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La historia de la "mujer insumergible", la única argentina que sobrevivió al naufragio del Titanic

Violet Constance Jessop nació en Argentina, pero vivió gran parte de su vida a bordo de las embarcaciones más importantes del siglo pasado, salvándose del peor destino de cada una de ellas.

Agustina Castro
Agustina Castro martes, 16 de abril de 2024 · 09:05 hs
La historia de la "mujer insumergible", la única argentina que sobrevivió al naufragio del Titanic
Violet Constance Jessop fue camarera en el barco más famoso del siglo XX Foto: X

"No me gustaban los barcos grandes... Tenía miedo en secreto", confesó -como si se tratara de una ironía- Violet Constance Jessop, la única argentina que sobrevivió al naufragio del Titanic y a dos accidentes marítimos más, en “Titanic Survivor”, el libro que escribió en primera persona sobre todo lo que vivió arriba de las embarcaciones más importantes del siglo pasado.

Violet era argentina, y de padres irlandeses que habían emigrado a la provincia de Buenos Aires para dedicarse a la crianza de ovejas. Nació en Bahía Blanca, el 2 de octubre de 1887, siendo la mayor de los 9 hijos de William Jessop y Katherine Kelly. Desde chica, Violet escapó de la muerte. Durante su adolescencia, le diagnosticaron tuberculosis con tan solo unos meses de esperanza de vida; pero ella sobrevivió.

Años más tarde, su familia decidió mudarse a la provincia de Mendoza, en búsqueda de un clima más favorable para la salud de Violet. Sin embargo, allí fue que su padre falleció. Tras ello, en mayo de 1903, el resto de la familia prefirió regresar a Europa, concretamente, se trasladaron a Inglaterra, donde Katherine consiguió un trabajo como azafata de la empresa de barcos Royal Mail Line. Pero ese trabajo no le duró más que cinco años, puesto que enfermó, dejando a su primogénita a cargo de la economía familiar.

Violet Constance Jessop también se desempeñó como enfermera. Foto: X

Violet tenía tan solo 21 años cuando se aventuró a seguir los pasos de su madre como azafata de grandes embarcaciones, por necesidad. Su simpatía y habilidad para hablar tres idiomas -español, inglés y francés- le abrieron las puertas del barco más grande de la época: el R.M.S. Olympic, que pertenecía a la compañía de navegación transatlántica White Star Line, también propietaria del famoso Titanic.

Cada día servía a pasajeros adinerados, principalmente británicos, mientras viajaba en el medio del océano. Hasta que un día ocurrió lo peor: el Olympic chocó con el crucero británico H.M.S Hawke, la noche del 20 de septiembre de 1911. Si bien el impacto resultó en la rotura de la base, la embarcación pudo regresar a Inglaterra sin heridos a bordo.

Meses más tarde, Violet volvería a buscar trabajo como azafata en otra nave de White Star Line, en el barco más famoso de la historia y gemelo del anterior: el R.M.S. Titanic. Como si fuera un imán para los accidentes marítimos, la joven presenció el naufragio más recordado del último siglo, y logró sobrevivir a él. Tenía 24 años y recién terminaba de rezar sus oraciones en su camarote aquella noche del 14 de abril, cerca de las 00 horas del día 15, cuando, según sus relatos, sintió “un sonido bajo, desgarrador y crujiente”.

Mirá el video de la historia de Violet Jessop

Ella sabía que cumplía sus labores como camarera en el “barco insumergible”, por lo que creía no podría volver a ocurrir nada parecido a su experiencia previa. Pero quien se convirtió en la “mujer insumergible” fue ella, puesto que logró subir a uno de los botes salvavidas junto a otras mujeres y niños, mientras veía al Titanic desaparecer en medio del escalofriante e inmenso océano.

En el libro de sus memorias, editado por John Maxtone-Graham, Violet manifestó que, al percatarse de lo que realmente sucedía, corrió a asistir a los pasajeros, sin tener tiempo de buscar un abrigo para sí. Ya en el bote salvavidas, le arrojaron a un bebé “olvidado” a sus brazos. Perpleja, seguía observando al Titanic hundirse, ‘como si mirando pudiera mantenerlo a flote', y pensaba: “Seguro que todo es un sueño”.

Haciendo honor a la expresión que dice “no hay dos sin tres”, cuatro años después del naufragio del Titanic, Violet decidió volver a trabajar a bordo, a pesar de los traumas que tuvo que atravesar en el rubro marítimo. Corrían tiempos de la primera guerra mundial cuando se embarcó como enfermera del barco hospital HMHS Britannic, el tercero de la empresa White Star Line. El 21 de noviembre de 1916, Jessop fue testigo, una vez más, de un nuevo accidente marítimo. Esa vez se trató de una explosión provocada por el impacto del barco contra una mina submarina en el canal de Kea, en el mar Egeo.

"Titanic Survivor" reúne las memorias de Violet. Foto: X

Para sobrevivir, por tercera vez, Violet tuvo que actuar rápido y lanzarse al agua, escapando del triste destino que tendría el bote salvavidas al que había subido. Este sería succionado y destruido por las hélices del barco en cuestión de minutos. Jessop, precediendo el final, saltó al mar para escapar de la muerte, aunque sin resultar ilesa. Sufrió un corte profundo en una pierna y una fractura de cráneo, debiendo pasar en reposo para recuperarse por los siguientes tres años.

Finalmente, y sin hacer caso a las desgracias del pasado, Jessop volvió a ejercer como azafata en 1920, manteniéndose en ese puesto hasta el día de su jubilación, en 1950. A pesar de su “miedo” a las grandes embarcaciones, pasó toda una vida a bordo de las más importantes de la historia, hasta cumplir los 63 años. "Las ganas de vivir y una gran dosis de fe en la intervención divina" le permitieron superar todo, según le confió a una amiga. En 1971, Violet falleció en Inglaterra, a la edad de 83 años.

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