Cuchillo, tenedor y cuchara: ¿para qué más pueden utilizarse?
Un tenedor azul ayer se me perdió. Bah, la verdad es que no sé si se me perdió ayer o ya estaba perdido de antes, no es que lleve el control estricto de los cubiertos. Lo que pasa es que tenía seis tenedores, seis cuchillos, seis cucharas y seis cucharitas, y recién ayer necesité usarlos todos al mismo tiempo, y ahí fue cuando noté el faltante. En definitiva, que una vez perdido no supe por donde buscarlo, y ese es principalmente mi problema. ¿Para qué se puede utilizar un tenedor, aparte de para comer? Si supiera eso, quizá me resultaría más fácil encontrarlo.
Alguien podrá, equivocadamente, suponer que no es relevante que un utensilio de cocina sirva para algo más que para lo que fue creado. Claramente, quien así lo exprese estará negando la utilización permanente de esos elementos en tareas esenciales para el funcionamiento de una casa. Si, por ejemplo, se me desapareciera un cuchillo del cajón de los cubiertos, el primer lugar en el que lo buscaría sería en la caja de las herramientas. Porque un cuchillo sirve, entre tantas otras utilidades, para cortar a las cositas del coso cada vez que es necesario arreglarlo (al coso), y también para calentarlo en la hornalla si es que necesitamos soldar alguno de esos plastiquitos que se rompen cada tanto. Sirve además para reemplazar a un serrucho al momento de cortar maderitas de escaso espesor y, por supuesto, es fundamental para ser utilizado como destornillador Philips cuando el tornillito es muy chiquito, y la herramienta que debería ser usada tiene las muescas molidas, robadas, limadas, o como quiera uno decirle. O sea, que el cuchillo resulta fundamental cuando el destornillador no desatornilla. En mi caso, tengo más de un cuchillo de sierrita con la punta mochada a distintos niveles, para cubrir diferentes tipos de tornillos, que todo indicaría que la vida no es tan fácil como la andan contando por ahí.
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En cuanto a las cucharas ausentes, también es fácil saber por dónde rastrearlas. Algunas personas las usan de palitas para jardinería, para mover la tierra en las macetas o en el mismísimo patio de ser necesario, y los niños y niñas las siguen utilizando para sus juegos, como antes, como siempre. Lo que me parece que ya no es un uso que se les dé a estos utensilios, tal como era habitual en el siglo veinte, es para parchar las ruedas de las bicis. No lo puedo asegurar, pero me parece que ya no se arreglan tanto las bicis en los patios de las casas como en otras épocas. Antes (según puede leerse en los manuales de historia) cuando a la bicicleta se le pinchaba una rueda era necesario ir al cajón del fondo, en donde casi en forma obligatoria había “Solución”, y uno o dos parches. Para quien no sepa de qué hablo, le comento: la “Solución” era algo así como un poxi-rán, pero antes de que las multinacionales se ocuparan del asunto. Y para poder parchar la cámara de la bici era necesario, aparte de esos elementos, sacar a la rueda de su eje, agarrar dos cucharas, meterlas entre la llanta y la cubierta utilizando el lado del mango del utensilio, hacer palanca para liberar a la cámara, y lograr así finalmente reparar la pinchadura; luego de eso, las cucharas eran nuevamente
necesarias para realizar la operación inversa, de armado de la rueda. Que puede parecer muy larga la explicación, es posible. Pero, en definitiva, ahí era en donde las cucharas desaparecían: porque una cosa era sacarlas del cajón de los cubiertos para arreglar la bici, pero otra muy diferente era volver a guardarlas, que eso de ordenar no es algo que niños y niñas hagan con frecuencia, sin importar en qué siglo hayan nacido.
En definitiva, que se puede traspapelar un cuchillo o una cuchara; pero un tenedor, difícilmente. Por último, y habiendo revisado en el espacio ese que queda entre la cocina y la mesada en donde habitan elementos de antigüedades varias, y siendo negativa la búsqueda, todo indicaría que, como bien dije, el tenedor azul ayer se me perdió. No creo que me sea nuevamente necesario utilizarlo en el corto plazo… pero cómo saberlo.
De todos modos, las opciones que me quedan son varias: por un lado, puedo intentar no juntarme con más de cuatro invitados por vez; en caso contrario, la cosa puede salvarse comiendo pizzas y empanadas, y que cada quien se las arregle como pueda si se le chorrea la muzzarella, que tampoco es para tanto. Porque lo grave, lo realmente grave, es que se te pierda un tenedor; porque la verdad, fuera del cajón de los cubiertos, no sé por dónde buscarlo.
* Pablo R. Gómez, escritor autopercibido.
IG: @prgmez