Incendios: los números, secretos y recortes que explican el desastre en la Patagonia
La Patagonia es un refugio de vida y biodiversidad. Se trata de una región que constituye el hogar de gran variedad de especies indispensables para la salud ecológica de la zona. La pérdida de una puede generar un efecto dominó con resultados desastrosos para un sistema complejo, único e irrepetible. Sus bosques funcionan como sumideros de carbono y son fundamentales en la lucha contra los efectos del cambio climático. En su terreno descansa el tercer sistema de hielo más importante del mundo. En estos momentos, ese tesoro natural se está incendiando mientras sus habitantes sufren el desastre y un grupo de brigadistas combate el fuego en condiciones deplorables.
El 31 de enero Greenpeace informó que el fuego en las provincias de Chubut, Neuquén y Río Negro había arrasado 15 mil hectáreas. Una semana después, la cifra se incrementó a más de 20 mil, un porcentaje equivalente a la superficie de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Hay un dato aún más escalofriante. Según el desaparecido –por decisión del Gobierno- Ministerio de Ambiente de la Nación, en los últimos 10 años el fuego destrozó más de 78 mil hectáreas en la Patagonia.
El desastre en la región más austral del país contiene una multiplicidad de factores que van desde la irresponsabilidad humana, hasta el recorte presupuestario de una administración que desconoce el calentamiento global y no considera que la protección del medioambiente sea una prioridad para el futuro nacional. En ese contexto, los brigadistas que trabajan a destajo para controlar el fuego en la Patagonia, arriesgan su vida en un clima de incertidumbre laboral y con recursos cada vez más limitados.
Presupuesto 2025: recortes y desinterés nacional
El 15 de septiembre de 2024, el presidente Javier Milei presentó el Proyecto de Ley de Presupuesto 2025 en el Congreso de la Nación. En el texto presidencial –aún no aprobado- descansa una serie de recortes sustanciales para la defensa medioambiental. A esto se suma la decisión libertaria de degradar el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y convertirlo en parte de la Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes. Todo un símbolo.
La protección de los recursos naturales no ha sido una política de Estado para ningún gobierno. Existen matices, es cierto. Solo basta con analizar las partidas presupuestarias emitidas durante las últimas décadas para confirmar esa afirmación. La precariedad laboral con la que los trabajadores de Parques Nacionales conviven desde hace años también es real. Sin embargo, siempre se puede estar peor.
De aprobarse el Presupuesto 2025, el Fondo Nacional para Bosques Nativos recibirá la asignación más baja desde su creación. En síntesis, los programas destinados a la conservación de los bosques nacionales recibirán $9.090 millones, es decir, solo el 2,5 por ciento de lo estipulado por la ley. Por otra parte, el programa de Evaluación y Control Ambiental, destinado a supervisar residuos y fiscalización de estudios de impacto ambiental, sufrirá una disminución del 52% al 59,8%.
Mientras la Patagonia se incendia, el Gobierno continúa defendiendo un presupuesto en el que la participación de la Subsecretaría de Ambiente es solo de un 0,066% del total del presupuesto. Además, la caída en los ingresos para la Administración de Parques Nacionales oscila entre el 12,25 y el 25% si se considera la inflación estimada por el oficialismo para este 2025.
En la misma línea, otro programa clave como el de Evaluación y Control Ambiental también sufrió el impacto de la motosierra. De un total de $30.607 millones pasó a contar con $16.504 millones de presupuesto. Además, si analizamos el artículo 22 del Presupuesto 2025, nos encontraremos con que los $9.091 millones que se destinarán al Fondo Nacional de Enriquecimiento y Conservación de Bosques Nativos no alcanzan a cubrir lo establecido por la Ley de Bosques –Nº 26.331- que exige una asignación mínima del 0,3 por ciento del presupuesto. La partida oficial estima solo el 0,0077 por ciento del total del presupuesto, es decir, 38 veces menos de lo que dice la norma.
Responsabilidad humana, falta de penas más severas y trabajadores precarizados
Los incendios en la Argentina se convirtieron en parte de la rutina nacional. Según estadísticas oficiales, más del 90 por ciento de las catástrofes que se producen en el país son por responsabilidad humana. En ese contexto, las denuncias recurrentes señalan que los hechos nunca son investigados debidamente y, cuando se encuentra a los culpables, generalmente todo culmina en penas que van desde multas irrisorias hasta horas de trabajo comunitario.
Otro aspecto –denunciado por voces aisladas y muchas veces desde la soledad- sugieren que detrás de los incendios en distintas regiones del país, se esconde la voracidad de los gigantes inmobiliarios por desarrollar sus emprendimientos. En diálogo con el programa “Pasaron Cosas” que se emite en Radio con vos, la periodista Gioia Claro, quien vive en la comarca andina afectada por los incendios, afirmó que “sabemos que donde hubo fuego negocios quedan, sabemos que las tierras arrasadas luego en lo que son las actualizaciones de los ordenamientos territoriales que dividen las zonas entre roja, intangible, amarilla y verde, van cambiando se van ampliando las zonas verdes donde se puede desarrollar una urbanización o donde pueden haber determinados proyectos”.
Cuando la Patagonia comenzó a incendiarse en diciembre surgieron dos noticias indignantes: el director de Parques Nacionales, Cristian Larsen, viajó a Bariloche y gastó 339.200 pesos en un almuerzo, una suma equivalente a lo percibía el año pasado un brigadista. Además, la Asociación de Trabajadores del Estado –ATE- denunció que muchos trabajadores continuaban trabajando para frenar el fuego a pesar de que sus contratos laborales vencían el 31 de ese mes.
En un contexto de precariedad e incertidumbre laboral, los contratos de los brigadistas y trabajadores de Parques Nacionales fueron extendidos solo por tres meses, curiosamente, cuando los incendios comienzan a ser menos frecuentes. Hoy, un ingresante dispuesto a poner en peligro su vida para cuidar los recursos naturales nacionales percibe aproximadamente 800 mil pesos por mes, una suma irrisoria para los costos de vida que existen en el sur.
Mientras la Patagonia se incendia, los brigadistas se convierten en héroes en medio del caos. Hombres y mujeres que luchan contra fuegos capaces de destrozar un área similar a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en la más completa soledad.

