juntas.

Cumplir sueños más sentirse reconocido y apoyado por el Estado, es condición esencial para que los ciudadanos crean en un proyecto económico-político a largo plazo que pueda traer desarrollo a un territorio. Observen a China. Una vez alguien, que vivió en un asentamiento precario, me contó que cuando era pequeñita, se dormía por las noches en su diminuta casa de techo de chapa, mirando al cielo por la ventana, pidiendo que vinieran los extraterrestres para llevarla a otro planeta o que apareciera un abogado y dijera que tenía una gran herencia para cobrar que le había dejado su padre que jamás conoció.

Los períodos exitosos del capitalismo industrial fueron esos en los que se logró hacer realidad los sueños de gran cantidad de ciudadanos.
  • ¿Cuánto dolor debe haber sentido esa niña para querer abandonar el planeta e ir a una civilización desconocida?
  • ¿Cuánta falta de todo lo material sentía, para pensar que una herencia podía ser su única solución? No soñaba con juguetes ni con juegos de niños. Ella presentía que su destino estaba sellado, que no tenía ninguna otra alternativa que huir a otro planeta o ser millonaria.
  • ¿Estaba equivocada? Creo que no.
  • ¿Cuántos chicos habrá hoy, con sueños que no son de niños?
  • ¿Cuántas inocencias destruidas por la economía y la política impuestas por el tecnofeudalismo?

Hoy, las redes sociales principalmente y los medios de comunicación, son los que moldean los sueños de niños, niñas y jóvenes, en dirección hacia los valores e intereses de los capitalistas tecnofeudales. Las redes nos alejan de nuestra realidad diaria, nos hacen creer que estamos cerca de lugares distantes. Nos muestran que, supuestamente, tenemos posibilidades infinitas, cuando nuestros recursos y tiempo sin finitos. Así, tenemos niños jugando, absortos, violentos juegos de guerra, naturalizando de a poco el acto de matar y a jóvenes endiosando el dinero rápido, que puede venir de inversiones irreales en criptomonedas o del juego con apuestas legales e ilegales, gastando su dinero o el de sus padres o practicando estafas en internet, empleado o sicario de los narcos. Las niñas deseando ser bellas para que algún príncipe azul las rescate o poder lucrar con su belleza en Onlyfans, vendiendo sus imágenes íntimas, que quizás le quitan la dignidad para toda su vida.

Todo parece organizado para destruir cualquier intento de construir dignidad personal de niños, niñas y jóvenes. Comprender lo que es la dignidad, y ejercitarla, es un camino seguro a la libertad personal y a la soberanía del país. Sin embargo, prefieren no recorrer ese camino y asumir que la única dignidad posible, emana de poseer dinero. El Dios es el dinero fácil y rápido, sin esfuerzo, sin preparación educativa, sin inversión de tiempo, sin realizar ningún trabajo o creación de productos o servicios de valor. Dinero generado casi en un acto de magia y gastado en objetos o  experiencias superfluas, que vacían la existencia convirtiéndola en vida sin sentido.

Hoy, las redes sociales principalmente y los medios de comunicación, son los que moldean los sueños de niños, niñas y jóvenes.

De esta forma, todo lo deseable es superfluo: fiestas, mansiones de lujo, autos de alta gama, ostentosos yates, alcohol, drogas, sexo en todas sus variantes, viajes, apuestas por dinero de todo tipo, etc. No se disfruta el consumo, sino la exhibición de estar consumiendo. Todo tiene una velocidad que impide saborear los objetos y las experiencias. El acto de consumo de un objeto o experiencia debe ser lento, pleno de observación y con la percepción de todos los sentidos. El acto de consumo debería ser el disfrute de un logro, un momento de paz y deleite por lo conseguido.

El consumo se ha convertido en acto de exhibición en vez de disfrute, porque tiene como propósito la aceptación social y la pertenencia de clase: consumo bienes y servicios caros o lujosos, luego existo. EE.UU. y UE han convertido a su población en sujetos de consumo de productos y servicios no validados en forma adecuada epistemológicamente, con el solo fin de la rentabilidad de las empresas que producen. Ya no se forman ciudadanos saludables, educados, cultos, con vidas con sentido sino sujetos para el consumo sin valores ni fin.

