Adolescentes y salud mental: cómo acompañar el crecimiento en tiempos de cambio
Desde hace mucho tiempo, en diversos ámbitos, se vienen señalando los inconvenientes, las enfermedades y la falta de compasión que genera el uso abusivo de la tecnología. Esto incluye aplicaciones como TikTok, Instagram, la pornografía y los juegos en línea, entre otros. En algún momento todos deberíamos leer, el libro “La generación ansiosa” , una obra que expone datos realmente espeluznantes. Suicidios, depresión, ansiedad, falta de habilidades socioemocionales, abulia y hermetismo son solo algunos de los problemas descritos. Y en cada rincón, el panorama es el mismo. Esto es lo que ha cambiado. No se trata de suposiciones, debates ni opiniones; es estadística, dato mata opinión.
A partir de una extensa bibliografía, diagnósticos erróneos en nivel inicial, adolescentes encerrados en sus hogares y una preocupación creciente entre padres y profesionales, todo apunta a que la situación no mejora. Participamos de charlas, webinars, congresos y seminarios, compartiendo ideas con profesionales de distintas áreas. Todos nos hacemos la misma pregunta: ¿de qué manera somos parte del problema y, a la vez, de la solución?
Es urgente que los adultos tomemos el mando y pongamos límites claros. No podemos permitir que nuestros menores sean “secuestrados” por la tecnología ni dejarlos tomar decisiones que no les corresponden. Ellos no son responsables; aún no cuentan con un desarrollo cerebral pleno que les permita discernir adecuadamente.
De qué sirve hablar en encuentros, escuelas y consultorios si todo sigue igual
Los trastornos de ansiedad, anorexia, bulimia, intentos de suicidio, distorsiones de la realidad, problemas del lenguaje, dificultades para concentrarse y la pérdida del pensamiento crítico aumentan de forma alarmante. Y, por si fuera poco, valores como el respeto, la empatía y la compasión parecen haberse desvanecido. A esto se suma la incapacidad de tolerar la frustración, el desconocimiento de la postergación y la ausencia de esfuerzo y sacrificio para alcanzar metas.
No hace falta leer libros para comprender la gravedad del problema; basta con observar:
- En los restaurantes, niños inmersos en sus pantallas, ajenos a quienes los rodean.
- En las salas de espera de pediatría, tablets y celulares convertidos en los “nuevos sonajeros.”
- Adolescentes absortos en sus dispositivos, con pocos momentos de contacto visual o físico.
- Niñas de 13 años usando protectores para celulares en la pileta, interactuando con sus pantallas mientras se refrescan.
Es alarmante, pero lo naturalizamos, estamos anestesiados
- ¿Acaso nos ha ganado la comodidad?
- ¿Nos hemos rendido?
- ¿Estamos esperando que alguien más haga algo?
Parafraseando a muchos colegas: esto o lo arreglamos entre todos, o no lo arregla nadie. Todos, desde el lugar que ocupamos, debemos actuar. Es fundamental unirnos como sociedad y cuidarnos entre todos. Hacer equipo con otros padres, consensuar reglas claras y formar alianzas con las escuelas. Estas, a su vez, deben trabajar de la mano con las familias, mientras que los profesionales de todos los ámbitos se comprometen con un propósito mayor.
Es momento de prevenir
Dejemos de asombrarnos ante cada nueva investigación y asumamos nuestra responsabilidad frente a esta urgencia.
Esto implica:
- Establecer límites claros.
- Brindar tiempo de calidad.
- Educar con el ejemplo.
- Reducir el tiempo en redes sociales.
- Respetar las edades mínimas de acceso.
Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo hará? ¿Acaso no es nuestra responsabilidad? Muchos profesionales, escuelas y padres ya estamos trabajando juntos, conscientes de que no hay tiempo que perder.
No podemos seguir justificándonos con frases como:
- “No puedo quitárselo.”
- “Es lo único que lo calma.”
- “Es solo un rato, así puedo cocinar.”
- “Todos lo usan.”
- “Se entretiene y hasta aprende.”
- “Si no se lo compro, lo van a discriminar.”
Esto va más allá. Se trata de nuestros hijos, de sus cerebros y de su desarrollo emocional y social. Este es un tiempo único para que aprendan, y los estamos privando de ello. Más importante aún: estamos poniendo en riesgo su salud mental. Desde hoy, tomemos cartas en el asunto. Informémonos, armemos un plan de acción, aliémonos con nuestro entorno y construyamos redes de apoyo. Solo así podremos recuperar el control.
Claro que vale la pena. Por ellos, por nosotros, por todos. Estamos convencidas que somos muchos los que compartimos esta visión. Es momento de actuar y de hacer lo que sabemos que tenemos que hacer.
* Dra Luisa Granato. Médica Pediatra
* Lic. Mariela Muscio. Docente . Neuropsicoeducadora.
* Lic. Erica Miretti.0 Psicóloga , docente Neuropsicoeducadora