Quiero cambiar, pero no hago nada diferente: la paradoja del deseo y la acción
En un mundo donde la mejora personal y el éxito se han convertido en aspiraciones universales, frases como "Quiero bajar de peso", "Quiero un trabajo mejor" o "Quiero ser más feliz" son casi un mantra. Sin embargo, detrás de estas declaraciones se esconde una realidad contradictoria: muchas personas desean cambiar, pero no están dispuestas a hacer algo diferente para lograrlo.
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¿Por qué ocurre esto? Según los especialistas, la respuesta radica en una compleja interacción de factores psicológicos, sociales y culturales.
El miedo al cambio
Uno de los principales obstáculos es el miedo a la incertidumbre. "Las personas prefieren la comodidad de lo conocido, incluso si eso implica permanecer en una situación insatisfactoria", explica el psicólogo Martín López, especializado en terapia cognitivo-conductual. "El cambio requiere esfuerzo, y el cerebro humano está diseñado para evitar el dolor y buscar lo que resulta más fácil".
La trampa de la zona de confort
La zona de confort también juega un papel crucial. "Es el espacio donde las cosas son predecibles, donde no hay sorpresas ni riesgos. Pero es también el lugar donde los sueños mueren lentamente", señala Verónica Dobronich, especialista en inteligencia emocional.
La inercia de permanecer en esa zona está respaldada por hábitos que, aunque no nos satisfacen, se sienten seguros. Por ejemplo, alguien que quiere mejorar su salud pero no se compromete a cambiar su dieta puede justificarlo diciendo: "No tengo tiempo para cocinar".
Creencias limitantes
Otra razón común es la influencia de las creencias limitantes, esas pequeñas voces internas que nos dicen que no podemos o no merecemos algo mejor. Frases como "Siempre he sido así" o "No soy bueno para esto" son barreras invisibles que frenan cualquier intento de evolución.
La falsa ilusión del deseo
Decir "Quiero cambiar" puede ser, en sí mismo, un acto reconfortante. "Hablar de cambio nos hace sentir que estamos haciendo algo al respecto, aunque no sea cierto. Es una forma de autoengaño", advierte López.
Cómo romper el ciclo
Para avanzar, los expertos sugieren estrategias como:
- Establecer objetivos concretos y realistas: cambiar "Quiero ser más saludable" por "Voy a caminar 30 minutos tres veces a la semana".
- Aceptar la incomodidad del cambio: recordar que el progreso real implica desafíos.
- Buscar apoyo externo: contar con un mentor, un terapeuta o un grupo que impulse el compromiso.
- Hacer un inventario personal: identificar hábitos y creencias que limitan el progreso.
Conclusión:
El cambio no es fácil, pero tampoco imposible. Como dice Dobronich: "Todo comienza con un paso pequeño, pero ese paso tiene que darse en la dirección correcta. La acción es la única forma de transformar el deseo en realidad".
* Verónica Dobronich, cofundadora de Gimnasio de emociones.
* Martín López, psicólogo especializado en terapia cognitivo-conductual.

