Judíos ortodoxos al ejército: cómo impacta la nueva medida en Israel
El martes 25 de junio, el Tribunal Supremo de Israel tomó una decisión de forma unánime respecto a un tema que históricamente dividió a la sociedad del único Estado Judío del Mundo: los jóvenes ultraortodoxos, hasta entonces eximidos de realizar el servicio militar obligatorio que rige para los ciudadanos del país, ahora podrán ser convocados por las Fuerzas de Defensa. Todo ocurre mientras la guerra contra Hamás en Gaza continúa y las tensiones con Hesbollah aumentan en la frontera norte israelí.
La decisión -unánime- fue asumida por los 9 jueces que conforman el tribunal supremo, quienes afirmaron que no existe base legal para continuar con la exención militar a jóvenes estudiantes de religión ultraortodoxos. En Israel, todos los ciudadanos judíos, drusos o circasianos del Estado están obligados a incorporarse al ejército a partir de los 18 años de edad. Mientras que los hombres deben prestar servicio durante 36 meses, el periodo para las mujeres es de 24. Cumplido ese plazo, los soldados se convierten en reservistas de las fuerzas de defensa.
Históricamente, el tema ha generado resentimiento, bronca y enfrentamiento entre los diferentes estamentos de la sociedad israelí. Sin embargo, el ataque perpetuado el 7 de octubre de 2023 por la organización terrorista Hamás que desencadenó una guerra que recientemente cumplió 9 meses, acentuó esa grieta. La extensión del conflicto que continúa sin solución aparente a pesar de las constantes negociaciones que pretenden un alto al fuego y la liberación de los 116 rehenes israelíes aún cautivos en Gaza, provocó que miles de reservistas deban cubrir una gran cantidad de turnos. A esto se suman las bajas que a sufrido el ejército y el impacto de la guerra en la economía local debido a la escasez de mano de obra.
Para la justicia israelí, el tema tampoco es nuevo. De hecho, existen fallos contra la exención en 1998, 2012 y 2017. Sin embargo, los sucesivos gobiernos han dilatado el tema durante los últimos años. Todo indica que la paciencia se agotó. En ese contexto, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu se enfrenta a una encrucijada. Mientras intenta resistir los embates de una importante porción de la sociedad israelí que mantiene protestas constantes en distintos puntos del país, la decisión del tribunal supremo impacta hacia el interior de la coalición que le permitió formar gobierno. En esa estructura política conviven dirigentes laicos que vienen manifestándose desde hace tiempo en contra de la exención y fuerzas ultraortodoxos que la defienden. Cualquier paso en falso podría derrumbar al gobierno que se vería obligado a convocar a elecciones.
Puntualmente, son 60 mil los jóvenes ortodoxos en condición de ser elegibles para prestar servicio militar. Según distintas versiones, las fuerzas armadas se comprometieron a reclutar rápidamente a unos 3 mil. El problema aquí radica en el número que aportan los demás judíos israelíes a la defensa del país. En síntesis: la sociedad pareciera no estar dispuesta a aceptar lo máximo que los ultraortodoxos pretenden conceder.
A su vez, el ala más conservadora del gobierno de Netanyahu tampoco tiene demasiado margen de maniobra, ya que un error podría desembocar en el fin de una administración que, desde su formación, le concedió importantes lugares de decisión a los partidos ultraortodoxos. Otra encrucijada más. Por su parte las FDI, ahora deberán trabajar en un proyecto para incorporar soldados que se niegan a prestar servicio y que, en muchos casos, analizan la posibilidad de emigrar a otros países.