Educación: las teorías del enfoque constructivista y su lado B
Para comenzar a leer esta publicación es importante aclarar que dentro de las teorías constructivistas del aprendizaje, la epistemología genética propuesta por Jean Piaget entiende a la inteligencia como “la capacidad de adaptación al medio” y que la misma se consigue a través del equilibrio entre la asimilación y la acomodación. Asimilamos en la medida en que incorporamos un nuevo objeto de conocimiento a nuestras estructuras cognoscitivas pre-existentes y acomodamos cuando modificamos esos esquemas anteriores para colocar la nueva información.
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Cuando el sistema intelectual requiere de esfuerzo para avanzar y evolucionar en sus estructuras cognitivas debe modificarse a través de desequilibrios obteniendo a posteriori del proceso una homeóstasis superadora. El sujeto, desde el enfoque constructivista, co-crea, construye, transforma lo real al activar sobre el objeto estructurándolo a la vez que se estructura a sí mismo. Dentro de esta teoría, es activo frente al proceso de aprendizaje.
El educador, al rescatar los saberes previos, favorece la apropiación con sentido y posibilita la internacionalización y aprehensión significativa del conocimiento para consumar una transformación real y duradera de la conducta pudiendo ser aplicada en distintos contextos. Ahora bien, para que esto suceda, el entorno debe presentarle al sujeto una situación problemática a resolver, una información que, para ser abordada, genere un conflicto cognitivo en donde “lo nuevo” tenga características que logren que se encuentre a una “distancia óptima” entre lo que ya sabe y lo que está en potencia de saber. Esto permite, al estudiante, ejercer una adaptación activa que posibilita la comprensión lógica.
Hechas las aclaraciones pertinentes, los invito a reflexionar:
La fuente principal de información de nuestros estudiantes es internet. A través de las pantallas, reciben un bombardeo de estímulos inmediatos e instantáneos; esto hace que el sistema de conocimiento esté sobre activado. Podríamos, entonces, pensar que si el sujeto, dentro de este ecosistema digital, tuviera que ejercer el gasto energético de re-equilibrarse permanentemente podría colapsar, ante lo cual no sería ilógico que muchos infantes hayan desarrollado mecanismos de pseudoadaptación de su sistema cognitivo, que lejos de adaptarse, simplemente no termina de modificar sus esquemas intelectuales pre existentes, intentando aprender con una modalidad predominantemente hiperasimilativa. Cuando se hiperasimila, el nuevo objeto es conocido fragmentariamente ya que el sujeto no acepta la legalidad del mismo e impone como real su imaginario sin modificar estructuralmente sus ideas previas ni sus estructuras mentales anteriores.
Esta modalidad de aprender, hace años atrás, era considerada distorsiva, pues era motivo de derivación a consultas psicopedagógicas. En la actualidad, el porcentaje de estudiantes con esta predominancia ha crecido al punto de parecer un común denominador en las infancias y adolescencias que se desarrollaron con la omnipresencia de internet.
Las neurociencias nos muestran evidencias de que esta generación, en edad escolar, recibe cientos de estímulos perceptivos por minuto a través de las pantallas. En esta coyuntura y con un escenario escolar que año tras año viene obteniendo evaluaciones con niveles muy bajos de logros en competencias de alfabetización y comprensión, estamos en la necesidad de preguntarnos: Los docentes ¿estamos aprovechando esta hipótesis aquí descripta, para buscar planteos escolares que requieran el despliegue creativo pero sin deformar el objeto de conocimiento y por ende que el estudiante evolucione en sus estructuras cognitivas?
¿El sistema educativo actual tiene la claridad suficiente sobre el enfoque de enseñanza constructivista a fin de no contribuir de manera contraproducente a la dificultad de acomodación de estructuras intelectuales que muestran mayoritariamente los perfiles de los alumnos de hoy?
¿Los docentes estamos confundiendo la connotación positiva del error con una ausencia de exigencia en circunscribir y encuadrar aprendizajes fundacionales?
En mi trayectoria profesional en educación y como psicopedagoga puedo dar testimonio de que no tengo dudas respecto de que no es posible aprender ignorando las subjetividades. No obstante, los datos nos alertan hacia la necesidad de volver a sistematizar hábitos y patrones educativos que organicen los modos de aprender respetando y valorando la diversidad y heterogeneidad, pero logrando procesos más adaptativos y, por ende, más inteligentes que posibiliten en nuestros estudiantes una comprensión más profunda y compleja de la realidad. Es menester recordar que las generaciones digitales están inmersas en un caos perceptivo por lo cual es aún mayor la urgencia de organizar el interno intelectual frente a un entorno caracterizado por la desorganización externa y el acceso masivo a datos simultáneos que ingresan sin discernimiento alguno.
Al entender realmente el cuadro de situación descripto, nos acercamos a la certeza de que un entramado tan complejo no puede ser abordado por una primacía de enfoque de enseñanza y que, a su vez, la escuela debe ser la mayor encargada de establecer nuevos cimientos sólidos donde la creación y perpetuidad de hábitos, patrones y procedimentales no sean malas palabras ni se establezca sobre ellas un prejuicio sesgado y sectorizado.
Si los educadores no advertimos estas ideas, es posible que sigamos “encarcelando” teorías que, de no ser complementadas, no sólo no mejoraremos los resultados sino que incluso podríamos dañar las matrices cognitivas de nuestros estudiantes.

* Lic. Verónica Addij. Coordinadora de asesoramiento académico personalizado, Psicopedagoga, Asesora académica, profesora y neuro educadora

