El Día del Arquero

Historias desconocidas sobre arqueros del fútbol argentino: "El Manco" y "La Gloria"

El goalkeeper para los viejos “spikers” de las trasmisiones radiales de ayer. El guardameta. El guardavalla, el golero o el cancerbero. El portero. El 1. “El panzón” en el metegol. Simplemente, el arquero.  

Gustavo Capone
Gustavo Capone domingo, 21 de abril de 2024 · 07:34 hs
Historias desconocidas sobre arqueros del fútbol argentino: "El Manco" y "La Gloria"
El inigualable Américo Tesoriere. Foto: El Gráfico

“El gordito al arco”, gritaban en el mítico (descarnado) potrero, cuando el traumatizante bullying recién sería un tema para la futura posmodernidad. “¿Qué querés?; si era arquero”, caracterización irónica de Diego cuando en medio del chispeante folclore futbolístico definía a un “atajante”.

Arquero. El de camiseta color distinto. El único jugador que puede agarrar la pelota con la mano. El esporádico héroe y el casi siempre villano. El que festeja solo cada gol de su equipo y el que debido a su exposición seguramente se convertirá ante el arrogante “sabelotodo” mundillo futbolero, en ese tipo que “pudo haberlo atajado, o al menos pudo haber hecho algo más”, transformándose en víctima feroz de los que opinan “con el diario del lunes”. Pero también, el puesto más solidario de todos y el que consagró idolatrías inmortales: “El león de Wembley” Rugilo, el Tano Roma, el Loco Gatti, Nery Pumpido, el Pato Fillol, Dibu Martínez. Ídolos; como el 1 del equipo barrial o como el arquero del club de nuestros amores.  

El único puesto que tiene una conmemoración específica: “Día del Arquero”. Fecha que realmente existe, y si bien muchos se referirán a ese día como el momento que nunca llegará, en nuestro país dos efemérides recuerdan la función del que ataja en un equipo de fútbol. 1) El internacional 14 de abril en homenaje al nacimiento del destacadísimo arquero colombiano Miguel Calero (1971 – 2012), quien luego de padecer una trombosis venosa en el brazo izquierdo tuvo que retirarse de las canchas, para fallecer al poco tiempo por un accidente cerebrovascular. 2) La conmemoración nacional del 12 de junio, en honor al día que nació en Rufino (Santa Fe) el inolvidable y gran Amadeo “Tarzán” Carrizo (1926 - 2020).

Pero todavía hay más. He aquí dos historias prácticamente desconocidas de arqueros, que compusieron legendarias páginas del futbol nacional.

Winston Coe: “El Manco”

Eran tiempos del amateurismo en el fútbol argentino. Uno de los clubes animadores de aquella Argentine Football Association será Barracas Athletic Club fundado en 1901. Los equipos por esa época estaban formados en su mayoría por inmigrantes británicos. Fue el caso de Barracas surgido en Lanús que, a pesar de durar solamente seis temporadas en competencia, registró para su propia historia deportiva un hecho que aún hoy resulta insólito a nivel mundial.

Corría la temporada futbolera de 1906, cuando el multicampeón del futbol nacional, el glorioso Alumni Atlhetic con los hermanos Brown logró adquirir los servicios del arquero José Baruca “el vasco” Laforia (1884 – 1957) perteneciente al Barracas A. C.

El pase terminó concretándose a cambio de un trabajo que Diego Brown (padre de los jugadores de Alumni y directivo de ferrocarriles ingleses) le ofreció a Laforia (a la postre el primer gran arquero del fútbol criollo) en el Ferrocarril del Sud. Lo cierto fue, que tamaña pérdida dejó sin arquero a Barracas, sumergiéndolo en una crítica emergencia, ya que en la institución no había otro arquero suplente.

La primera fecha del torneo arrancaba y sin encontrar solución al tema de la ausencia del guardameta, el descendiente de famosos irlandeses y nieto de consagrados marinos; socio fundador de la institución; uno de los primeros fabricantes de whisky argentino y robusto marcador lateral derecho, Winston Coe (1878 – 1951), alzó la voz y dijo: “¡cuenten conmigo; atajó yo!”. La sorpresa cundió en el camarín de los oriundos de Lanús. Winston Coe, había perdido cuando niño su brazo izquierdo en un accidente doméstico. “Si quieren les doy una mano; dos ya saben que no puedo”, remató socarronamente, pero con altísima autoestima.

La urgencia pudo más, y así Coe se calzó “el guante” para enfrentar ese primer duelo contra el histórico Estudiantes de Buenos Aires. El resultado favorable por 2 a 1 para el equipo constituido por jóvenes del Colegio Nacional Sur fue una anécdota al lado de la descollante actuación cumplida por Coe. A tal punto que diario “La Prensa” en su crónica destacó: “Muchísimos shots atajó el manco Coe, por lo cual se hizo célebre, pues no es poca virtud desempeñar este puesto cuando se posee solo una mano. Su modo de parar la pelota, la seguridad y la confianza con la que procede son dignas del máximo elogio”.

