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El cruel adiós de San Martín: la dolorosa historia de su partida de Mendoza

La dolorosa e injusta historia del destino que tuvo San Martín al regresar a Mendoza y la partida a su exilio obligado.
Un cuadro que ilustra la figura de San Martín. Foto: Archivo
Un cuadro que ilustra la figura de San Martín. Foto: Archivo

“El tiempo siempre pondrá las cosas en su lugar; cada rey en su trono, cada payaso en su circo”, dirá un viejo refrán popular. Y la historia volverá por sus fueros; eso también pasa. Y habrá justicia. “Tarda en llegar, pero al final hay recompensa”.

Destino cruel el de San Martín cuando le tocó marcharse definitivamente de Mendoza. Corría el 20 de noviembre de 1823 cuando dijo adiós para siempre a aquella provincia que lo cobijó con esperanza, se brindó con pasión, pero que lo despidió muy tibiamente. Casi con cobardía. Un abismo separa dos momentos distintivos de la estadía de San Martín en Mendoza. La heroica gesta mendocina donde un pueblo entregó todo: sus mejores hombres, sus mayores riquezas, sus mulas, caballos, vacas, joyas, su producción entera, para componer el ejército libertador y en contraposición, el desaire político de quien expulsa a un sospechoso. Las dos caras de San Martín en Cuyo. El tiempo del héroe y el tiempo del supuesto conspirador. Injusto.

Así partió San Martín. Prácticamente solo. Atravesó el Desaguadero para nunca más volver y encarar desde Buenos Aires su exilio definitivo en Europa. En el medio, un contexto político diametralmente diferente cubría esos pocos años de su tránsito mendocino. Fue “un suspiro”; penoso, sacrificado, pero valió la pena y el esfuerzo. Solamente 9 años habían pasado entre aquel exitoso gobernador de 1814 y este abandonado soldado de 1823.

Derrotero ácido. Me Imagino: Posta de Corral de Cuero en las tierras de Corocorto (actual La Paz), el General mirando hacia atrás, recordando algún camarada caído, algún amor perdido y un atronador vacío. Algo que pareciera ineludible para los verdaderos grandes hombres argentinos: caminar sin piedad desde la gloria al circunstancial olvido. Por un lado, el ayer de un Estado revolucionario peleando por romper cadenas, con un ejecutivo nacional (Pueyrredón en 1817) claramente consustanciados con un plan continental, “bancando hasta morir” a San Martín. Por otro lado, un Estado anárquico tras la batalla de Cepeda en 1820, sin un gobierno central, provincias enfrascadas en luchas internas peleándose entre sí para convertirse en autónomas, una aguda grieta entre unitarios y federales, y un San Martín que volvía de entrevistarse con Bolívar en Guayaquil munido de una alta carga de desilusión, desautorizado y sin mayor peso político. Adiós Mendoza. Nada nuevo bajo el sol: “el atroz encanto de ser argentino”.

 “Confinado en mi hacienda de Barriales, y sin más relaciones que algunos vecinos que venían a visitarme, nada de esto bastó para tranquilizar la desconfianza de la Administración de Buenos Aires. Ella me cercó de espías, mi correspondencia era abierta con grosería. (…) Vi claramente que era imposible vivir tranquilo en mi Patria”. (Carta de San Martín a O’ Higgins -  Bruselas /20 de octubre de 1827). Aclaramos que San Martín se alojó en La Tebaida de Los Barriales entre febrero y noviembre de 1823.

“A dos meses de llegado a Mendoza, el gobierno que en esa época mandaba en Buenos Aires no solo formó un bloqueo de espías (entre ellos uno de mis sirvientes) sino que me hizo una guerra injusta y poco noble”. (Carta de San Martín a Rosas – Grand Bourg /5 de agosto de 1838).

“Fui a habitar a una chacra que poseo en las inmediaciones de Mendoza: ni ese absoluto retiro, ni el haber cortado con todas mis relaciones anteriores, y sobre todo con la garantía que ofrecía (de equidistancia) a toda facción o partido, no pudieron poner a cubierto las desconfianzas de gobierno de Buenos Aires (…) Me convencí, que por desgracia mía, había figurado en la revolución más de lo que hubiera querido, lo que me impediría seguir entre los partidos una línea imparcial, y para disipar toda idea de ambición me embarqué a Europa”. (Carta de San Martín a Ramón Castilla, presidente del Perú en 1848). Penoso lamento a dos años de su muerte.

Estas ilustrativas síntesis de las cartas fueron extraídas del muy buen libro de Carlos Egües: “San Martín; su pensamiento político” – Ediciones Culturales de Mendoza (2023).

