La tradición del Hipódromo: “Tener un caballo es un gustazo, pero...”
Como todos los años, el Hipódromo de Mendoza ofrecerá hoy una nueva edición del Clásico “Santo Patrono Santiago ”. Pese a la controversia que genera la competencia deportiva en la sociedad por la defensa de los animales que son sometidos a correr carreras por dinero, la tradición del hipódromo que atrae y une a muchas familias sigue vigente.
Se trata de uno de los eventos más importantes del año en la provincia y que ha llegado a contar hasta con 50.000 personas en la Catedral siguiendo de cerca las alternativas de la gran carrera. La historia del Santo Patrono Santiago se remonta a 1956 y desde allí se convirtió en una de las más importantes del país.
Pero el Hipódromo de Mendoza es concurrido no solo en esta fecha. Los fanáticos de las competencias de caballos suelen frecuentarlo todos los domingos y en estas fechas especiales, lo hacen en familia y con amigos.
Matías, un seguidor de las carreras de caballos es fiel a este deporte. Nada lo une más a su “viejo” que compartir el viaje al hipódromo los domingos y los partidos de River. Hace aproximadamente un año y medio, con un grupo de amigos tuvieron la oportunidad de comprar un caballo. Algo que no suele sucederle a la mayoría de los mortales, salvo en fantasías de niños.
Los seis amigos charlaron la posibilidad de comprar el caballo, que en ese momento estaba en Córdoba y con un esfuerzo compartido lograron lo que hasta ese momento había sido un sueño. “Cuando llega a Mendoza se lo llevamos a un cuidador que lo cuida un tiempito”, cuenta Matías.
Al principio, el caballo estaba flaco y necesitaba entrenamiento para hacerse fuerte y quizas volver a correr algún día. Meses más tarde, Got candy -así llamaron al caballo- corrió varias carreras. “Llegamos a ganar una y después se nos lesionó”, narra el burrero. En ese momento, las cosas se empezaron a complicar. “Lo tuvimos un tiempito más pero lo vendimos porque no conseguíamos cuidador”, dice.
No es fácil mantener a un caballo. Se necesita alguien que lo cuide, que sepa como hacerlo y lo entrene pero los cuidadores de caballos no abundan y la plata para hacerlo tampoco. “No es rentable, siempre vas a perder más plata de la que ganas. Tener un caballo es un gustazo pero el que diga que va a ganar plata es mentira, salvo que tengas un crack que no hay”, confiesa.