María Isabel Mullen: "Donde hay pisos de barro, llevamos educación de calidad"
Cada año que se inicia un ciclo lectivo, van de la mano muchos sueños e ilusiones de padres e hijos, así como conseguir llevar a cabo una educación de calidad en lugares extremadamente humildes. De eso se trata la misión y el compromiso de la gente de "Fe y Alegría" que buscan la transformación personal y comunitaria, teniendo como herramientas principales la educación y la promoción social, de familias que viven en contextos de exclusión y vulnerabilidad límite.
María Isabel Mullen es la encargada de comunicación de esta organización que está en diferentes países hace casi 70 años. Visitó nuestro estudio para contarnos cómo es la realidad educativa en diversos lugares a lo largo de todo el país.
- Fe y Alegría son dos muy lindas palabras, ¿cómo las llevan adelante, cómo se cumplen en cada misión?
- "Fe y Alegría" es una ONG que está por cumplir 70 años a nivel mundial y que está en Argentina hace muchos años, es una organización que viene de la mano de los jesuitas, que comenzó en Venezuela, en Caracas, hace ya 70 años, todo comenzó inspirado por un sacerdote jesuita junto con estudiantes universitarios. Visitaban las zonas más carenciadas de la ciudad y había mucha necesidad, como sigue habiendo en un montón de lugares del mundo y la gente les pedía que además de acompañarlos, de visitarlos y podían por favor construir una escuela porque estos chicos no tenían donde aprender a leer y escribir.
Entonces una familia de ocho hijos, Abraham y Patricia Reyes dijeron, "si ustedes hacen una escuela, les damos nuestra casa con esa apuesta, ese compromiso es por parte de la familia", y claro, no pudieron decir que no. Entonces se empezó a movilizar toda la primera escuela de "Fe y Alegría" que empezó un 5 de marzo, se abrió con 40 o 50 niños que fueron llegando inmediatamente porque ninguno tenía acceso a una maestra, a un compañerito, a un banco, a un cuaderno, a saber qué es el aprendizaje.
Así que esa chispa, como lo dicen en Fe y Alegría, se fue convirtiendo en incendio en el buen sentido. Desde hace 70 años desde 1955, hoy ya tenemos presencia en 22 países, en los cinco continentes, siempre ofreciendo educación en contextos vulnerables donde más se necesita y educación de calidad, inclusiva, integral, que abarque todas las dimensiones de la persona, desde la parte cognitiva, lo académico, pero sobre todo educar el corazón, educar las emociones, la dimensión espiritual, social, la ética, la mirada política transformadora, a Fe y Alegría, es un movimiento de educación popular, entonces lo que se busca que también sus estudiantes sean ciudadanos dispuestos a transformar su realidad, que no abandonen sus comunidades, sino que se empoderen y que todo ese aprendizaje y toda esa magia que surge en el aula la puedan llevar adelante para transformar primero su persona, su familia, luego su comunidad, ofrecerle un futuro mejor con otras oportunidades.
De esa chispa, tenemos presencia en 22 países
- Pensando en zonas extremas, los imagino mucho por la zona norte de nuestro país.
- Tenemos presencia en siete provincias, desde San Juan para el norte, estamos en Argentina desde 1996, casi 30 años vamos a cumplir el año que viene. Todo empezó en Chaco, que es una de las provincias con mayor índice de analfabetismo y asociado a lo que es la pobreza. Allí comenzó una maestra también inspirada por un sacerdote que quería traer "Fe y Alegría" al país, contando se enfoca en educación para estos contextos. Porque no es lo mismo que ir a educar o llevar la educación a una ciudad donde hay personas con recursos, cuando uno se acerca a las escuelas de "Fe y Alegría" te das cuenta que hay una atmósfera muy distinta donde se trata de darle mucha participación al niño o al joven, porque justamente esa voz muchas veces estuvo callada. Es la última en escuchar, se viene con un montón de problemáticas atravesadas. Los docentes reciben mucha formación en este estilo de educar.
- Pienso que no debe ser fácil no inspirar alegría donde hay pobreza, un montón de carencias.
- Hay historias atravesadas por situaciones, a veces en estudiantes adultos, otras veces en niños y la verdad igualmente podemos llevar alegría. En Argentina tenemos seis centro de primera infancia. Recibimos cerca de 300 niños en la zona de San Miguel y Quilmes, niños de entre dos y cuatro años, y de lugares (como Quilmes) donde cada vez que llueve fuerte, las familias tienen el agua hasta la cintura. Esa vulnerabilidad la tienen cada cuatro, cinco meses, todo lo que tienen lo pierden. Esos niños que a veces además tienen alguna discapacidad, algún déficit de atención o un autismo, llegan con toda la esperanza a nuestros centros de infancia, la familia busca un futuro mejor.