Esbozos de eso que pasó

 Tras entrevistarse con Bolívar (26 de agosto 1822), San Martín decidió reembarcarse inmediatamente desde Guayaquil a Perú, y una vez en Lima emitió una proclama donde se disponía abandonar la vida pública y política, convocar al Congreso y retirarse a Chile (21 de septiembre de 1822). Tras unos meses en Santiago emprenderá su último cruce cordillerano para llegar a Mendoza en febrero de 1823. Así aquel Generalísimo del Perú y proclamado “Fundador de la Libertad Peruana”, Capitán General de Chile y General de los Ejércitos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, volvía a la patria que había liberado siendo solamente recibido en tierra mendocina por el leal Manuel Olazábal, quien lo acompañará hasta la casa capitalina de Ruiz Huidobro, después de pernoctar bajo una toldería hecha con ponchos, al amparo de un manzano histórico en el actual departamento de Tunuyán. Tras eso esperaba la Tebaida.

En esa estadía en el este mendocino, San Martín como ya expresamos, fue cautelosamente custodiado. El mote de sospechoso lo acompañará ese tiempo. Al respecto, agregaré tres notas que me parece importante resaltar.

Mendoza en 1823 era gobernada por Pedro Molina (vaya paradoja, quien fuera soldado del ejército libertador sanmartiniano). Una aguda crisis económica había producido la primera gran inflación en Mendoza. Hasta tal punto llegará la situación que en 1824 la crisis económica y política “se llevó puesto” a cinco gobernadores y un triunvirato. Es cierto también que, tras la composición del ejército libertador, la provincia había quedado desgastada económicamente pues todos los recursos estaban enfocados en la gesta libertadora y que se transitaba un momento nacional álgido recordado en la historia argentina como “La Anarquía”.

Los dos diarios de esos años (1822 - 1823) eran “El Verdadero Amigo del País”, pro molinista, dirigido por Juan Lafinur junto a Juan Gualberto Godoy, Agustín Godoy y José Luis Salinas. El otro diario fue “El Amigo del Orden” de clara vinculación conservadora y clerical, opositor a Pedro Molina, y dirigido por el cura Torres. Ambos, nunca nombraron a San Marín. Ni una palabra. En síntesis, no existe mención en ninguno de los dos diarios (abiertamente antagónicos) sobre San Martín. Hubo también un tercer organismo encargado de comunicar expresamente las acciones gubernamentales de Molina y su gestión: “El Registro Ministerial”, en el cual, obviamente, San Martín nunca estuvo en agenda.  

San Martín ni siquiera fue autorizado a visitar a Remedios. 

La única aparición pública (social) de San Martín por la Ciudad de Mendoza fue durante el casamiento de Tomás Godoy Cruz y María Mercedes de la Luz Sosa Lima, sucedido el 31 de julio de 1823. Muy lejos estaba aquella imagen de las tertulias en los salones de las aristocráticas casonas mendocinas donde todos rodeaban a San Martín y le acercaban sus melosas congratulaciones. En 1823 la realidad había cambiado rotundamente. De golpe, San Martín se había convertido en peligroso y el estar cerca de él implicaba un riesgo. Como cruel consecuencia del destino y para profundizar la desazón, a los tres días San Martín se enteraría de la muerte de Remedios (3 de agosto de 1823). Nunca fue autorizado a visitarla enferma. Estaba confinado en Cuyo.

La historia conocida

Empezamos sosteniendo que “el tiempo pondrá las cosas en su lugar”; y así fue. Pasado unos años, tomando dimensión y perspectiva, el Libertador alcanzará la altura histórica y sensible que mereció siempre. Mendoza, ama a San Martín. Fue el icono fundante de la mendocinidad. Un verdadero orgullo y motivo de responsabilidad vigente de todos los días y de cada comprovinciano. San Martín como vecino de Mendoza es un ejemplo latente, por eso la “sanmartinidad” en la provincia cuyana es un hecho indiscutido. Pero también es prudente recordar que el Libertador no solo debería ser admirado; por sobre todas las cosas, además debería ser imitado en su concepción ética y moral pues sigue siendo un espejo donde reflejarse. De la cordillera hasta Guanacache y desde arriba hacia abajo.

Partirá San Martín. El 4 de noviembre de 1823 abandonó La Tebaida de Barriales y tras unos días de preparativos en la casa de Ruiz Huidobro emprenderá su último viaje de Mendoza a Buenos Aires. El puerto bonaerense lo verá irse definitivamente a Europa en el navío "Le Bayonnais" junto a Merceditas. Se fue solo con su hija. Ella era lo único y último que le quedaba.