¡Feliz Navidad! Nuestra alegría es tal cual lo que festejamos
Nos arrodillamos ante el eterno, que prometió rescatarnos del caos, la inmanencia, lo psicobiológico, la culpa y la muerte. Hasta la redención de Cristo éramos individuos que pasábamos. Mortales. Fugaces sin más.
- ¿Qué proeza técnica podría divinizarnos?
- ¿Qué velocidad sideral podría darnos el salto a la eternidad?
- ¿Qué conocimiento científico podría proporcionarnos un cuerpo glorioso?
- ¿Qué supuesto progreso podría hacernos participar del Absoluto?” ”(Padre Gustavo Seivane).
Creer nos asombra.
¿Y no nos asombra lo que falta creer?
Mirarnos es ¡Darse cuenta! Incluso en los gestos más simples tal el lustre de un abrazo.
Sos como no has creído.
¡Sos como creés!
Tal cual en nuestras palabras el Verbo es la acción al dar lugar -y evidencia el lugar a dar-.
Lo que celebrás es lo que estás celebrando en vos.
Haciéndose hombre para llevar el hombre a Dios …
Si nos falta el asombro…

Ese confiarnos a lo que nos hace sentir la verdad al hacernos creer en sí mismos como hermanos, que es como Dios cree en nosotros.
El asombro recoge nuestra fe hacia una trascendencia.
El nacimiento de Jesús nos hace renacer a cada instante por como Él cree en nosotros.
Nuestra fe en sí mismos es como nuestra fe en Dios.
Y sigue el reclamo: ¿Cuándo Dios haciéndose uno de nosotros?
Seguimos siendo relativos…
“La Palabra por la cual Dios se entiende y se manifiesta a Sí mismo, es comunicada al hombre. Dios da su “intimidad”. Se da en su Verbo. Se entrega en Cristo para salvar al hombre, para compartirle su felicidad de Dios, para crear una relación de amistad con él.
Pero hay que aceptarlo...”(Gustavo Seivane)
La Navidad arrodilla.
Pero hay que creer…
¿Atascados en la subjetividad?
¿Alentados a vivir rotos al modo de una dignidad a sobreseer?
¿La tentación de ser tan independiente como un Dios?

* Juan Barros, energizante natural. Apto para todo público.

