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Los siete pueblos argentinos que resisten pasar a ser “fantasmas” con un sólo habitante

Atesoran historias únicas que los llevaron del apogeo a la ruina por diferentes motivos. Sus únicos habitantes resisten para no pasar a ser pueblos "fantasmas".

Micaela Blanco Minoli
Micaela Blanco Minoli sábado, 17 de febrero de 2024 · 13:17 hs
Los siete pueblos argentinos que resisten pasar a ser “fantasmas” con un sólo habitante
Horacio Vinardi, el último habitante de Francisco Paz, Rosario Foto: Facebook Portal de los pueblos

A solo tres días de cumplir 94 años, el 22 de enero del 2024 falleció Pablo Novak, el último habitante de Villa Epecuén, del distrito Adolfo Alsina de la provincia de Buenos Aires. Su conmovedora historia, inspiró la búsqueda de otros pueblos argentinos que resisten, con un solo habitante como lo fue Pablo durante tantos años, para no convertirse en “fantasmas”.

Villa Epecuén, un parador turístico que en su época de esplendor competía con Mar del Plata atrayendo a cientos de visitantes por su impresionante Laguna, se inundó completamente en 1985 obligando a sus 1.500 habitantes a retirarse del lugar por haber periodo todo bajo el agua. El pueblo estuvo sumergido bajo el agua durante 20 años y ahora solo quedan ruinas. Pablo fue uno de los que resistió y habitó hasta el final de sus días a 600 metros de las ruinas de su pueblo. Otros destinos, algunos prácticamente abandonados, otros recuperados por aventureros enamorados de su tirra, tienen historias similares a las de Villa Epecuén.

Francisco Paz, Rosario

Francisco Paz, ubicado a una hora de Rosario en la provincia de Santa Fe, es un pueblo que ha perdido su esplendor y se ha convertido en un lugar casi olvidado. En su época dorada, albergaba a 200 habitantes y funcionaba como una estación ferroviaria en el ramal Pergamino-Cañada. Sin embargo, hoy en día, solo Horacio Vinardi reside en este pintoresco paraje marcado por un monte de eucaliptus, acacias y moras salvajes que amenazan con cubrir lo que queda de las construcciones y del proyecto original del pueblo. Algunas construcciones en ruinas, algunas abandonadas, ofrecen una visión detenida en el tiempo, recordando épocas pasadas cuando el campo era un epicentro de trabajo y los sueños de los primeros inmigrantes se materializaban con esfuerzo.

El viejo almacén. Foto: Portal La Memoria Gringa.

El pueblo se extiende a lo largo de 300 metros y destaca por tener solo una esquina, donde se encontraba el almacén general que servía como punto de encuentro para la comunidad y que ahora yace en ruinas. El único testigo de décadas de historia en esa esquina es un surtidor a palanca oxidado. A pesar de la decadencia, la Escuela Rural N.º 95 aún permanece en pie, aunque ya no alberga estudiantes. Horacio Vinardi, el único habitante actual, reside en la estructura de la escuela y trabaja en un campo cercano, manteniendo viva la memoria del lugar.

Quiñihual, Coronel Suárez, Provincia de Buenos Aries

Quiñihual, Coronel Suárez, Provincia de Buenos Aries. Foto: Portal Pueblos Buenos Aires

Quiñihual, ubicado en la provincia de Buenos Aires, fue fundado en 1910 con la inauguración de la estación de tren que conectaba Rosario con Puerto Belgrano, llegó a tener 500 habitantes y diversos servicios además de la estación como galpones para acopiar cereal, un destacamento policial, una estación de servicio, una herrería y un almacén de ramos generales. El declive comenzó en 1995 cuando las vías del tren quedaron en desuso, lo que provocó una migración inevitable de la población. Cinco años después, la escuela se quedó sin alumnos y cerró definitivamente. A pesar de este abandono generalizado, Pedro Meier, decidió quedarse en Quiñihual. Llegó al pueblo en 1960 cuando su padre compró el almacén de ramos generales, un edificio construido en 1890, y sigue siendo el único habitante estable del lugar.

Pedro Meier, habitante de Quiñihual. Foto: Facebook Turismo Coronel Suárez.

