Postales de nuestra historia

140° aniversario de Rivadavia: cuatro pretextos para explicar que tenemos muchos siglos más

Dicen que Rivadavia cumple 140 años. Y es real. Nació desde ese 18 de abril de 1884 una nueva etapa política y administrativa, aunque todos sabemos que nuestra historia común tiene muchos siglos más.

Gustavo Capone
Gustavo Capone jueves, 18 de abril de 2024 · 08:55 hs
140° aniversario de Rivadavia: cuatro pretextos para explicar que tenemos muchos siglos más
El departamento cumple hoy 140 años.

A diferencia de los hábitos tradicionales, no voy a escribir de lo que pasó en estos últimos benditos 140 años, sino que voy a intentar sintetizar cuatro antojadizos hitos históricos fundacionales hasta hace 140 años. Muchas veces hemos escrito notas desde el 18 de abril de 1884 a la actualidad. Hoy, ese pretendido comienzo a partir esa fecha tan referencial, en esta nota al menos, será el final.

“Un Huarpe en Jurancó” (tiempo nativo) 

Hay que remontarse muy atrás, y revisar. "Las evidencias están dadas por la presencia de los hornillos de barro en Las Huayquerías, presentes a cierta profundidad en los cortes de terrazas y barrancas, que señalan un tipo de artefacto inmueble indígena. Tales restos pudieron ser la obra de indígenas del período cerámico más temprano de etapa alfarera". (Barcena, Roberto: "Prehistoria de Rivadavia". En: "Rivadavia, historia y perspectiva". Pablo Lacoste (compilador). Diario Uno. Abril 1996).

Estamos hablando de casi seis siglos atrás. Allá; en el lado alzado del "Palempotó", como el Huarpe llamó al río Tunuyán, nació el primer asentamiento sedentario de lo que definimos administrativa y políticamente actualmente como Rivadavia.

Le llamaron "Jurancó"; y si bien siempre las toponimias son antojadizas y muchas veces difícil de comprobar, diremos siguiendo a Juan Isidro Maza que "Jurancó" significa en milcayac - huarpe: "agua que brota de la piedra".

Actualmente comprendería el distrito de La Reducción ("la Reducción de arriba" para los lugareños) y fue dónde, ni lerdo ni perezoso, el colonizador español se asentó.

En realidad, el cacique referencial de todo Uyata ("valle de la ensenada) fue Pallamay, y de él se desprenderá una línea sucesoria donde se encuentra Pasambay, también conocido como "el cacique Pablo" y con quien tomará contacto el español.

“Un español en La Reducción” (tiempo colonial)

Hasta ese Jurancó llegó Pedro Moyano Cornejo, "el Regidor" con funciones de policía en la expedición de Pedro del Castillo de 1561, tras haber recibido tierras en compensación de su acción colonizadora por la fundación de Mendoza.

Pedro Moyano Cornejo se convertirá en "el dueño del Este". Él autodenominará esa zona como “Rodeos de Moyano”. Y así, el oriundo de Cabeza de Buey (Badajoz) pasó a ser el primer encomendero de la zona, construyendo su estancia y residencia en el actual distrito de La Reducción, también denominado por los hispanos - chilenos según las actas del Cabildo como "la región del Gelante". Será entonces, esa “reducción de indios” el primer asentamiento colonial en el futuro departamento.

Un antecedente concreto que podría determinar la bisagra cultural y política entre el tiempo nativo y el tiempo colonial en el Este mendocino (una especie de 12 de octubre para Rivadavia) fue la Merced Real del 17 de diciembre de 1578, extendida por el Gobernador del Reyno de Chile, Rodrigo de Quiroga López de Ulloa, a Pedro Moyano Cornejo, por lo cual le otorgaba las tierras colonizadas.  

Los orígenes del departamento mendocino.

