Sol: cómo nos impacta una estrella en la vida cotidiana
El Sol es fuente de nuestra visión en la tierra y nuestro primer bien común. Gracias a su luz, el mundo se abre ante nuestros ojos. Citado por Platón, el astro rey replica su presencia en Descartes, Galileo, Nietzche, Einstein entre tantos otros que lo han tenido en cuenta en sus propias investigaciones. Benéfico como mortal, puede generar desiertos infértiles o favorecer zonas de cultivo como en el Mediterráneo.
El Sol se encuentra en todos los grandes temas: energía, salud, arquitectura y siempre se ha intentado sacar provecho de sus beneficios. “Sol. Mitos, historia y sociedades” de Emma Carenini es un exquisito y original ensayo publicado por Ediciones Godot y refleja (que mejor utilizar estas expresiones) los estudios de esta filósofa francesa.
Hablar del Sol es hablar de la vida en sí misma
No se trata de una especulación filosófica sino de una verdad de carácter indubitable. Desde la Revolución Industrial nuestras sociedades son menos dependientes del Sol y sus beneficios porque no tenemos la misma vida de nuestros ancestros que se encontraba sincronizada con el ritmo que señalaba la luz del día. El Sol aparece en nuestro presente como una idea romántica, un detalle que no llega a estructura el mundo.
Sin embargo, Emma Carenini afirma que merecemos interrogarnos por la relación que mantenemos con él. Las urgencias ambientales, aquello que nos recuerda de modo constante el calentamiento global, nos confronta con la seguridad de veranos cada vez más tórridos. También para la autora, el Sol es siempre un objetivo que ofrece oportunidades de pensamiento, de acción, de prosperidad, de felicidad. Permite ver el mundo conocido y hacer que nuestras miradas coincidan porque sin Sol, no hay formas, no hay mundo que mirar.
“Donde ingresa el Sol, no hay enfermedad” dice por ahí un dicho popular que se encuentra en varias culturas y países, incluyendo España, México, Colombia entre otros. Una posible fuente de este refrán es la medicina tradicional y la astrología antiguas, que consideraban al Sol como un símbolo de la salud y la vitalidad. En la Edad Media, se creía que la luz solar podía curar enfermedades como la tuberculosis y la depresión. Heródoto escribió que las ciudades que se encuentran bien orientadas respecto del Sol y los vientos y gozan de buenas aguas, disfrutan de mejor salud: si el verano es seco, las enfermedades cesan bastante pronto escribe, y si es lluvioso (es decir se mantiene nublado) los padecimientos tienen una larga duración.
En la Edad Media, se creía que la luz solar podía curar enfermedades
Carenini en su preciso y detallado ensayo nos comunica que la moda del bronceado y la búsqueda del Sol a toda costa durante las vacaciones, a partir del siglo XX, son herederas de antiguas consideraciones médicas y paramédicas. Resultan fruto de la influencia del Sol sobre el cuerpo y los estragos causados por su ausencia. Algo de eso hay cuando nos quejamos que los pequeños se la pasan pegados a las pantallas de sus móviles o jugando a videojuegos que se desarrollan en interiores, como si la receta de la buena educación incluya la luz del Sol.
¿Qué podemos obtener de esta lectura? Indudablemente abrir nuestras reflexiones a argumentos que no llegamos pensar porque están allí mismo, frente a nuestras propias narices.
La vida moderna llena de malestares diversos nos involucran en los avances tecnológicos: el ordenar y el móvil nos apartan la mirada y el cuerpo de la acción cotidiana de caminar al menos, unos pocos pasos. Aprovechar el Sol se convierte en un artículo de lujo y un imperativo de salud pública al mismo tiempo.
Carinne nos reafirma que el Sol es una inmensa fuente de beneficios energía y posibilidades y un desafío lanzado a la acción humana. A diferencia de ciertos prejuicios el Sol no incita a la vagancia o a no hacer nada, sino que infunde energía. Ese don cotidiano que es la luz, difícil a veces de recibir, es una posible lección de sabiduría que nos prodiga la estrella más próxima a la Tierra y a nuestra Humanidad.
Sol. Mitos, historia y sociedades. Traducción de Salomé Landívar y Melina Blostein. Ediciones Godot (2024).

* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta.

