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Lagomaggiore: el hombre que enseño, curó sin ser médico y tuvo un rol clave

¿Quiénes fueron estas personas que dan nombre a los hospitales de Mendoza? La columna especial del "Profe de Historia" Gustavo Capone, para MDZ.

 

Los nosocomios de Mendoza son, en muchos casos, referencia de la provincia y también en la región. Conocemos la historia de los hospitales mendocinos, su origen y por qué se llaman de esa manera. Hoy: el Lagomaggiore en Ciudad y el Metraux de Maipú. 

 

Hospital Luis Carlos Lagomaggiore (Ciudad de Mendoza)

Luis Lagomaggiore fue considerado el primer gran sanitarista de Mendoza durante el siglo XIX y la primera parte del XX, a pesar de no tener el título de grado médico que lo facultaba. Peruano de nacimiento, pero indiscutidamente un adoptado mendocino de "pura cepa", fue por sobre todas las cosas, un gestor público extraordinario. Un político "de raza" que ocupó los espacios más representativos en las áreas claves de un gobierno: seguridad, salud y educación. De su acción emanaron realizaciones sustanciales para la provincia en tiempos de enorme complejidad.

Llegando al 1880, Mendoza recién empezaba a recuperarse del devastador terremoto de marzo de 1861. La nueva ciudad estaba dando sus primeros pasos. Fue en ese tiempo post catástrofe cuando Lagomaggiore arribará a la tierra mendocina.

Empezó su función pública siendo Jefe de Policía, y será el gobernador José Miguel Segura quien le encargó que realizara junto a Sebastián Samper un análisis sobre la situación de la educación provincial. Lagomaggiore era profesor del Colegio Agustín Álvarez y terminó siendo Director General de Escuelas. Llevó adelante una tarea titánica, ya que tras el terremoto del ’61 hubo que reconstruir toda la estructura edilicia, mientras buena parte de los docentes de Mendoza sucumbieron en el suceso.

Lo mismo ocurrió en materia de salubridad. El agua que cursaba los centros urbanos no era potable, así paralelamente, la precaria industria de la carne, lácteos y embutidos se convirtieron en un constante foco infeccioso. Las aguas "servidas" brotaban por doquier y el transporte comercial y privado era de tracción a sangre. Los bueyes, mulas, caballos, se movilizaban constantemente por las aceras del nuevo centro mendocino sin ningún tipo de organización y los arreos de vacas y cabras llegaban hasta el casco urbano central. Agreguemos que aquel sistema de acequias, previo al terremoto, había sucumbido y fue imprescindible rediseñarlo, pero además el sistema hospitalario como lo hemos señalando era extremadamente mediocre.

El área de maternidad es referencia a nivel provincial.

Es lógico pensar que enfermedades como la rabia, hantavirus y aftosa, se propagaban cotidianamente. Además de la lepra, tuberculosis y enfermedades venéreas. Por citar un ejemplo: la epidemia de cólera en 1886 ocasionó casi 800 muertes.

Esa coyuntura hizo que el gobierno mendocino promoviera el Consejo Provincial de Higiene precedido por el Dr. Berutti, constituyéndose paralelamente una comisión de vecinos para contribuir con las autoridades. Al frente de esa organización ciudadana estará Luís Laggomagiore, y entre las primeras medidas que tomó ante la carencia de agua potable, fue cortar la circulación por las acequias provinciales, pues será el agua el principal vehículo de contagio. Se exigirá también desparramar cal viva en las acequias y consumir agua hervida que se distribuyó a domicilio.

Dicha acción, no solo le valió un distinguido reconocimiento comunitario, sino que fue nombrado Presidente del Consejo de Irrigación y posteriormente Director de la Administración Sanitaria y Asistencia Pública. Tamaña solvencia hizo que Rufino Ortega lo propusiera como Intendente de la Ciudad de Mendoza entre 1884 - 1888.

