Opinión

Argentina y el nuevo Orden Mundial Generativo

Las nuevas tecnologías requieren profesionales especializados, desatando una voracidad por un recurso humano muy calificado. Así lo describe el doctor Carlos Regazzoni en MDZ

Carlos Javier Regazzoni martes, 30 de abril de 2024 · 08:33 hs
Argentina y el nuevo Orden Mundial Generativo
La teoría de la inteligencia artificial sostiene la posibilidad de construir una máquina que realice funciones cognitivas  indistinguibles del ser humano. Foto: Shutterstock

Podría ocurrir que estemos pensando el país para un mundo que nos deja para siempre. Nuestras ideas económicas y de  ordenamiento social, bien podrían estar demasiado influenciadas por el pasado, y carecer de contemporaneidad. Especialmente las nuevas generaciones deberían plantearse esta hipótesis; si están pensando el país para el mundo de hoy, o pugnamos por entrar allí donde ya no hay nada. Esta reflexión nos viene obligada por la irrupción de la inteligencia artificial (IA) y su futuro inmediato, los llamados modelos de “frontera”.

La teoría de la inteligencia artificial sostiene la posibilidad de construir una máquina que realice funciones cognitivas  indistinguibles del ser humano. Esta teoría originó una serie de tecnologías informáticas y matemáticas que terminaron produciendo una revolución con profundas consecuencias en la producción de bienes y servicios, la convivencia, y, en definitiva, en la distribución mundial del poder. Su manifestación más notoria (en Occidente) son los sistemas predictivos y, particularmente,  los grandes modelos generativos como ChatGPT, Gemini, Groq, o Perplexity, entre otros.

Nuestras ideas económicas y de  ordenamiento social, bien podrían estar demasiado influenciadas por el pasado, y carecer de contemporaneidad. Foto: MDZ.

Sus múltiples y profundos efectos, según un lúcido reporte de Goldman & Sachs, podrían anunciar el surgimiento de un “orden mundial generativo”. Un ordenamiento global donde el dominio de estos grandes modelos constituya la variable inevitable
para la relevancia de los países y su capacidad de influenciar el futuro regional y global.

Qué es la Inteligencia Artificial

Alan Turing (personificado por Benedict Cumberbatch en “código enigma”) fue pionero de la teoría de la IA. En su artículo “sobre máquinas de computación e inteligencia”, de 1950, considera “si las máquinas pudieran pensar”. Concluye que la máquina podría
llegar a pensar de utilizar un programa que imite la mente de un niño, siendo capaz de aprender. Esta idea filosóficamente planteada convivió con los desarrollos de Warren McCulloch y Walter Pitts en computación neuronal, base de la teoría posterior del
“machine learning”, o máquinas que aprenden.

El corazón de estos sistemas son las redes neuronales artificiales, ecuaciones matemáticas capaces de realizar estimaciones estadísticas, e inspiradas en el funcionamiento del cerebro humano. Con datos, el aparato se entrena para inferir qué debe ocurrir cuando se lo expone a una situación nueva. Entonces puede generar textos, identificar objetos o sonidos, anticipar la evolución de los mercados, predecir comportamientos humanos, conducir vehículos, dirigir el tráfico, o prever si alguien cometerá un delito.

Estos modelos funcionan bajo tres condiciones. Primero, enormes dispositivos de captación de la información con que entrenar a las redes neuronales. El sistema aprende por cierto ensayo y error, luego debe practicar con muchos datos hasta lograr resultados aceptables. Aquí entra en escena el 5G, una plataforma de comunicaciones (transferencia de datos) que permite captar información a velocidades nunca vistas. Se entiende así la conflictividad en torno a la adopción de esta tecnología, y las preocupaciones por la seguridad y la privacidad. Segundo, se requieren equipos con gran capacidad de cómputo, lo que nos lleva a los semiconductores de última generación y la guerra global en torno a los microchips. La microelectrónica es decisiva para la IA.

