Presenta:

Pata Pila, la ONG que lucha contra la pobreza y desnutrición infantil: "Cuando fui al norte me enamoré de su gente"

Diego Bustamante comentó cómo fue que dejó atrás su vida para dedicarse a pelear por las comunidades del norte. Su fundación brinda diagnósticos, asistencia y acompañamiento a las familias.
Diego Bustamante es el creador de Pata Pila. Foto: Gentileza
Diego Bustamante es el creador de Pata Pila. Foto: Gentileza

"Estando descalzos somos todos iguales", fueron las palabras que marcaron el nombre de Pata Pila, que significa "pies descalzos". Se trata de una organización sin fines de lucro que lucha contra la desnutrición infantil y el desarrollo de las comunidades urbanas del país. Fundada por Diego Bustamante en 2015, trabaja con 1.470 niños y 1.100 mujeres, dentro de cinco provincias, pero principalmente en Salta.

El porteño siempre misionó y sintió la necesidad de ser parte de un cambio. En esos viajes que realizó al norte argentino, conoció a siete nenes y adolescentes que vivían en una situación crítica en Santiago del Estero. Fue algo que meditó y llevó mucho tiempo, pero finalmente tomó la decisión y se volvió el tutor de todos ellos. Pero su historia también marca otro logro: la posterior creación de esta organización. 

Pata Pila está presente en Salta, Mendoza, Buenos Aires, Chaco y Entre Ríos.

No se limita a dar una mano en estos lugares de mayor vulnerabilidad, sino en vivir con estas comunidades e involucrarse a fondo. Además de brindarles un diagnóstico de desnutrición a 7.500 niños por primera vez, reparten alimentos, dictan talleres de oficios (y tienen más de 900 egresados dentro de su programa), llevaron adelante obras de agua, repartieron más de 26.000 kilogramos de leche y 2.250 bolsones de alimentos por año.

Son 86 profesionales y 30 voluntarios que trabajan de lleno, caminando descalzos y juntos hacia el mismo objetivo. Y no solamente se oponen a negar esta realidad, sino que insisten en que puede ser cambiada.

-¿Cómo nació la organización y qué te llevó a crearla?

-En realidad, fueron la conjunción de un montón de cosas, o sea, por un lado fue la el camino personal, esa es una realidad. El camino personal que fui recorriendo y que me fui invitando a buscar. Qué quería ser yo y qué quería hacer después, iba muy de la mano. Enfocado mucho más en el ser, empecé a descubrir que compartir con la gente me conectaba de una manera diferente, tener un propósito más humano a mí me hacía mejor y bueno en ese empezar a compartir con la gente fue que empecé a conocer situaciones de mucha vulnerabilidad, y empecé a pensar en que también podía hacer algo por esa realidad que tanto me movilizaba para crecer, para mejorar para replantearme la vida.

Al principio era un espacio de mi vida, yo disfrutaba ir los fines semana al barrio o a visitar a gente situación de calle o íbamos a misionar con los frailes franciscanos al norte. Tenía mucho que ver con con algo un poquito más de lo humano y de compartir, pero cuando cuando te acercas mucho a ciertas realidades, que son duras, que duelen, te empezas a preguntar muchas cosas. Yo me empecé a cuestionar muchas cosas mías, pero también de la sociedad. A procesar tanta injusticia, y a la vez a decir que alguien tiene que hacer algo por esta realidad. No es que no haya nadie haciendo algo, pero hacen faltan más manos, cabeza. Al principio me mudé a Gualeguay, Entre Ríos, donde empecé a ver de hacer unos proyectos. Después estuve en Santiago Estero viviendo un año, y ahí fue que dije 'chau, esto es lo que yo quiero hacer' y empezó la idea de armar Pata Pila, y terminé yéndome al norte de Salta donde arrancamos.

Automáticamente empecé a convocar a gente que se sumó en la idea de armar algo para ayudar a las comunidades del norte de Salta, particularmente. Y eso terminó dándole forma a Pata Pila, que es una asociación civil que después fue delineando como algunas como propuestas y de intervención en el territorio muy concretas para abordar diferentes problemas digamos. 

-¿Por qué arrancaste por Salta? ¿Veías más casos de desnutrición infantil? 

-Sí, en realidad tuvo que ver con que el norte combinaba dos situaciones. Por un lado, pobreza estructural y muy dura, y situaciones que yo no vi en ningún lado la verdad, pero era una mezcla con algo que a mí me atraía mucho más, que era la sencillez, la humildad. Creo que me impulsó más la conquista de una vida entregada, una vida con propósito, una vida en un contexto de naturaleza, de sencillez, de humanidad. Porque la gente allá tiene algo muy particular, muy especial, es muy diferente la gente del norte. Y yo me enamoré de eso. Entonces, era una mezcla entre decir puedo aportarle valor a una realidad que se lleva puesta cosas muy duras de la vida de la gente, y esta realidad le puede aportar a mi vida, porque yo me enamoré, me apasioné. Entonces como que fue un poco la búsqueda de eso. 