Un proyecto que comenzó hace 70 años en Venezuela
- El trabajo en equipo en este caso también da sus frutos, ¿cómo es la familia de Fe y Alegría a nivel nacional?
- Somos cerca de 400 docentes, tenemos cerca de 6500 estudiantes, tenemos esos centros de primera infancia, primarios, secundarios, educación para adultos, primaria para adultos, secundario para adultos, centros de oficios y también en San Juan, estamos dentro del penal provincial trabajando sobre todo con mujeres, otro gran desafío. Fe y Alegría se acomoda a un montón de propuestas diferentes, no es solamente una escuela. Lleva la educación, como la herramienta clave. Y adentro del penal lo que veían era que las mujeres a veces con sus niños, porque se pueden quedar hasta cierta edad en el penal, no recibían ninguna alternativa, para que cuando salieran en libertad pudieran insertarse nuevamente en un trabajo. Las puertas se les cerraban. Es lo que nos pasa en muchas cárceles, el tema de la reincidencia, porque no hay oportunidades. Desde Fe y Alegría se ofrecen capacitaciones en oficios, en competencias para la vida, también en autoconfianza, en informática, en costura... También tenemos una casa fuera del penal para también que está transición sea acompañada por las mismas mujeres, los mismos equipos,. Tenemos un club de emprendimiento, enseñamos otros oficios como pintor de obra, peluquería...
También estamos en Salta y trabajamos con las comunidades wichis en Embarcación. El año pasado tuvimos nuestro primer egresado de "Fe y Alegría", que salió publicado en MDZ, que se graduó de ingeniero agrónomo, que orgullo impresionante para los docentes, para sus directores y para él y para su familia. Le costó un montón, pero se dio cuenta que pudo y que es una inspiración y un faro para los otros compañeros, viviendo en el mismo contexto de extrema pobreza. Cuando llovía el piso era barro, en su propia casa. Todos viviendo el mismo dormitorio, realmente falta acceso a un montón de servicios y en esas condiciones el ir a la escuela le abrió una puerta, en Embarcación, uno de los lugares más pobres y de mayor temperatura. En verano, yo he estado ahí y se sienten casi 50 grados Es difícil aprender cuando hace mucho calor y ni hablar en las otras circunstancias en las que viven los chicos. Los desafíos son muchos, así como también la fe que tenemos en el poder de la educación y en las personas es mucho también. Y creemos que todos tienen y merecen una oportunidad.
- ¿Cuál es la manera que se puede ayudar a Fe y Alegría?
- Nosotros las invitamos primero a conocer nuestra página web, en las redes sociales, estamos en Instagram, en Facebook, en Linkedin, lo que a nosotros nos ayuda muchísimo son los pequeños y los grandes donantes, las personas que mes a mes destinan un poquito de sus ganancias y lo que quieran, porque confían en que nosotros lo vamos a multiplicar cada peso que nos llega. Y te cuento que hay donantes que a veces tienen la confianza de decirme personalmente "esta vez me fue mejor en la empresa, quisiera esta vez dona un poco más".
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- Contame un poco de esa campaña que ha sido protagonista muy importante de "Fe y Alegría" en este tiempo que es la campaña de "La Silla Roja".
- Cuando llega siempre el mes de marzo pensando en la vuelta al cole en todo el país mucha gente trabaja para que estos nenes, estos pequeños, estos jóvenes, no les falte nada lo menos posible. Sin embargo, "La Silla Roja" viene a marcarnos una señal de alerta en lo que es la educación, es una silla que a veces la pintamos, la coloreamos, la tenemos en nuestros escritorios, que nos invita a toda la sociedad a pensar. Pero también pensar qué estoy haciendo yo por esa silla vacía en el aula, por ese niño que no está accediendo a sus oportunidades, a su derecho al aprender... a todo el universo que implica entrar a una escuela con el afecto, la confianza en los aprendizajes, la música, el arte, el recreo, el juego. Todo eso no le puede estar faltando a ningún niño de nuestro país ni del mundo.
Es una señal de alerta de emergencia que año a año vamos buscando cuál es el mensaje que más tenemos que reflexionar, actuar y comprometernos. Así que pueden conocer más de cómo se va desarrollando esa campaña desde Silla Roja. Este año estamos por lanzarla nuevamente. Esto empezó en España. Hoy en cualquier aula de "Fe y Alegría" que entres vas a ver una silla roja. La gente que no sabe de la campaña que lo primero que hace es preguntar por qué hay una silla roja, porque esa silla debería estar ocupada por alguien que o dejó de venir o una chica que dejó por un embarazo adolescente o por situaciones de trabajo o de personas con alguna discapacidad. A veces hacen un esfuerzo enorme por terminar secundaria y sin embargo abandonan, por que la familia le exige que tiene que trabajar a lavar autos, lo que fuere.