En circunstancias posteriores Moyano Cornejo adquirirá además las posesiones que pertenecieron a los también expedicionarios Antonio Cambranes y Alonso de Torres. Agregaremos que, a lo recibido ya, Moyano Cornejo adosará tierras en las regiones de Tiasta y Uspallata, convirtiéndolo en uno de los mayores hacendados mendocinos de todos los tiempos (¿asombroso no?). Él y sus sucesores llegaron a poseer la región de Machaota, Lagunillas y Yopacto (hoy Santa Rosa y La Paz). Por ende, los Moyano llegaron a tener en el primer tiempo de la conquista española en Mendoza una franja de tierra que iba desde la cordillera (Uspallata) hasta el Desaguadero entre el Río Mendoza al Tunuyán.

Inmediatamente después a La Reducción, empezarán a surgir otras poblaciones pioneras del departamento, como el caso de la “Ensenada de Olguín”, base fundacional del futuro distrito de Santa María de Oro y “La Costa de Ferreyra” sobre la margen derecha del río Tunuyán (futuro distrito de La Libertad). Es el tiempo donde simultáneamente nacerá “Posta Las Ramadas”, directamente relacionada a la importancia que empiezan a tener los puntos neurálgicos e intermedios en los caminos que unían Mendoza con Buenos Aires a través del “camino real”

"Un mestizo en Las Ramadas (en busca de un tiempo independiente)"

 Durante este tiempo Las Ramadas integró el Curato de Corocorto, que a su vez pertenecía al Corregimiento de Cuyo, dependiente de la Capitanía General de Santiago del Reino de Chile formando parte del Virreinato del Perú (1561 – 1776).

Pero ante la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 deja de depender de Chile, pasando todo Cuyo a ser parte la Gobernación del Tucumán.

En este momento a la zona ya se la reconoce popularmente como Las Ramadas, perteneciendo a la Subdelegación de Mendoza hasta el 25 de mayo de 1810 que marcará el comienzo de la “etapa criolla” en busca de la independencia que llegará definitivamente en 1816.  

Casi la totalidad de los asentamientos han tomado como referencia los anteriores poblados o tolderías huarpes, aprovechando lo oportuno de la ubicación en las partes altas e irrigadas de los ríos.

Así surgirán las primeras “estancias” españolas que comprendían cientos y miles de hectáreas. Proliferan también, los parajes denominados “rodeos”, lugares que concentraban la hacienda, que se trasladaba desde el sur provincial o provenían de San Luís.

Estas estancias y rodeos sirvieron de base para nuclear a gran parte de las futuras poblaciones (el eje de los próximos departamentos) y a su vera se constituyeron las postas, surgiendo los primeros caminos. Así, pasando por Posta Las Ramadas, el recorrido desde Mendoza a Corocorto era el siguiente:

  • Paraje de “San José” – Ciudad de Mendoza
  • “El Rodeo de la Cruz”
  • “El Rodeo del Medio”
  • El paso del río del Mendoza por “Corrales Negros (altura de Barrancas).
  • “La Posta del Retamo”, hoy el departamento de Junín
  • Llegada a “Posta Las Ramadas”
  • Luego el camino proseguía costeando el río Tunuyán.
  • “Posta de Las Catitas”
  • “La Dormida del Negro”. (Hoy “La Dormida” - Santa Rosa)
  • Hasta llegar al Departamento de La Paz (en aquel momento, “San José de Corocorto”, actual “Villa Antigua”, distrito paceño).
  • “Paso del (río) Desaguadero”, y continuación del camino a San Luís (“Punta de los Venados”).

“Un criollo en San Isidro” (el tiempo del crecimiento) 

En 1846 se creará una organización administrativa y política que no perdurará mucho tiempo. Tendrá funciones de gobierno, pero por sobre todas las cosas fue una organización militar que pretendía controlar las fronteras ante los malones nativos y contrarrestar las sublevaciones internas. Esta nueva jurisdicción nació por disposición del Gobernador Pedro Pascual Segura que dividió Mendoza en “Territorios de Campaña”. Las Ramadas formará parte del “7º Departamento de Campaña”, junto a Junín, San Martín, Santa Rosa, La Paz y parte de los actuales Luján y Maipú. Estará regido por un Subdelegado Provincial constituyendo todos los nombrados: la Subdelegación de San Martín. Lo trascendente fue que Las Ramadas pasará a ser un distrito de San Martín, pero con el nombre oficial de “San Isidro”.