-¿Viviste algún caso en particular que te conmovió más?

-Hubieron muchas situaciones, tener que ver la situación de una madre enterrar un niño, niños que se mueran por situaciones totalmente prevenibles. Y encima, ver el proceso de la familia con el hospital y con la Justicia, el destrato que hay del sistema para con la gente, te da ganas realmente de ponerle el cuerpo, de ponerle cabeza. Se combinaba eso con lo positivo, y eso produjo que esto se transforme en un proyecto de vida tan importante y en un proyecto social tan importante. El motor tiene que ver con el valor de las cosas, el valor de la vida, lo positivo, lo que vale la pena, la fuerza que te da también conectar con las injusticias más grandes. También la sensación de que se puede hacer algo por la realidad, no es imposible transformar la realidad. Cuando le pones cabeza, profesionales al servicio, inversión económica y le ponés ganas, muchas de las cosas se pueden ir mejorando y se pueden ir solucionando y soy testigo de eso.

La situación de pobreza estructural es muy grande en el norte argentino, por añadidura son miles y miles de habitantes que están, en momentos, muy fuera del sistema, en otros momentos, un poco más cerca del sistema. Tenés comunidades sin agua potable comunidades, sin luz; comunidades sin ninguna capacidad de insertarse un trabajo registrado. Tenés muchos procesos que se van dando en las comunidades, que hacen que las cosas un poquito vayan mejorando. 

Pata Pila fue una pequeña respuesta, un granito de arena, para aportarle valor a varias situaciones. Lo primero fue que no hayan niños desnutridos. Para eso nos pusimos a trabajar, buscamos recursos, armamos equipos de profesionales médicos, nutricionistas, psicopedagogos, del área de la salud y de la promoción, para ayudar a las familias a a adoptar algunas estrategias para que los niños estén mejor, sea con la incorporación de mejores alimentos, fortalecimientos de procesos de integración de las familias al sistema, al sistema legal, a que cobren una pensión, a que puedan llegar a un turno del hospital, a que puedan recibir las asignaciones necesarias. Que puedan elegir mejor con los recursos que tienen, con la cocina que tienen, con la casa que tienen, con lo que pueden hacerse de alimentos en la zona en la que están. Con ese proceso, fue como la punta de lanza de Pata Pila, porque empezamos a trabajar en una comunidad, empezamos a encontrar cada vez más chicos con desnutrición, y eso nos fue llevando a abrir proyectos que hoy trabajamos en más de 60 comunidades, atendiendo a más de 1300 niños.

Pata Pila, la ONG que lucha contra la pobreza y desnutrición infantil en cinco provincias.

Estos cuadros a veces tienen que ver mucho con el agua potable, en otros casos tiene que ver con los alimentos de poca calidad. En otros casos tiene que ver con la vulnerabilidad de la familia, que no le puede gestionar al niño todo lo que necesita para estar bien. Tiene que ver con la estimulación temprana, con la higiene ambiental y de los alimentos, los niños viven con infecciones, viven con diarreas, viven con parasitosis y no dejan que su organismo se desarrolle y crezca bien. También viven en contextos con malas infraestructuras, caminos abnegados, inundaciones, sequías, extremo calor, lugares donde hace veces 50 grados de calor.

Fuimos construyendo puentes alternativos para tratar de llegar a tiempo a los casos más graves, y por otro lado hacer proceso con la familias y con las comunidades para ir resolviendo algunas cosas, más de mediano o largo plazo. Después nos pasó que como la situación económica es muy difícil, empezamos a generar desarrollo de capacidades, fortalecimiento de oficios, emprendimientos, acceso a crédito. Y fuimos pudiendo entonces desarrollar otras estrategias para que esa familia que atendíamos con el chico desnutrido después el niño vaya a un espacio de primera infancia, la madre vaya a un centro de oficios, si hay un problema de agua en la comunidad que podamos hacer algunas obras de agua. Ahora estamos haciendo una escuela.

Pata Pila creó el Programa Oficio.

Fue diversificándose mucho. Para Pila creció mucho en todo el norte de Salta, en la frontera con Bolivia y con Paraguay; hoy tenemos cinco equipos ahí viviendo. Construimos centros, casas, tenemos camionetas que eso nos permitió desplegarnos en el territorio y cumplir un trabajo que no es de asistencialismo, es asistir, promover, generar procesos, incentivar desarrollo permitir que la misma comunidad sea promotora de los cambios que va adquiriendo y va construyendo. Y también tener mucha legitimidad territorial, porque nosotros vivimos con la gente. No es que somos una fundación que va a ayudar, nosotros estamos ahí, somos nexo, construimos procesos, habitamos espacios, acompañamos los liderazgos comunitarios. Y eso se va tejiendo como toda una red viste, entre las comunidades, los municipios, los hospitales, los ministerios provinciales, las agencias y los programas nacionales, las empresas privadas.

No solo estamos en Salta, sino también en Chaco, en el impenetrable, en Entre Ríos, en Buenos Aires, y en Mendoza, dentro de San Rafael. 

