Opinión

El agua subterránea y el desarrollo de Mendoza

En un contexto, reitero, de estancamiento económico que condiciona la vida social y familiar de los mendocinos ¿cómo funcionan esos principios ambientales respecto del agua?

Nicolás González del Solar lunes, 27 de mayo de 2024 · 07:07 hs
El agua subterránea y el desarrollo de Mendoza

El presente artículo es una breve reseña de las conclusiones de un proyecto de investigación e intenta aportar algunas reflexiones sobre la gestión del agua en Mendoza, frente a los nuevos desafíos que nos impone la adaptación al cambio climático y los principios ambientales en el contexto de estancamiento socioeconómico que vive la provincia.

Una oportunidad para no desperdiciar

Mejorando la situación lograda, el gobernador actual con muy buen tino y criterio ha dispuesto una adenda que permitiría un mejor uso de la indemnización debida a la provincia por aquel injusto régimen de promoción industrial. Sumado a eso, lleva adelante una coherente y proactiva política de estado respecto de impulsar la actividad minería lo que podría significar frente a un cambio de paradigma en la extracción de recursos naturales (por caso la disminución del upstream de petróleo y gas convencional), un salto evolutivo respecto del escenario que se planteaba años atrás.

Sin entrar en detalles sobre lo dicho por no ser el tema central de esta publicación y por razones de espacio, lo que he intentado inferir es la impronta de desarrollo social y económico que pretende el gobierno, en su entendimiento supongo, de que Mendoza necesita evolucionar y tiene una oportunidad única.

En un contexto en el cual el 50% de los argentinos son pobres, el proyecto de vida de los jóvenes (y no tan jóvenes) es emigrar, los principios de desarrollo sostenible, de equidad intergeneracional, de precaución y prevención deben adecuarse a nuestra situación de país emergente.

Depende cómo entendamos los principios ambientales mencionados (sea por ideología, por ubicación geográfica, por construcción cultural, por religión, etc.) nos obligarían en algunos casos a reprimirnos sin más en el uso de los recursos naturales para dejárselos a nuestras futuras generaciones y en otros a tomar los recaudos necesarios para que el aprovechamiento de estos sea útil a las generaciones presentes y futuras. Esta última reflexión implica un desafío, una labor mucho más compleja, menos cómoda para quienes tienen la función de administrar recursos naturales en países emergentes. Esta idea exigiría
gestionar mucho mejor y a un nivel técnico muy por encima de la media tal que logre compatibilizar el óptimo aprovechamiento de los recursos para crear las condiciones necesarias para que las generaciones futuras tengan una mejor calidad de vida. Y los países que necesitan desarrollarse se debaten en la paradoja de hasta dónde y cómo usar los recursos naturales y la respuesta no puede ser la misma para un país rico, desarrollado cuyos habitantes tienen sus necesidades básicas satisfechas y alto estándar de vida.

En un contexto, reitero, de estancamiento económico que condiciona la vida social y familiar de los mendocinos ¿cómo funcionan esos principios ambientales respecto del agua? La respuesta está en exigir a nuestros funcionarios a que honren es fideicomiso público y hagan y hagan bien. Paralizarse es tan grave como hacer mal.

El rol del agua en el desarrollo de Mendoza

Si hablamos del agua en Mendoza inexorablemente debemos mencionar al Departamento General de Irrigación (DGI). Es sabido entre especialistas, regantes y usuarios en general que la administración del agua superficial aún goza de un alto estándar en términos generales pues a la llevada a cabo por la estructura central del DGI, secundada y apalancada por los usuarios a través de las Inspecciones de cauce que los agrupan y que en definitiva son quienes gestionan in situ, controlan, vigilan y mantienen la red no primaria de riego.

La metáfora de la Cenicienta

El sistema de gestión superficial es perfectible claro, y pesar de lo mucho que resta por hacer, funciona bien. Pero el agua es una sola y si solo funciona la gestión del agua que podemos ver tenemos una falla muy grave que afecta el crecimiento y al desarrollo de Mendoza.

De pequeños seguramente leímos o vimos la película de Cenicienta. Esa niña sufrida aprovechada por sus hermanastras y madrastra que lidiaba con la ropa sucia y los platos rotos, siempre dispuesta a ayudar sin obtener nada a cambio y jamás tenida en cuenta desvalorizando su importante función en casa.

No es casual que al agua subterránea se le llame la Cenicienta de las Administraciones hídricas y a pesar de existir la posibilidad de ser utilizada para potenciar y hacer despegar zonas productivas el DGI permanece impávido a una altura muy inferior a la que le exigen las circunstancias. Es que la repartición ha demostrado en todos los terrenos y a todas luces un desmanejo injustificable.

La verdad sea dicha, algunos atisbos de mejorar ha habido, pero como decía San Francisco de Sales, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones y la administración del agua no se hace solo con fotos sino entendiendo una película.

Me atrevo a escribir sin temor a equivocarme que quizá los más oscuros episodios institucionales de Mendoza tuvieron por protagonista al agua subterránea: Desde sospechas de venta de permisos de perforación en el seno del DGI al mercado negro de derechos y la contaminación de toda una subcuenca subterránea y la lista seguiría pero no es el fin de la nota hacer una radiografía del Organismo sino su desentendida relación con las aguas subterráneas y los acuíferos que dicho sea de paso albergarían la reserva más importante de agua de la provincia y un insumo crucial para el desarrollo.

Las Naciones Unidas reconocen salvo honrosas excepciones que la principal causa de escasez hídrica es la provocada por las malas gestiones lo que implica trabajar fuertemente en la oferta y la demanda y no cerrase en demonizar la demanda bajo la sombra de un principio precautorio mal entendido y peor utilizado.

El agua subterránea es un recurso oculto que recibe poca atención pública. Sí es muy desafiante porque para comprender completamente su hidrología e hidrogeología, se requiere una gran variedad de competencias que el DGI jamás se ha propuesto cubrir.

Conceptos como 1) recarga de acuíferos; 2) consorcios de usuarios de aguas subterráneas, 3) reasignación y redistribución; 4) registros de derechos, no han existido en los planes del DGI en los últimos 30 años a pesar de estar todos previstos en las leyes actuales. Mientras el Poder Ejecutivo redobla esfuerzos para apoyar el RIGA incluido en el proyecto de la llamada Ley de Bases, el DGI se ha encargado de espantar o retrasar durante más de una década, grandes y genuinas inversiones durante décadas que podrían traer bienestar, trabajo y desarrollo regional.

La posible codificación del régimen legal de las aguas

Quienes estudiamos estos asuntos, siempre tomamos con entusiasmo cada iniciativa del DGI de encargar la redacción de un proyecto de Código de Aguas, que seguramente sería una herramienta eficaz y hasta quizá elimine una buena parte de la maraña de normas hídricas muchas ellas contradictorias, erráticas y hasta inconstitucionales que integran su reglamentación vigente. Pero no debemos creer que el código traerá la solución a todos los problemas descriptos, una ley es solo un instrumento que debe ser bien utilizada pues como dicen los que saben, ya hemos visto que el problema es el indio y no la flecha.

Autor: Nicolás González del Solar

Nicolás González del Solar
Doctor en Derecho (Facultad de Derecho Zaragoza), Máster en Gestión Integrada de Recursos Hídricos (Facultad de Ingeniería, UBA), Profesor de Derechos Ambiental y de Aguas y Codirector del Instituto de Agua y Ambiente Dr. Joaquín López (UM)

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