Así como calle Chañar o el “camino real” fueron durante el siglo XVIII las arterias que concentraron la mayor capacidad de asentamientos y circulación, en tiempos de “Villa San Isidro” el centro social será precisamente la calle denominada “central”, “de la Plaza”, “de la Iglesia” o como se denominará por muchos años: “Real San Isidro”.

Ya en 1870 encontramos las oficinas municipales funcionando en la intersección de calle San Isidro y actual San Martín. Ese lugar era el caserón de Saturnino Narvaja, que no solo abarcaba las reparticiones municipales, sino también la Policía y el Juzgado de Paz.

La calle San Isidro cobijaba además durante ese final de siglo XIX, una farmacia (de Benito Sicardi, luego de Domingo D’Angelo), una talabartería, una pulpería (Rosas Núñez), una herrería (Fernando Raffo), una sastrería de alta confección (Juan Ponce). Dos panaderías (una de ellas de Lucio Robledo), una peluquería (“barbería” de Sergio Ruíz), unas cuantas tiendas y almacenes (cuyos propietarios eran entre otros: Wenceslao Núñez, Heriberto Baeza, Guillermo Cano, Ramón Gatica, Bernardino Vicuña Prado, Ricardo Galigniana, y varios abastos de carne completan el panorama de la calle, entre los que se destacan Isauro Estrella, Felipe Calle, Pedro Fernández y José María Lobos).

La primera escuela del centro rivadaviense funcionó sobre la actual esquina de Lavalle y Mariano Moreno, al lado del granero de los Raffo. Luego se cambiará al caserón de los Narvaja (donde también funcionaba la municipalidad) con la coincidencia que la “dueña de casa”, Doña Fermina de Narvaja, será la maestra y directora del colegio. Fue el antecedente de la actual Escuela Bernardino Rivadavia.

La originaría Plaza, con forma de triángulo, estaba enclava en el lugar donde actualmente se encuentra. En un primer momento era un descampado que a veces funcionaba como corral, limitada por unas sogas y algunos ligustros. La plaza fue escenario de las irreconciliables posturas políticas de la época. Sede de los fusilamientos de los referentes federales Juan de Dios Contreras y de Francisco Molina ordenados por el Mayor Benito Molina en 1853, siguiendo las indicaciones del Gobernador Pedro Pascual Segura. Tendrá varios nombres: “Constitución”, “25 de Mayo”, “Domingo F. Sarmiento”, y recién en 1900 adquirirá el definitivo nombre de “Bernardino Rivadavia”.

Frente a la plaza estaba la precaria Capilla de San Isidro. Donada y construida por el chileno Fernando Bravo.

Más al sur, camino al río, la fábrica de adobes del propio Fernando Bravo y el molino harinero de Rodolfo Maza y Rosa Cantaloup (luego el lugar donde funcionará la usina de Ronchetti y Galleti), quienes aprovecharán las aguas del famoso, y vulgarmente reconocido, “canal ladrón”.

Pero como en todo pueblo, ayer u hoy, siempre existe una esquina emblemática, y la localidad de San Isidro no fue la excepción. Por los años 1870, la actual esquina de Alem y San Isidro era el centro comercial más importante. Allí funcionaba la despensa de Crisanto Lira, “el almacenero del pueblo”. Embutidos, “chanchería”, frutas y verduras frescas componían su principal oferta.

Lo cierto fue que la villa San Isidro había crecido mucho. Por lo tanto, no era de extrañarse que llegará una nueva organización política. Así fue. El 18 de abril de 1884 alumbrará como departamento independiente con el nombre de Rivadavia, siendo designado como primer Subdelegado Municipal de Rivadavia a Don Guillermo Cano. Pero eso será otra historia; y otra nota desde 1884: “Un argentino y un inmigrante en Rivadavia” (tiempos modernos).

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