-Están presentes en cinco provincias por ahora.

-Sí, pero el fuerte está sobre todo en la frontera de Salta con Bolivia y Paraguay, porque ahí tenemos mucho equipo. En el Chaco tenemos un partido con otras ONGs, en provincia de Buenos Aires acompañamos un hogar de tránsito, y en Mendoza trabajamos en dos asentamientos y barrios.

-¿Me contás sobre las obras de agua? Vi que hicieron aproximadamente 15 ya, ¿cómo es eso?

-Son diferentes, las llamamos obras de agua porque en algunos casos son pozos de profundidad para sacar agua y para repartir en la comunidad. En otros casos son cosechas de agua de lluvia, en lugares donde hacer un pozo es muy caro o hay muy pocas familias. En algunos otros es entregarle tinacos a las familias para que reserven el agua que ya pueden juntar. O a veces son los municipios que reparten agua en camiones atmosféricos o en tractores con acoplados, también hay comunidades que quedan a tantos kilómetros de una comunidad que sí tenía agua, entonces eran extensiones de redes para que tengan agua más fluida. También se puso una planta potabilizadora, sistemas de filtrado. Cada respuesta tiene que ver con adaptar según los recursos que hay en la comunidad, lo que la comunidad pretende y necesita, que ese es un punto muy importante, y por otro lado es el recurso económico o la oportunidad que tenemos de vincular esa necesidad con alguien que pueda aportar y ayudar, en un contexto de país que muchas veces no hay demasiadas eh formas de de realmente lograr un impacto profundo con con el sistema público. 

Pata Pila, la ONG que lucha contra la desnutrición infantil. 

Para Pila se sostiene todo por el aporte privado de donantes personales, individuales, de empresas, cooperación internacional, también con la Unión Europea, sobre todo; tenemos varios proyectos, muchas de las obras de agua se hicieron el marco de la alianza con la Unión Europea. Es diversificar la estrategia para que nada se sostenga por solo una sola voluntad. 

El trabajo social no es una mirada solo solidaria y de ayuda, sino que tiene que ver con una transformación de fondo, debe tener un impacto colectivo y eso se sostiene cuando se trabaja en red con todos los actores involucrados en las cuestiones. 

-¿En qué año se se consolidó la Fundación oficialmente?

-En el 2015 ni bien arrancó la iniciativa, al toque ya fuimos asociación civil. También, yo confieso que cuando arranqué el proyecto ya era grande, ya tenía 31 años, tenía muy claro que teníamos que hacer un proyecto serio, con todos los papeles en regla, poder ofrecerle a la persona que ayuda transparencia en los recursos, y hacer las cosas como corresponde. Ya en 2015 arrancamos con todas las formalidades que debía tener un proyecto de impacto social.

-¿Por qué le pusieron ese nombre?

-Le pusimos Pata Pila por el modo, porque quiere "pies descalzos" y tiene una filosofía y una cosmovisión de fondo, que tiene en el centro a la persona, el respeto por el otro, el no pisotear ninguna realidad, ni siquiera para ayudar por voluntarioso que sea. De entrar despacito, siempre para sentir y entrar en contacto, estando descalzos somos todos iguales. Así te reconoces par y eso también es importante, para nunca creerte que vos sos más importante porque ayudas o sos el que sabe y el otro no sabe. Primero escucho, escucho para aprender, después proceso ese aprendizaje y quizás puedo aportar valor en algún lado. Y eso es un modo que te recoloca frente al otro de una manera muy particular.

Es parar y decir, ¿cómo te colocás frente a la realidad de una persona que nació en un contexto diferente, en algunos casos vulnerable, en otros casos con otra cosmovisión, con otra cultura, con otro idioma, con otros aprendizajes? Si vos no entrás con un modo humano, honesto, real, con mucha capacidad de pedir permiso de pedir perdón mil veces, aunque por ahí no necesariamente entendés bien qué pasó, decís 'no me expliqué bien', como tener la humildad necesaria. Si realmente te importa el resultado positivo, no importas vos, no importa tu ego, no importa. 

Y después el tener mucho valor de la palabra, guarda con lo que prometes nunca prometer algo que no vas a cumplir, ser muy responsable de lo que decís por lo que podes generar en el otro, o la puerta que vas a abrir. Están escuchando todo el día situaciones de dolor, de necesidad, de límite, los límites normales de cualquier emprendimiento: hay que conseguir plata, hay que hacer sostenerlo en un país donde la inflación también te mata, donde a veces cada vez necesitas más plata o más recursos para hacer lo mismo, para atender a la misma cantidad de niños.

Para Pila trabaja en un territorio donde en el último año y medio se murieron 330 niños menores de 5 años. Es gravísimo. Hay miles de personas sin agua y es gravísimo. Ahora bien, ¿cómo procesas ese nivel de gravedad con todos los otros factores que hay? Todo eso va haciendo que vos tengas que ponerle mucha cabeza, pasión, paciencia, entender que las cosas no se dan como uno quiere, que los tiempos de las cosas no son como uno quiere.