Aunque el pueblo ha perdido gran parte de su infraestructura y servicios, el almacén de Pedro Meier continúa funcionando con sus estanterías llenas de latas y botellas antiguas, una balanza antigua y muebles de madera para productos a granel. El pueblo carece de electricidad, pero Pedro utiliza un generador para suplir esta necesidad. El almacén de Pedro sigue siendo un punto de encuentro para aquellos que trabajan en los campos vecinos. Abre todos los días a las 18 horas, y aunque la electricidad y la conectividad son limitadas, el lugareño invita a los visitantes a ponerse en contacto con él con 48 horas de anticipación para organizar almuerzos o cenas, e incluso ofrece la posibilidad de esperarlos con un asado si así lo desean. Los interesados pueden contactarlo a través de su número de teléfono celular (2923-691215).

Punta Mejillón, Río Negro

Punta Mejillón, Río Negro. Foto: Sitios Naturales. 

Punta Mejillón, ubicada en la provincia de Río Negro, se destaca como una de las playas más hermosas y poco conocidas en la región patagónica. A pesar de su belleza, este lugar carece de servicios básicos como agua corriente, electricidad y supermercado. Se encuentra dentro del Área Natural Protegida Caleta de Los Loros-Pozo Salado-Punta Mejillón, a 134 km de Las Grutas y a 129 km de Viedma. El lugar, aún poco explorado, presenta una notable biodiversidad. Con siete kilómetros de playa, acantilados a la derecha y una caleta a la izquierda, Punta Mejillón ofrece un escenario impresionante. En invierno, las ballenas pasan cerca, mientras que en verano, ocasionalmente se pueden avistar pingüinos migratorios

Punta Mejillón, Río Negro. Foto:  Facebook Hostel Pozo Salado "Los Alpatacos".

Sergio Mendez, originario de Rosario, descubrió este lugar mientras estaba de vacaciones y se enamoró de él. Decidió cambiar su vida por completo: dejó su trabajo administrando centros médicos y su empresa de construcción para establecerse en Punta Mejillón, siendo el único habitante. En 2019, compró una casa en el área, la única de las 5 o 6 que existen que está frente al mar y la única habitada todo el año; las demás son utilizadas como residencias de verano. Sergio alquila tres habitaciones en su casa para hasta 4 personas, con baño y comedor compartido. Sin embargo, los huéspedes deben llevar sus propias provisiones, ya que no hay supermercados en la zona. Este rincón remoto y encantador proporciona una experiencia única para aquellos que buscan alejarse de la rutina y sumergirse en la tranquilidad de la naturaleza.

Cabo Raso, Chubut

Cabo Raso, ubicado a la vera de la ruta provincial 1, a 170 kilómetros al sur de Trelew, se presenta como un paraje rústico marcado por la historia y la vastedad patagónica. Este lugar, bañado por el viento salobre y cincelado por la inmensidad del entorno, invita a sumergirse en el pasado, recorriendo casas abandonadas y sintiendo el silencio interrumpido por las olas del mar. A pesar de la historia y las ruinas que casi lo taparon, Cabo Raso se niega a convertirse en un pueblo fantasma.

Cabo Raso, Chubut. Foto: Facebook Argentina Patagonia.

En 2007, Elaine y su familia sintieron la llamada de alejarse de las grandes ciudades y decidieron mudarse a Cabo Raso. Inicialmente, con lo puesto y algunas herramientas, comenzaron su aventura. Primero se establecieron en una casita rodante y luego en una tapera que arreglaron, mudándose de casa en casa hasta consolidar su emprendimiento turístico que ofrece una experiencia única y cuenta con un detallado código de convivencia. No solo por la rigidez de los dueños, sino debido a las características particulares del lugar y sus instalaciones. Utilizan agua de pozo suministrada por un molino, termotanques a gas o leña, y obtienen energía de fuentes solares, lo que hace que el complejo sea sostenible y respetuoso con el ambiente.