El corazón de estos sistemas son las redes neuronales artificiales, ecuaciones matemáticas capaces de realizar estimaciones estadísticas, e inspiradas en el funcionamiento del cerebro humano. Foto: MDZ.

Este poder y nosotros

El poder de la IA es inmenso y su construcción posee requerimientos excluyentes, luego se convierte en un privilegio de pocos, destinado a ser utilizado por todos, y con ventajas indisputables para quienes lo dominen. Los expertos buscan que la IA desarrolle modelos del mundo; que reconozca las cosas, sus relaciones y conductas, y la forma de manipularlas. Sin embargo, como dice H Kissinger (“la era de la Inteligencia Artificial”), estos sistemas armarán una “idea del mundo” a su propia medida. Distinta de la nuestra, y únicamente basada en la utilidad y la eficacia.

Ahora bien, siguiendo a Romano Guardini, cuando el artificio es capaz de modificar a la naturaleza, podría modificarnos a nosotros, que somos seres naturales. Entonces corremos dos riesgos. Primero, dejarnos llevar por el imperio de la eficacia, volviéndonos individualistas, exitistas, y ajenos a nociones colectivas de justicia. Segundo, podemos autoexcluirnos por miedo o ignorancia de una tecnología con el potencial de solucionar una increíble cantidad de problemas y de ayudarnos a extender la felicidad a mucha gente, resolviendo cuestiones de cuidados de la salud, educación, y solución de la pobreza, hoy sin respuesta. La consecuencia sería la irrelevancia asegurada. La única respuesta posible es adquirir un mayor conocimiento de ambas inteligencias, la artificial y la humana, y de nuestra propia visión del mundo y de la vida.

Estrategia

Debemos crear un consorcio de universidades para crear un gran modelo de IA generativa completamente abierto y democratizado. Sin secretos y disponible para los estudios de, segundo punto, miles de doctorados que debemos promover, de diversas disciplinas, para recrear el espíritu crítico académico en torno a la IA. Este modelo daría servicios a la salud, la pobreza, los estudios científicos, la modernización del Estado, y más. Tercero, la microelectrónica es imperiosa. Debemos promover la investigación y el desarrollo de microelectrónica nacional. Cuarto, es hora de tomar en serio la generación de bases de datos modernizadas en todos los  ámbitos de la vida pública, garantizando su seguridad y privacidad, y de entender que la infraestructura comunicacional del país reviste carácter estratégico e implicaciones para la seguridad y la defensa nacional. Quinto, necesitamos un marco regulatorio, ya no para la actual IA, sino para los modelos de frontera, la llamada IA genérica, que es lo que se viene.

Una posibilidad es seguir a Reino Unido y los Estados Unidos en la creación de un Instituto Nacional para la Seguridad de la IA. La razón es simple, regular esta actividad exige niveles de formación similares o superiores a lo que ocurre con la energía atómica.

Debemos crear un consorcio de universidades para crear un gran modelo de IA generativa completamente abierto y democratizado. Foto: MDZ.

Finalmente, la educación. Nuestros colegios deben cambiar. La enseñanza de las matemáticas es indispensable. Pero se enseña mal, y con resultados devastadores. Hay que cambiar. Curiosamente, fue Alan Turing quien dijo que, solo hay educación
cuando se establece algún tipo de comunicación entre maestros y alumnos. Quizás la crisis educativa atestigüe en contra de nuestro diálogo social. Es buen momento para madurar. Ahora conviviremos con algo que es muy, muy grande, es artificial, pero se parecerá mucho al humano. Su punto débil es que no aceptará sus defectos; pero aceptarlos es parte de nuestra mejor humanidad. Y aceptar defectos mejorará nuestro diálogo social; así nos educaremos, y entraremos al mundo de hoy, que está lidiando con la máquina.

Carlos Javier Regazzoni.

* Dr. Carlos Javier Regazzoni, ex-titular del PAMI, director del Instituto de Salud Global, Universidad Kennedy.

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