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De La Tierrita: la historia de una familia del Valle de Uco que festeja su propia vendimia

Hace 25 años Elías y Adriana plantaron la primera cepa y cada año cosechan con familiares y amigos. Hoy elaboran vino agroecológico. Cómo se vive la fiesta de vendimia de una pequeña bodega.

En el patio de su casa del barrio Juventud Sancarlina, en Eugenio Bustos, se encuentra la pequeña bodega de la familia Derrache Gómez, donde cada año elaboran un vino agreocológico a pequeña escala. A tan solo unos metros de la vivienda se extiende el viñedo que llaman “La Tierrita”, y que en época de cosecha se convierte en escenario de una celebración única: amigos, familiares y vecinos llegan para compartir el ritual de encontrarse y festejar la vendimia

En Mendoza, los festejos de la Fiesta Nacional de la Vendimia finalizaron hace unas semanas atrás. Sin embargo, la cosecha continúa en diferentes puntos de la provincia, ya que la uva no entiende de calendarios oficiales, sino que se rige por sus propios tiempos, determinado por su ciclo natural. En este sentido, el pasado fin de semana la bodega artesanal y familiar “De La Tierrita” celebró su jornada de cosecha

Como cada año, los amigos y vecinos de la familia Derrache Gómez se reunieron para participar de la recolección de las uvas y de la elaboración del vino nuevo. Este festejo fue aún más especial, pues cumplieron 25 años desde que Elías y Adriana plantaron la primera cepa en La Tierrita, con el sueño de elaborar el vino para compartir en los cumpleaños de 15 de sus hijas Ludmila y Sofía. 

La jornada laboral fue intensa. Mientras algunos cosechadores recorrieron la viña de La Consulta, donde la familia tiene algunas hileras, otros recolectaron en La Tierrita, en el viñedo que se ubica a pocos metros de la bodega. En la casa la molienda no paró hasta que se llenó el último recipiente de mosto. También hubo pisada de uva, un método tradicional que convocó a compartir una energía particular entre quienes oficiaron de pisadores. 

Durante la mañana, a medida que pasaron las horas, se fueron sumando nuevos invitados para colaborar en las diferentes tareas. Entre mates y tortitas, cada cual se fue “poniendo al día”. Se vivió la alegría del encuentro, de volver a abrazarse después de un año desde la vendimia anterior. 

Pasado el mediodía, cuando las labores llegaron a su fin, se escucharon los aplausos desde la bodega. Mientras tanto, en La Tierrita, las mesas armadas, el asado a punto y las guitarras afinadas esperaron a los asistentes para vivir el ritual: la fiesta de la cosecha

Los anfitriones de la vendimia en La Tierrita: Elías, Ludmila, Sofía y Adriana.(Alejandrina Zotelo /MDZ)

La ceremonia de este año fue especial. Y es que nadie quiso perderse la celebración por el cuarto de siglo de la bodeguita de los Derrache Gómez. Como es tradición, los amigos de la música ofrecieron su melodía y el canto, los bailarines se unieron a la celebración entre cuecas y gatos; y el vino fue el protagonista del brindis y la unión.  

El asado no puede faltar para cerrar el día de cosecha. (Alejandrina Zotelo /MDZ)

“Este es un emprendimiento que siempre estuvo rodeado de cariño, de amigos, de gente que en su momento nos enseñó cómo era el tratamiento de la planta, cómo era hacer un vino agroecológico. Así que para nosotros es una fiesta increíble cumplir 25 años y estar acá rodeados de tanta gente”, comentó Adriana sobre la celebración que se extendió hasta la noche. 

“Participaron todos los cariños que nos han acompañado durante estos años y que son parte de nuestra familia”, agregó Elías. 

El emprendimiento familiar: la historia 

Elías Derrache y Adriana Gómez comenzaron este emprendimiento hace 25 años cuando plantaron la primera cepa en La Tierrita, una pequeña superficie cercada por el arroyo Yaucha en el distrito sancarlino de Eugenio Bustos. El sueño en aquel momento era poder hacer su propio vino para festejar los cumpleaños de 15 de sus hijas Ludmila y Sofía, que en ese entonces tenían 4 y 1 año. 

Adriana Gómez y Elías Derrache se animaron a hacer su propio vino hace 25 años. (Alejandrina Zotelo /MDZ)

“Cuando nuestras hijas eran niñas, pensamos en hacer el vino para cuando cumplieran 15 años. También queríamos tenerlo para compartir entre amigos. Así, sin esperarlo y con las enseñanzas de diferentes vecinos y luego de distintas instituciones, fuimos construyendo nuestra bodega”, cuentan. 

