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Una encuesta analizó el nivel de felicidad de los argentinos desde la llegada de Javier Milei al Gobierno

La incertidumbre económica y la falta de reacción de la economía resultan difíciles de asimilar y las familias argentinas también enfrentan un deterioro emocional.
El triunfo de Argentina en el Mundial de Qatar fue un momento de bienestar y felicidad generalizado que duró poco. Foto: Efe.
El triunfo de Argentina en el Mundial de Qatar fue un momento de bienestar y felicidad generalizado que duró poco. Foto: Efe.

La felicidad, un estado de bienestar y satisfacción que va más allá de la mera ausencia de problemas, se plantea como reto para los argentinos debido a la combinación de factores económicos, sociales y políticos. En un entorno donde las necesidades básicas a menudo están en riesgo, alcanzar un estado de felicidad plena se convierte en una meta compleja y multifacética para muchos ciudadanos.

El estudio "Felicidad en la Argentina" elaborado por el Observatorio de Tendencias de la Universidad Siglo 21, reveló que los argentinos son menos felices que en 2023 y que el estrés y el agotamiento laboral, también conocido como síndrome de burnout, aumentaron en el primer trimestre del año. Los resultados coinciden con el cambio de gobierno en el país y con la llegada a la presidencia de Javier Milei, una etapa rigurosa y llena de incertidumbre en la que -al menos todavía- resulta difícil alcanzar un estado de bienestar.

Javier Milei

La encuesta se realizó entre hombres y mujeres de entre 18 y los 65 años, residentes en Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Córdoba, Corrientes, Mendoza, Rosario y San Miguel de Tucumán. Según las conclusiones a las que arribaron los investigadores de esa universidad, la mitad de los argentinos (50,7%), se siente satisfecho con su vida y solo uno de cada tres (36,6%), se siente conforme con la vida que lleva.

En contrapartida, el estudio reveló que los jóvenes de entre 18 y 29 años son el único grupo etario que muestra un cambio positivo en los niveles de felicidad. Los demás grupos de edad muestran una caída en los niveles de felicidad, principalmente en las personas de entre 50 y 59 años.

¿Por qué esta diferencia? La psicoanalista Paula Moldes sostiene que esa percepción de la felicidad de los jóvenes "puede atribuirse a su mayor adaptabilidad y optimismo frente a los desafíos. Además, esta generación ha crecido con una mayor exposición a tecnologías y redes sociales que facilitan la conexión y el acceso a oportunidades".

Para la especialista, en contraste, el abatimiento de los adultos "podría deberse a preocupaciones económicas, laborales y de salud que suelen intensificarse en esa etapa de la vida, sumadas a la carga de responsabilidades familiares y la percepción de un futuro incierto en términos de jubilación y bienestar".

Sin felicidad y bienestar, aumenta el estrés 

Según la Organización Mundial de la Salud, la felicidad y el bienestar son elementos esenciales para el desarrollo de una comunidad. Contar con cierto nivel de bienestar permite a las personas afrontar el estrés cotidiano, asumir nuevos desafíos, trabajar de forma productiva o desarrollar su talento. 

Luis Morera, director del Observatorio de Tendencias Sociales de Universidad Siglo 21, afirmó que “al tratarse de una cuestión multicausal, el aumento del estrés y la disminución de los niveles de felicidad se atribuye a una combinación de variables sociales, económicas y personales, como el capital social o la cohesión social. Es por ello que su abordaje también tiene que ser holístico, para así integrar todas las dimensiones que atraviesan el bienestar de la población”.

A su vez, el Observatorio de la universidad también analizar los casos de burnout, que refiere a la cronificación del estrés laboral que da lugar a una sensación de agotamiento generalizado. En este sentido, un análisis interanual de los datos obtenidos entre 2018 y 2024 demuestra un incremento significativo en el grado de estrés y agotamiento emocional en el último año: el 24% de la población afirma que la mayor parte de los días siente que no puede relajarse después del trabajo y que le cuesta cada vez más iniciar una nueva jornada laboral. Mientras que las personas entre 50 y 59 años son las que presentan niveles de burnout superiores a los demás grupos etarios, además de ser las menos felices.  

“El bienestar emocional es crucial para el desarrollo de la población y, por ende, debe ser considerada una de las prioridades tanto en las políticas públicas como corporativas. Desde una perspectiva económica, el burnout y la baja felicidad no sólo afecta la calidad de vida de las personas y la cohesión social, sino que también repercute en la productividad. Por eso esta problemática requiere de una atención sostenida por parte de todo un ecosistema que integre sector público, privado, tercer sector y academia”, sostuvo Leonardo Medrano, secretario general de Academia y Desarrollo de Universidad Siglo 21.