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La increíble historia de Walter, el hombre que volvió de la muerte a la que el Estado lo había condenado

Walter Campero fue dado por muerto y peregrinó en las sombras por dos años hasta que recuperó su identidad. "Tenía que justificar que yo era yo", dice.
Walter Campero fue dado por muerto por un fraude dentro del Estado. Su historia es increíble, pero real. Foto: Walter Moreno/Mdz
Walter Campero fue dado por muerto por un fraude dentro del Estado. Su historia es increíble, pero real. Foto: Walter Moreno/Mdz

Walter Campero llevaba en su bolsillo un papel doblado en 4 que ya estaba ajado por el paso del tiempo. En cada charla lo sacaba y lo expandía con timidez. El papel era el certificado de defunción que decía que él, Walter Campero, había muerto el 18 de enero de 2017 a las 11.20 de la mañana en el hospital Central de Mendoza por un shock séptico producido por una neumonía bilateral.

Más extraño era explicar que no, que estaba vivo, que lo dan por muerto pero no es así, que era un hombre sano, que seguía siendo padre de dos hijos, que era un cocinero experto, que quería seguir con su rutina de hombre de bajo perfil. Esa explicación llevó más de dos años en los que el Estado le dio de baja a toda la vida civil: indocumentado, sin empleo formal, con temor y hasta con sospechas hacia él. Fue un peregrinaje en las sombras hasta que Walter pudo volver de la muerte. En ese camino hasta sintió que Dios, en quien cree fervientemente, lo había abandonado.

Walter tiene nuevamente su identidad y la Suprema Corte de Mendoza le dio la razón por los perjuicios que le ocasionó el robo de sus derechos. Pero quedaron cabos sueltos: una persona muerta que ahora no se sabe quién es, que quedó inscripto como NN y hasta se sospecha que votó en nombre del verdadero Walter Campero. Y, también, una estafa con supresión de identidad: alguien usó el nombre de una persona, expidió un DNI trucho con datos gemelos.

Walter, con su nuevo DNI. Foto: Walter Moreno.

El dolor de no ser

Sentado en la plaza 2 de abril del barrio Municipal de Las Heras, a Walter le cuesta salir del dolor que le produce recordar los dos años en los que para el Estado estuvo muerto. Fue, sí, un proceso en el que parecían querer convencerlo. “Tenía que explicar que yo era yo. Increíble. La gente me miraba, algunos se reían, otros no creían. Pero me sacaron de todos lados, no existía, era un muerto”, dice el hombre, que hasta aquel día en que se enteró tenía trabajo como cocinero, su pasión, en eventos y restaurantes.

Hacer trámites es engorroso. Aquel día de febrero de 2017 fue hasta la ANSES de Las Heras para gestionar las asignaciones familiares. Los empleados del lugar abrieron los ojos grandes. El señor que tenían enfrente figuraba como fallecido, ya no existía para el Estado argentino. “Pensé que era un error, que en poco tiempo se iba a solucionar. Que era un homónimo. Nunca creí que podía venir lo que pasó”, recuerda. Lo que siguió fue un camino de puertas cerradas del Estado y hasta de ofrecimientos irregulares que Walter nunca aceptó.

El certificado de defunción de Walter Campero. 

Dado de baja en la ANSES, el Registro Civil, la Policía y cualquier organismo, con un DNI que ya no tenía validez y sin posibilidad de acreditar quién era. Un ser ausente. “Mi principal temor era por mis hijos. Ellos están a cargo mío, son mi vida. Temía que me los sacaran porque su padre figuraba como muerto. En la escuela, donde expliqué lo que pasaba, me apoyaron muchísimo. Pero no podía participar de ninguna actividad”, explica.

Ese camino se tornó oscuro. Walter se aisló, se encerró. “No sabía ni qué día era. No encontraba explicación. Yo estaba vivo”, repite con los ojos que se le achinan cuando recuerda. Incluso hubo quienes desconfiaban de su versión e insinuaron que él había fraguado la identidad de otra persona. Insólito, pues también tenía consigo la partida de nacimiento y la compañía de sus hermanos, su padre, sus raíces. En cada paso tenía que explicar que estaba vivo. Que había nacido en el Barrio Olivares de Ciudad. Que lograron construir su casa en el Municipal de Las Heras. Que le gustaban las caminatas y andar en bicicleta. Que, como decían sus amigos, era un hombre bueno. Para sobrevivir hizo changas, siempre informales, aprendió a cuidar personas con problemas de salud, también algo de construcción. Apoyado en su familia, siguió dando pequeños avances en esos días en que cada pie pesaba una tonelada.