Fue indudablemente un gestor insoslayable de la Mendoza moderna. En el cargo generó una red de agua potable para viviendas y canillas públicas, con la introducción por primera vez del uso de filtros. También creó la Oficina Municipal de Química para el manejo seguro de los alimentos y mejoró la infraestructura del hospital San Antonio. Dictó la regulación del transporte de la basura, mataderos y tambos. Su plan de urbanización todavía siguió vigente hasta hace poco tiempo en algunas secciones de la ciudad. Fue un pionero en el control de viviendas antisísmicas. Niveló calles y reestructuró el cementerio. Creó la estación meteorológica, la oficina de contraste de pesas y medidas, la oficina de estadística y la contaduría de la Municipalidad. Introdujo el tranvía de tracción a sangre. Construyó los primeros baños públicos. Incrementó la cantidad de farolas en cada cuadra y organizó las calles con nombres y numeración domiciliaria.

Luis Carlos Lagomaggiore, fue un hombre de la brillante generación que abrió la puerta a la Mendoza de hoy. Un estadista. Falleció el 16 de diciembre de 1916.

Hospital Dr. Alfredo Metraux (Fray Luis Beltrán-Maipú)

Alfredo Métraux (1882-1954) había nacido en Suiza. Llegó a Mendoza en 1910 y vivió hasta pocos años de su muerte en la tradicional calle Perú del centro mendocino. Regresó a su país para pasar los últimos momentos de su vida.

Se destacó como cirujano. Apenas llegado a Mendoza se fundó la Sociedad Médica de Mendoza cuyo primer presidente fue Lucio Funes (también político, escritor, periodista e historiador) y los secretarios Julio Lasmastres y el recientemente llegado: Alfredo Métraux.

El nacimiento de dicho organismo establecerá una bisagra en la cirugía mendocina. Como antecedente inmediato es importante resaltar la llegada a Mendoza del Dr. Federico Jorge Corbin, cirujano canadiense que invitará a la provincia a una gran cantidad de facultativos que enriquecerán el prestigio de la medicina mendocina.

El hospital Metraux, de Maipú.

Debemos recordar que a principios del siglo XX solo el hospital San Antonio (el viejo hospital que databa del tiempo colonial) y el Provincial (de fines del siglo XIX) contaban con salas de operaciones. "Los jefes de servicio por ese entonces eran: Antonio Amengual y Pedro Bianchi, en el primero de los nosocomios. Federico Corbin, Alfredo Métraux y Carlos Berra en el segundo. Los cabos enfermeros oficiaban de ayudantes de cirugía y anestesistas" (Historia de la cirugía en Mendoza Dr. Eduardo Cassone. / Revista Médica Universitaria, Volumen 1, Número 1. Diciembre 2005).

Es importante ponderar también que a ese impulso dado por la Sociedad Médica se sumará médicos como el rivadaviense Carlos Padín, Pedro Calderón, Ernesto Martín, Pedro Notti, Humberto Notti, Lorenzo Soler y José Barbuzza, entre otros.

Comparto una nota de una "carta al lector" escrita por Ricardo Enrique Falanga Herrera, extraída de diario Los Andes donde se destaca una anécdota registrada en el libro "La vieja casona" de Zelmira Garrigós (1972), que pintará la típica sencillez y humildad de los genios.

"(...) Lo consultaron a Métraux, un amigo junto a un criollo, que había reñido con un chileno en Los Árboles, Tunuyán. El chileno le había abierto el vientre con un estilete y se dio a la fuga.

El turco bolichero, dueño del negocio donde se produjo la disputa, le lavó las tripas con grapa, se las metió en el vientre y lo cosió con la aguja y el hilo usuales en las bolsas de cereales. Sanó el hombre, pero le quedó una tremenda cicatriz abultada, horripilante y deforme.

Un amigo se la ve a la cicatriz y lo convence de ver a un médico. Su aspecto pavoroso le pareció hasta peligroso. El médico elegido fue el doctor Métraux.

Éste (Métraux) escucha el relato, examina la abultada cicatriz y llega a las siguientes conclusiones: "Ejercicio ilegal de la medicina por parte del bolichero. Excelente cirugía. Aspecto estético no estimable (horrible). Pero teniendo en cuenta que el paciente no es una vedette de teatro de revistas, no tengo nada que objetar. La estética es espeluznante, pero el hombre está vivo. Una camisa o un poncho disimularán el desastre”.