La carrera como arquero de Coe no se prolongó por mucho tiempo. Un duro 11 a 0 contra “Reformer” de Campana y un posterior 5 a 0 contra el campeón Alumni se encargaron de desnudar la cruda realidad. Winston Coe volvió a ocupar el lateral derecho. Se retiró joven para convertirse en un empresario exitoso, aunque dicha historia del manco arquero pasará a ser asombrosa en el mundo entero e increíblemente real.

Américo Miguel Tesoriere: “La Gloria”

“A las ocho de la noche Américo Tesoriere, arquero titular de Boca Juniors, abandona su puesto de administrativo en la empresa Canale y Huergo. Sale de la fábrica ubicada frente al Parque Lezama con un bolsito en la mano y se dirige, como casi todas las noches, a la cancha que Boca tiene en la calle Ministro Brin”. (Juan Stanisci: “Américo Tesoniere, el arquero que fue barrio”. EN: “Lástima a nadie, maestro”. Marzo de 2021).

Era la rutina de Américo, el arquero que nació en 1877, a tres cuadras (Brandsen al 500) de la actual cancha de Boca. Hijo de uno de los primeros inmigrantes italianos que llegaron a los conventillos de la ribera porteña: Don Doménico, quien nunca dejó de hablar en “xeneize”, dialecto de los oriundos de Liguria.

Tesoriere, el arquero invencible.

“Es la gloria de Boca”, decían sus fanáticos. Por mandato popular se consagró como “Tesorieri” en vez de su verdadero: Tesoriere. Empírico contador. Poeta. Fundador y jugador callejero de clubes barriales: Coronel Brandsen y Aurora. “Fachero”, galán, petitero, pintón. “La Gloria”. El que atajaba con tricota gris. “Ni se despeinaba”. El mejor arquero argentino en la década del ’20. Campeón con Boca, obteniendo 13 títulos. Jugó 37 partidos en la selección argentina, siendo campeón de América en 1921 y 1925. Hasta fue llevado en andas por sus archirrivales uruguayos tras una final.  

El primer jugador de Boca que fue tapa de “El Gráfico” (un 8 de julio de 1922) y beneficiario de uno de los mayores e inigualables homenajes que un deportista puede recibir. Su hinchada componiendo para él y cantando un himno eterno que se trasladará de tablón en tablón: “Tenemos un arquero que es una maravilla /ataja los penales sentado en una silla”. Fue creado hace más de un siglo. Todavía emociona.  

“El poeta del arco” que conmovió a Einstein

Su hijo Eduardo Gerónimo Tesoriere recopiló en un libro toda la obra literaria de su padre. “Tesoriere, el poeta del arco” (Editorial Dunken. 2016), donde conjugará su poesía y su memoria barrial.

Como una pintura de Quinquela o un tango de Juan de Dios Filiberto, Tesoriere describirá como pocos, en prosa o poemas, su querido barrio de La Boca. Sus letras nos transportarán a la ribera de principio de siglo XX: los carnavales, el café, billares, los amigos, la plaza, “las pebetas”, las noches, la cancha, la pelota. “Vieja luna indiscreta / si habrás espiado al desdichado poeta / rodando como perro sin dueño / por cafetines ribereños de alcohol y de pequeños sueños”. (“El secreto” – A. Tesoriere)

Américo Tesoriere.

Participó de la histórica gira de Boca a Europa en 1925 por España, Alemania y Francia. El equipo fue despedido por más de 10.000 simpatizante, entre los cuales se encontraban banderas de Huracán, El Porvenir y River Plate. El centro de mayor atracción: “La Gloria” Tesoriere.

Existe una curiosa anécdota y muy poco conocida de esa gira de 19 partidos. En su regreso de Europa a Buenos Aires, en el vapor “Marsella”, junto al plantel boquenses, venía Albert Einstein a visitar Argentina para luego pasar a Chile, quien le manifestó a su discípulo y amigo mendocino (el astrofísico Enrique Gaviola) que durante el viaje y sorprendido además por la gigante recepción boquense, se había convertido en hincha xeneise. En ese regreso, domingo 12 de julio de 1925, más de 25.000 personas recibieron a Boca en el puerto de Buenos Aires.

Deberá haber sido ese, el único día de su existencia, en que el extraordinario Premio Nobel de Física de 1921 y autor de la teoría de la relatividad, pasaba inadvertido. Fue entonces, en ese instante, que el mismísimo Einstein confirmó otra teoría sobre la “relatividad”: “el corazón tiene razones, que ni la propia razón entiende”.    

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