Walter recuerda con dolor lo que le tocó vivir. Foto: Walter Moreno.

Había dos DNI con el mismo nombre y el mismo número. Uno correspondía a Walter, el verdadero, el otro a un hombre que había muerto en soledad, en la terapia intensiva del Hospital Central. Pero no era un caso de homonimia, sino de un fraude que tenía una víctima principal y dejó varias dudas. Cuando se corroboró que Walter, el verdadero, era el principal perjudicado, el Estado que lo había matado civilmente no encontraba solución para remendar su torpeza. Y surgió una propuesta aún más alarmante: le ofrecieron cambiar de identidad por la de un extranjero fallecido. Es decir, tomar el DNI de otra persona, conseguir la documentación y resetear su vida de nuevo. “Era una locura. Por qué tenía que tomar la matrícula de otra persona si no había hecho nada malo. Tenía que dejar todo lo que era”, dice aún escandalizado. Lleno de impotencia, hasta le escribió una carta de puño y letra al presidente Mauricio Macri y a los titulares de la ANSES y el Registro Civil.

Para restituirle la identidad tuvieron que testificar sus hermanas, su padre. En cada pregunta la víctima parecía el acusado. Fue recién en enero del 2019 cuando Walter volvió a nacer civilmente. Fue cuando le dieron su nuevo DNI. Sin embargo, parte de su historia aún no se reconstruye del todo.

Walter, con su familia. Foto: Walter Moreno.

La rutina de Walter es la de un hombre común, sencillo. Recto. Ahora, al reconstruir la historia, ata cabos. “En las últimas elecciones antes de que me declararan como muerto fui a votar y no pude. Me dijeron que ya había votado. Me sorprendió, pero pensé que era un error. No le di tanta importancia y me equivoqué”, dice. Esas elecciones fueron las intermedias de 2017, que fueron en octubre. Justamente fue ese año en que se expidió el DNI gemelo a nombre de David Walter Campero, pero que fue otorgado a otra persona. Alguien votó con su DNI.

La persona a la que le dieron la identidad de Walter arrastra otro misterio. Ahora es un NN, pero alguien le dio una identidad ajena. Hasta donde se pudo reconstruir, el hombre tenía una discapacidad intelectual y vivía en un hogar de ancianos. De allí habría sido derivado al Hospital Central cuando enfermó y murió. Nadie reclamó, nadie dio explicaciones. La médica que firmó el certificado de defunción solo mencionó eso; que estaba muerto. Y nadie desconfió de la veracidad del documento. En los tres expedientes judiciales que hay no existe una reconstrucción de la historia de ese hombre. Menos de las razones y los responsables de haberle dado una identidad falsa.

El DNI trucho del hombre muerto al que le atribuyeron la identidad de Walter Campero. 

Walter logró recuperar su identidad y tuvo el apoyo de dos abogadas, Carina Mondejas e Ivana Bazán, a las que conoció de casualidad, cuando iba a comprar un par de zapatillas. Casi como el capítulo de una serie, pidió ayuda de refilón. Ahora la Suprema Corte le dio la razón, pero alertando además sobre lo que esconde el caso de robo de identidad. “Es muy doloroso todo lo que vivió. Lo afectó mucho, pero salió adelante. Nunca en la vida hemos visto un caso así, es hasta difícil de explicar porque el Estado es el que le decía que él estaba muerto”, dice Carina. 

Los tres jueces de la Corte que fallaron se alarmaron por el caso. Y ordenaron seguir la investigación para determinar quién es la persona muerta a la que también le cambiaron su identidad. Pero además “la dilucidación de posibles responsabilidades de orden administrativo por las actuaciones” que llevaron a que se entregue un DNI trucho dentro del Estado.

Walter está en paz, pero aún tiene que lograr que le reconstruyan y le devuelvan parte de su historia. Entre otras cosas, sus antecedentes laborales.

En su casa están su padre, una de sus hermanas y sus hijos. El día de la charla todos preparaban los detalles para el cumpleaños de Víctor, su padre. “Creo que se hizo justicia. Es muy duro todo lo que vivió él y la familia. Tener que explicar que no estás muerto…Esperemos que sirva porque seguramente hay más personas que han pasado por lo mismo”, dice Elizabeth. Walter no se altera. Sonríe levemente y su hija Nicol lo abraza, señal de que está más vivo que nunca.

Walter con Nicol, su hija mayor. Foto: Walter Moreno.