De tal modo, consumen comidas que no nutren sino que enferman, remedios que no curan sino que ocultan la enfermedad o la agravan, escuelas privadas y universidades que no enseñan sino que reparten títulos, drogas legales e ilegales que adormecen el dolor del vacío y sobre todo abundante vida digital en juegos o redes sociales adictivas, que nos roban el tiempo presente, con el fin de apoderarse de nuestros datos y de esta forma manipularnos, comercial, financiera, política y electoralmente. Un ciudadano enfermo por lo que come, que no puede curarse con la medicina tradicional, que trata el síntoma y no la enfermedad, sin educación ni cultura y adicto a la digitalidad en juegos o redes sociales, es el ser perfecto para generar constantemente datos y rentabilidad. Es un esclavo no consciente del capitalismo financiero, que genera fortunas en base a la destrucción de su cuerpo y de su mente,  mediante sus propios consumos.

El acto de consumo debería ser el disfrute de un logro, un momento de paz y deleite por lo conseguido.

Destruir sus ciudadanos para obtener rentabilidad es la trampa que llevará a la decadencia a Occidente. Sin ciudadanos sanos, educados, cultos y físicamente entrenados, esas sociedades no tienen ningún futuro: ya no cuentan con el recurso humano, que es vital para el desarrollo de la ciencia-tecnología. Es por ello que EE.UU y la Unión Europea UE han perdido la batalla tecnológica frente a China y la guerra frente a Rusia. El 38 % de los expertos en Inteligencia Artificial IA de EE.UU son chinos: sin esos inmigrantes ¿existiría la industria de la IA en EE.UU?. El ciudadano formateado para consumir, no puede construir conocimientos ni hacer trabajos de alta concentración, no tiene cuerpo para combatir en una guerra. Su cuerpo y su mente están enfermos, no pueden aprender porque su mente perdió la atención, concentración, memoria y capacidad de cálculo. Su físico no tiene ni fuerza ni coordinación, no es capaz de resistir actividad física intensa, menos aun un combate en una guerra. ¿Por qué la mayoría de los soldados de EE.UU son personas de raza negra o inmigrantes? ¿Por qué la gran mayoría de sus ciudadanos no son aptos para el combate?

El consumo debe ser un logro diario y realizarse a través de un acto lento y disfrutable, al servicio del cuerpo y de la mente. Debe consumirse productos y servicios, verificados en el tiempo, mediante técnicas epistemológicas rigurosas. El consumo debe servir al ser humano, no a la rentabilidad del mercado.  La comida, que es la principal medicina, debe ser ingerida en paz y lentamente, escuchando lo que nuestro cuerpo necesita. Los artefactos, máquinas, sistemas o plataformas de redes, deben ser usados evitando que, mediante el confort que generan, se eliminen o dañen nuestras capacidades físicas y mentales esenciales, como la atención, memoria, concentración y capacidad de cálculo. Nuestro cuerpo y mente deben ser cuidadosamente preservados y cultivados para poder usar sus capacidades hasta el máximo de su potencial.

La velocidad es una cualidad inherente a las finanzas pero incompatible con la epistemología. Sólo el tiempo y el rigor metodológico validan la eficacia de los conocimientos. Tener productos y servicios seguros, requiere mucho tiempo de pruebas eficaces, que van más allá de un par de años de testeos, realizados en una muestra acotada de animales o seres humanos. Digerir toda la información circulante en la red y tratar de separar los datos falsos o incompletos de los verdaderos, con la velocidad con que se mueve, requiere tener la mente clara y despejada. Para ello es clave la alimentación sana, un cuerpo ejercitado y una respiración consciente.

Nuestro cuerpo y mente deben ser cuidadosamente preservados y cultivados para poder usar sus capacidades hasta el máximo de su potencial.

Escuchá a tus abuelos y aprendé de ellos, tienen la sabiduría validada por sus años. Comé comidas no industrializadas. Cociná en casa. Mirá a las chicas del barrio, no a las modelos de Instagram. Caminá y corré todo lo que puedas. Meditá y respirá todas las mañanas, una hora. Hacé deportes con amigos. Limpiá vos tu casa. Mantené vos tu jardín. Leé todo lo que te interese en formato analógico o digital. No uses las redes más de una hora por día. No uses la IA para hacer tus trabajos, sí para verificar tus resultados, como un método de corroboración, no de construcción. Argentina se dirige hacia una crisis económica e institucional fenomenal, causada por el rumbo económico y geopolítico del gobierno, además por sus políticas de destrucción de la educación pública y la ciencia-tecnología, pero si estamos sanos y comprendemos el mecanismo de dominación del tecnofeudalismo, saldremos adelante.

El futuro de Argentina está en sus recursos humanos. Cuidémonos entre todos.

Román Alberto Uez.

* Dr. Román Alberto Uez, Abogado, Magíster en Derecho Administrativo y Magíster en Tecnología, Políticas y Culturas.