Así llega la uva de La Consulta. (Alejandrina Zotelo /MDZ)

De esta manera, sin conocer sobre el mágico universo de la vitivinicultura, Elías y Adriana iniciaron este sueño. Con los aportes de la comunidad, de viejos viñateros y bodegueros, fueron aprendiendo sobre el cultivo de la vid y sobre cada etapa del proceso de producción. 

En las primeras elaboraciones el sello distintivo era la pisada de la uva, una técnica que actualmente han vuelto a rescatar para hacer vinos rosados y revivir de esta manera una experiencia única. En aquel entonces, además, las botellas se compartían en encuentros y celebraciones. 

La prensa para el vino rosado. (Alejandrina Zotelo /MDZ)

Luego la producción comenzó a crecer y, con el asesoramiento de distintos amigos, decidieron hacer los registros necesarios para la elaboración de vino casero. “La casa, de puertas abiertas, se fue amoldando cada año para la elaboración de vino junto a familiares y amigos. Un día dimos el paso ante el INV y con otros organismos, y allí nos dimos cuenta de que lo que empezó como jugando era ahora un emprendimiento familiar”, recuerda Elías. 

“Con el tiempo nos empezamos a dar cuenta de que era parte de nuestro proceso familiar y  de amistad, pero también empezamos a incorporarlo dentro de nuestra economía familiar”, agrega y resalta que de esta manera comenzaron a comercializar las partidas de vino artesanal, pero además complementaron la actividad con visitas turísticas en el lugar. 

La cosecha en La Tierrita. (Alejandrina Zotelo /MDZ)

Además, con el correr de los años se asociaron a otros pequeños elaboradores y conformaron la cooperativa Uqueños, con el fin de fortalecer el sector y generar una propuesta alternativa en materia de turismo dentro de la región del Valle de Uco. A través de esta figura legal, pudieron adquirir diferentes maquinarias destinadas a la elaboración que son de uso común, como una moledora y una prensa. “Ser parte de ese recorrido nos da mucha alegría”, dicen Elías y Adriana. 

La bodega De La Tierrita se encuentra en el barrio Juventud Sancarlina. Las viñas están ubicadas en los distritos de La Consulta y en Eugenio Bustos (La Tierrita). En las viñas hacen un manejo agroecológico para “elaborar un vino sano y natural”. Actualmente hacen Malbec y una cofermentación de Syrah-Malbec. 

Los tachos van directo a la molienda en la bodega. (Alejandrina Zotelo /MDZ)

“Con estos pequeños viñedos podemos trabajar toda la cadena productiva, no solo dando valor agregado, sino valorizando la actividad al pertenecer a la economía social y local”, comentan. 

La amistad y el amor como bandera 

El paisaje de la bodega De La Tierrita no es como el de las grandes bodegas. Es el barrio, allí donde criaron a sus hijas. Elías y Adriana decidieron construir la bodeguita en el patio de su hogar, que ha sido testigo de infinidad de encuentros y anécdotas. 

La foto grupal después de un día de trabajo y festejo. (Alejandrina Zotelo /MDZ)

Desde sus inicios, este lugar se volvió refugio de la amistad y del amor, donde cada temporada la vendimia los reúne para celebrar la vida. “Crecer en La Tierrita fue tener una infancia feliz; nosotras veníamos a jugar, a cosechar. Me acuerdo que una vez cayó piedra, mi viejo estaba triste pero nosotras éramos felices porque estábamos desgranando uva”, cuenta Sofía Derrache, quien tenía solo un año cuando comenzó esta historia. “Es el lugar donde aprendí a valorar la amistad y la familia”, agrega. 

“Si bien la temática es el vino, a mí lo que me convoca es el amor de la familia Derrache. Te hace sentir en casa”, dice Ximena, una de las amigas que participa desde hace años en la cosecha

La zapada, no puede faltar el día de la cosecha. (Alejandrina Zotelo /MDZ)

Por su parte, para Juanchi “venir a la fiesta de la cosecha es venir a compartir con amigos. Es compartir con Elías, con Adriana y su familia, pasarla bien escuchando buen folclore, bailando y compartiendo, principalmente.” 

Finalmente, para Sebastián participar de la fiesta de la cosecha es encontrarse con amigos. “Es encontrarme con la familia Derrache Gómez y brindar, sobre todo, por cada momento con quienes seguimos acompañando”.