Achango, San Juan

Achango, ubicado en Iglesia, San Juan, es un pueblo emblemático con características únicas y una rica historia. Para llegar a esta joya arquitectónica, es necesario desviarse de la Ruta 149 por un camino de tierra, que no revela la maravilla que alberga este lugar. Entre las particularidades de Achango se destaca su capilla, la más antigua de la provincia, construida entre 1630 y 1640. Aníbal Montesino, el único habitante del pueblo, pertenece a la quinta generación de la familia Montesino que ha cuidado y mantenido la capilla a lo largo de los años. Esta capilla, declarada Monumento Histórico Nacional en 1997, es un ejemplo destacado de arquitectura vernácula de la región andina.

Achango, San Juan. Foto: Facebook SAN JUAN Naturalmente Argentino.

Achango también es conocido por la presencia de la Virgen del Carmen, traída por la familia de Aníbal desde Chile. La capilla está revestida por una extensa red de coloridas alfombras tejidas al telar, algunas con más de 200 años de antigüedad. El pueblo de Achango, más allá de la capilla, se extiende en forma de L con un cementerio y un corral para animales. En sus inicios, fue un asentamiento productivo dedicado a la cría de invernada y al cultivo de cereales. Aníbal, además de cuidar la capilla, es un agricultor dedicado a la producción de semillas y cultivos diversos, continuando las tradiciones familiares. Achango, a través de la dedicación de Aníbal y su familia, se mantiene como un rincón especial que conserva su identidad y tradiciones a lo largo del tiempo.

Matagusanos, San Juan

Matagusanos, una pequeña localidad en la provincia de San Juan, Argentina, es un pueblo desértico con una historia peculiar. Fundado en 1930, durante la bonanza económica generada por la conexión ferroviaria que unía diversos pueblos a lo largo del país, Matagusanos experimentó cambios significativos con el terremoto de San Juan de 1944 y la interrupción del paso del tren de pasajeros en 1960 que marcaron el comienzo del declive para este pueblo. Situado en la icónica Ruta Nacional 40, en el tramo que conecta la capital provincial con San José de Jachal, Matagusanos no cuenta con atractivos turísticos, pero tiene un valor histórico. En la actualidad, solo una familia, los Díaz, habita la localidad. Se dedican a la cría de animales y subsisten gracias a los alquileres que reciben de Vialidad Nacional. 

Matagusanos, San Juan. Foto: Captura video de Facebook MATAGUSANOS.

Los Díaz enfrentan carencias importantes, ya que no cuentan con electricidad ni agua potable. Para suplir estas necesidades, utilizan paneles solares y reciben bidones de agua potable de la Municipalidad local. Aunque no existe una teoría oficial sobre el origen del nombre "Matagusanos", la familia Díaz sugiere que se relaciona con las difíciles condiciones de vida en el lugar debido a la fuerza del sol y la aridez del ambiente, que hacen que incluso la vida sea difícil para los gusanos. A pesar de las dificultades, la familia Díaz mantiene viva la historia y la vida en este remoto rincón del desierto sanjuanino.

Naicó, La Pampa

Naicó, un pueblo "fantasma" en La Pampa, Argentina, busca renacer gracias al turismo rural. Ubicado a 45 kilómetros de Santa Rosa, en su apogeo, hace unos 80 años, Naicó llegó a tener 600 habitantes. La historia de Naicó destaca la posibilidad de que los pueblos en peligro de extinción encuentren en el turismo rural un antídoto para sobrevivir y revitalizarse. En la actualidad, solo tres personas residen en este lugar, siendo Matías Kin el único habitante fijo.

Hostal Naicó, La Pampa. Foto: Facebook Hostal Naicó.

En 2017, un matrimonio adquirió un antiguo hostal en ruinas y lo transformó en un sitio de turismo rural. A pesar de que solo quedan las estructuras de las instituciones del pueblo, como la comisaría, la iglesia, la escuela, el juzgado de paz y la estación, Naicó ha encontrado una nueva vida a través del proyecto turístico liderado por este matrimonio. El hostal restaurado se ha convertido en un atractivo para el turismo rural exploratorio, atrayendo hasta 150 personas los fines de semana. Este lugar ha sido testigo de la celebración del aniversario del pueblo después de medio siglo sin encuentros populares. El proyecto incluye la preparación de carnes salvajes, que ha contribuido al éxito del emprendimiento.

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